Por Germán Ayala Osorio
El clasismo y arribismo son dos
conductas social y políticamente legitimadas. Tener esquemas de seguridad, sin
tener reales condiciones de riesgo da cuenta de esas dos conductas muy propias
de figuritas mediáticas (influencer y youtubers) que aprovechan sus cercanías
con políticos para exigir que les asignen escoltas y camionetas blindadas o no,
para sentirse importantes, reconocidas y visibles. Pasa también con
congresistas, alcaldes, gobernadores e incluso, con sus familiares que suelen poner
a los escoltas a que les compren el mercado, les carguen los hijos o lleven las
ropa a la lavandería.
Sus propias vidas les resultan tan
insustanciales a estas figuritas que creen que andar con escoltas para arriba y
para abajo les da el estatus que se merecen, así sea transitorio porque una vez
se produce el cambio de gobierno se ordenan análisis de riesgo, así como
investigaciones de los procesos que derivaron en la asignación de esos esquemas
de seguridad.
Lo peor del asunto es que hay líderes
y lideresas sociales y políticas que en alejados territorios necesitan de
verdad esquemas de protección para enfrentar amenazas reales de grupos al
margen de la ley. Esos mismos líderes, para el caso del Pacto Histórico y
durante el gobierno Petro, fueron víctimas del clasismo y el arribismo de hombres
y mujeres que se la jugaron toda en las redes sociales por el proyecto progresista,
pero cayeron en la vanidosa práctica de exigir esquemas de protección pensados
más para alimentar sus frágiles egos, que para protegerlos de amenazas reales.
La sobreexposición egocéntrica y narcisista
en las redes sociales, en defensa de un proyecto político, cualquiera que sea,
no puede ser el criterio institucional para asignar esquemas de seguridad a
quienes únicamente buscan sentirse importantes por la curiosidad que generan en
la gente que sufre la incomodidad de ver hombres armados en los centros
comerciales y restaurantes a los que asisten las figuritas mediáticas para exhibir
a sus esquemas de seguridad.
Para lo único que sirve sentirse
importante y reconocido al exhibir un esquema de seguridad es para confirmar
que subsisten graves problemas de autoestima que la sobreexposición en redes
sociales no pudo remediar o paliar. En particular, cuando me topo en la calle
con camionetas de la UNP e incluso con esquemas de seguridad privada, me pregunto qué tan peligroso o dañino será aquel personaje que va ahí
protegido por hombres armados. ¿Realmente se trata de esquemas de protección para
vidas que están en riesgo o para exaltar egos en crisis que necesitan de este
tipo de privilegios para sanar?
Nota: imagen tomada de El País de Cali.