Por Germán Ayala Osorio
Aunque todavía se discute si el Centro
político existe en Colombia, lo que sí parece existir es el “lenguaje
centrista”, caracterizado por la mesura al momento de calificar o descalificar
acciones y decisiones del actual gobierno. Puede haber algo o mucho de cobardía
en quienes miden el tono para referirse a hechos políticos que claramente
devienen autoritarios, caprichosos e incluso con visos dictatoriales.
Un lenguaje centrista se soporta
en lecturas clasistas de quienes, formados en el privilegio, odian o desprecian
a quienes exhiben un discurso contestatario y reivindicante. Quienes se
atrevieron en el pasado a confrontar a los sectores privilegiados y a hacerlos
responsables de la inequidad, la pobreza estructural y la discriminación derivada,
fueron descalificados con dureza por los miembros del “centro político”. Ahora que la derecha gobierna, los voceros de
ese medroso y espectral centro se cuidan al momento de publicar sus opiniones.
Para probar la existencia de ese “lenguaje
centrista” tomaré las reacciones de algunas figuras del “centro político”
frente al mensaje publicado por la periodista-estafeta, Vicky
Dávila, en relación con el veto que habría ordenado Abelardo Gabriel en
contra del presidente de la Andi, Bruce Mac Master y los miembros de la junta
de ese gremio.
Al cierre de esta columna no se
conocía la reacción del dirigente gremial frente a lo publicado por Dávila,
vocera y mandadera de los Gilinski. Quien sí reaccionó fue el exministro de Salud
del gobierno Petro, Alejandro Gaviria Uribe, académico y político que hace
parte del fantasmal centro. Esto dijo en su cuenta de X: “La orden es clara: no hablar con los gremios, periodistas
o empresarios que muestren alguna independencia. El propósito también es
evidente: acabar con el disenso, construir a las malas una especie de consenso
artificial. El resultado es predecible: un gobierno cada vez más prepotente,
aislado e ineficaz”.
Ahora comparemos el tono del lenguaje
que usaron el dirigente gremial y el profesor Gaviria cuando se enfrentaron al
entonces presidente Gustavo Petro. Alejandro Gaviria y Bruce Mac Master no bajaban
al presidente de “autoritario, caprichoso y dictador”. Una vez dejó de
ser su ministro de educación, Gaviria se dedicó a despotricar del presidente de
la República: “Estuve seis meses y presencié el caos, la indolencia y la
falta de cualquier idea de gobierno. No iba a quedarme callado. Mi lealtad es
con mis principios, no con un presidente autoritario
y enloquecido”.
El presidente de la Andi, Bruce
Mac Master mantuvo agrios enfrentamientos verbales con el entonces presidente
Petro. Esto dijo el 20 de junio de 2026 en su cuenta de X: “La
participación indebida en política de Gustavo Petro se ha constituido en un
abuso de poder probablemente sin precedentes en Colombia. Recuerda el camino
que transitaron Venezuela y otros países en los cuales se terminaron afianzando
regímenes dictatoriales. […] el gobierno más antidemocrático de la
historia”.
¿Por qué no usan los mismos
epítetos para referirse a De la Espriella? ¿Acaso sienten miedo? ¿Por qué la
demora del presidente de la Andi en reaccionar? Apostarle a la construcción de
un “lenguaje centrista” cuando hay evidencias claras de que el presidente de la
República es irascible a la crítica, no obedece a una postura mesurada pensada
para no “polarizar”. Por el contrario, más parece una decisión de clase que los
obliga a aceptar a De la Espriella, aunque lo consideren un “levantado,
ordinario y corroncho”.
Entre la derecha que gobierna hoy
y el “centro”
(derecha vergonzante) no se advierten fracturas no ideológicas, sino un
distanciamiento por cuestiones de estilo. El no reconocimiento político de ciertos
sectores societales (cachacos), de parte de Abelardo Gabriel, incomoda en gran
manera a miembros de la élite bogotana. Se abstienen de llamar “dictador,
autoritario y caprichoso” al presidente de la República por una sola razón: los
une que comparten los valores tradicionales y la doctrina económica. Es decir,
son de derecha y en el fondo desdicen del progresismo y de la izquierda democrática. Así las cosas, el
“lenguaje centrista” existe porque se sostiene en la hipocresía, la falsedad, el
clasismo, la aporofobia y el racismo que caracteriza a la élite tradicional y a
los “levantados” que de cuando en cuando se les cuelan en la Casa de Nariño. El
silencio y el “hagámonos pasito” puede estar atado al miedo que les da perder
el control de la puerta giratoria a los dirigentes gremiales que De la Espriella
está vetando.