Por Germán Ayala Osorio
La autocensura de los medios de información,
previa censura a dos periodistas
y un caricaturista y la decisión de las empresas mediáticas de no molestar al
poder presidencial son circunstancias que se suman a la metanarrativa que el
gobierno del pastor-presidente impulsa y que buscará entronizar en la sociedad en
estos cuatro años de administración. Se trata de un mega relato que eleva a
condición de riesgo a quienes osen expresar opiniones en función de sus cargos
o críticas al gobierno o directamente al autócrata presidente-pastor para el
caso de ciudadanos de a pie, periodistas independientes, agentes gremiales, docentes,
sindicalistas, líderes y lideresas sociales y estudiantes. Quizás lo mejor sea dejar de pensar si se quiere conservar el puesto de trabajo, la dignidad e incluso la
vida.
El miedo
a pensar, a discernir, a opinar, a cuestionar y a vivir en función del espíritu
libertario que acompaña a la democracia como idea y deber ser civilizatorio es el
propósito final de la metanarrativa que desde el 7 de agosto De la Espriella impulsa
con celeridad y constancia.
El más reciente desnombramiento-
ya van varios en menos de dos meses- del director
del DANE es una acción institucional con la que ese mega relato se convierte en
realidad, esto es, entra a hacer parte de la praxis social y política. Como si
se tratara de un emperador romano o un dictador
hijo de una república bananera, De la Espriella chasquea los dedos y de
inmediato sus vasallos corren a cumplir la orden recibida.
No es bueno para el país lo que
se viene tejiendo desde la casa de gobierno con la aquiescencia de unas
empresas mediáticas que entre el 2022 y el 2026 hostigaron al presidente Petro
y convirtieron la consigna de “incomodar al poder” en un grito de guerra que
acompañó la innoble tarea de exagerar, desprestigiar, mentir y ocultar las actuaciones
del anterior gobierno. Ver y escuchar a los periodistas de Blu radio y Noticias
Caracol, entre otros medios, leer sin cuestionar las “razones” que tuvo De la
Espriella para echar al director del DANE genera terror porque sus periodistas
no solo dejaron de pensar y discernir, sino que se ven felices sirviéndole al
gobierno del pastor-presidente. Ricardo Ospina, de Blu radio, es uno de los
estafetas del uribismo y ahora del abelardismo al que se le nota que anda de
plácemes, sin advertir los daños que él mismo le está haciendo al oficio
periodístico.
La salida de un funcionario formado en el rigor técnico y científico de la estadística y con experiencia en el DANE deja dudas sobre las reales razones que llevaron al pastor-presidente a declararlo insubsistente (echarlo, más claro). ¿Será que ser honesto no paga en la Patria milagro porque la "batalla cultural" y en sí el proyecto político regenerador deviene inmoral?
La directiva presidencial que prohíbe
a sus ministros ofrecer ruedas de prensa constituye un rasgo característico de quien,
envilecido por el poder alcanzado, duda de la lealtad de sus colaboradores,
pero, sobre todo, deja ver la molestia que le genera tener que escuchar y
reconocer a esos Otros que lo pueden superar en razón e inteligencia. De ahí que
la mejor forma de garantizar la completa sumisión y la estulticia que siempre se
deriva de ese tipo de relaciones de dominación es anularles-prohibirles- la
capacidad de pensar. Cuando se deja de pensar y se actúa en “automático”, es
más fácil cumplir con las órdenes recibidas en la medida en la que las cargas
éticas y morales se desvanecen con cada orden ejecutada, hasta que la
indignidad se hace costumbre.
Con su categoría la Banalidad
del Mal la filósofa Hannah Arendt - y no precisamente el “filósofo”
Diomedes Díaz- concluyó que un tipo como Adolf Eichmann efectivamente cumplía órdenes
porque él mismo se consideraba una ficha más del sistema de anulación identitaria
y desaparición física que crearon los nazis para asesinar a más se seis
millones de judíos en lo que se conoce como el Holocausto. Eichmann dejó de
pensar porque fue apenas un burócrata más, metido en la lógica gubernamental
que impulsó el exterminio de los judíos.
El riesgo que corren los
periodistas y funcionarios ordinarios que hoy acompañan a De la Espriella en su
“batalla
cultural” y proceso de regeneración moral (religiosa) de la sociedad
colombiana es que pueden dejar de pensar y por ese camino terminarán legitimando,
sin juzgar la validez de los argumentos y el espíritu que acompaña a las directrices
que les están llegando de la Casa de Nariño.
Le bastó un solo mes al pastor-presidente
para dejarle claro a los colombianos que pensar, discernir, cuestionar,
dirimir, dialogar, discutir, descifrar y reconocer a la Otredad son los viejos
demonios de la democracia liberal y el progresismo. Y él llegó a la presidencia
para hacer el milagro de acabar con esos espíritus malignos que no dejan consolidar
el pensamiento único, el unanimismo y los regímenes de mano dura, sus mayores
aspiraciones como presidente de la República.
Adenda: hay una gran
diferencia entre leer y citar a Hannah Arendt y elevar a la condición de “Gran
Filósofo” al cantautor vallenato, procesado y condenado por el homicidio de
Doris Adriana Niño. Eso hace parte de nuestra idiosincrasia y carnavalesca realidad. Quienes por miedo al poder dejaron de pensar poco a poco
se convertirán en las marimondas del Carnaval de Barranquilla con la certeza de
que sus vidas, cortas por demás, serán como la de Joselito Carnaval. Porque como dijo el “gran filósofo” Diomedes
Díaz, citado por De la Espriella, “cuando uno se muere, dura mucho tiempo
muerto”.