Por Germán Ayala Osorio
Después del rechazo unánime que recibieron
los cinco congresistas del Pacto Histórico (PH) que hacen parte de la históricamente
ilegítima Comisión de Absoluciones (también conocida como Comisión de
Acusaciones de la Cámara de Representantes) la pregunta que se hacen muchos es quién
les dio la orden.
Aunque el interrogante no arrastra
la condena legal y moral que acompaña a quienes en el pasado preguntaron quién
dio la orden a los militares que, en el contexto de la Seguridad
Democrática de Uribe, asesinaron a por lo menos 7.837 colombianos, sí amerita
una respuesta urgente del expresidente Petro en la medida en que las
explicaciones dadas por varios de los cinco congresistas involucrados en el
escándalo político del momento terminaron por oscurecer y por esa vía aumentar
la indignación de propios y extraños.
Las respuestas dadas en sus
cuentas de X resultaron insuficientes, confusas e insultantes, lo que obliga al
expresidente Gustavo Petro a salir a responder qué fue lo que pasó. Ya hay
sectores de la opinión pública que hablan de un “pacto por la impunidad”
firmado con el uribismo.
El arreglo político entre Uribe y
Petro que le aseguró al PH las mayorías en la Comisión de Absoluciones para
proteger al expresidente progresista de una eventual persecución
jurídico-política de la ultraderecha abelardista, no puede llevar a la
colectividad a ese nivel de abyección al que llegaron Toro, Landínez, Pizarro,
Bastidas y Becerra. Lo hecho por estos congresistas es ominoso, asqueante,
funesto y produjo evidentes arcadas en militantes y simpatizantes del proyecto
político progresista. Acercarse de esa manera al Establecimiento convierte al
PH en una colectividad ilegítima e inviable.
David Alejandro Toro, Heráclito
Landínez, María del Mar Pizarro, Jorge Hernán Bastidas y Gabriel Becerra son
los cinco congresistas del Pacto Histórico
que acompañaron al presidente de la Comisión de Absoluciones en su
vulgar solicitud que elevó ante la Fiscalía con la que buscaba que el ente
investigador y acusador remitiera el caso de las masacres de la Granja y el Aro
y el asesinato de Jesús María Valle a semejante antro de impunidad que es la
Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes. El objetivo: evitar que
el expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez sea procesado por su presunta
responsabilidad en esos hechos cometidos cuando fungía como gobernador de Antioquia.
La defensa de Uribe se inventó una colisión de competencias entre la Fiscalía y
la Comisión de Absoluciones y los congresistas del PH la “compraron” sin mayor discusión.
¿Quién les dio la orden?
El silencio de Petro frente al
asunto aporta a la retirada de cientos de miles de simpatizantes que vieron cómo
el proyecto que votaron y defendieron con ahínco durante más de cuatro años se fue
diluyendo entre los costosos contratos entregados a quienes hicieron parte de
las llamadas Mariposas Amarillas, el clientelismo, la corrupción y la decisión
del presidente de la República de encerrarse en el círculo de amigos y amigas
del M-19. Al final, Petro redujo las aspiraciones de la izquierda y el
progresismo a la historia del movimiento 19 de abril.
La “cagada” de los cinco
congresistas debería generar un verdadero cisma en el Pacto Histórico. Hoy, los
liderazgos de Petro y Cepeda devienen resquebrajados. El primero necesita de un
descanso largo y una toma de distancia de las dinámicas de la política pues llega
el momento en el que los expresidentes terminan convertidos o asumidos por la
opinión pública como “muebles viejos que estorban”; por lo menos así lo
consideró en su momento Alfonso López Michelsen. Eso sí, los vejetes de la derecha están ahí metidos en la política a pesar de sus achaques como actúan como verdaderos estorbos que le impiden al país avanzar hacia estadios de modernidad.
En cuanto a Cepeda, se le nota agotado.
Su fallida candidatura presidencial es la mácula que termina por debilitar su
ya frágil liderazgo y carisma. Además, su llamado a la “desobediencia civil” no
pegó. Es tiempo de nuevos liderazgos. Si nadie sale a responder quién les dio
la orden, por lo menos tengan la grandeza de permitir el brote de nuevos
liderazgos. Dentro del PH hay mujeres y hombres que el propio Petro y sus
aúlicos desecharon o mantuvieron al margen. Ese lugar de privilegio al parecer
lo ocuparon las bellas Mariposas Amarillas.