Por Germán Ayala Osorio
En la Colombia pacata,
farandulera, goda, conservadora, hipócrita, de la doble moral, morbosa,
mojigata, gazmoña, homofóbica, transfóbica, puritana, morronga, clasista,
racista, arribista, camandulera, machista y misógina, ser gay es un delito, un
pecado capital que debe ser condenado por todos los hijos de Dios porque él
creó al hombre y a la mujer. Lo demás es contra natura.
A pesar de los avances logrados
en materia de respeto e inclusión a la población LGTBIQ+, hay sectores societales
en el país que siguen empeñados en perseguir, estigmatizar y si es el caso
asesinar a quienes se declaren abiertamente no heterosexuales. Esos mismos
sectores encuentran hoy en el gobierno de Abelardo de la Espriella Otero el
escenario, la inspiración y el ambiente propicio para dejar salir la homofobia
y la transfobia, prácticas que van camino de convertirse en política pública en
la patria milagro, gracias a la batalla cultural liderada por agentes de la policía
moral que ya entrega sus primeros resultados operacionales.
El caso de Carlos Sepúlveda Rico,
nombrado por el gobierno como director del Departamento Nacional de Planeación
(DNP) y desnombrado por el mismo presidente de la República por ser gay. En el
cargo duró 48 horas. Aunque esa no es la razón “oficial”, ya circulan versiones
que confirmarían que lo que motivó semejante exabrupto técnico, ético y moral
es la orientación sexual del funcionario. La razón que dieron desde el gobierno
es que Sepúlveda trabajó en la redacción del plan nacional de Petro, lo que
sería un obstáculo insalvable por la cercanía ideológica del saliente
funcionario con el proyecto político progresista. Sin duda, un argumento peregrino.
El profesor Julián de Zubiría, en
su cuenta de X reflexiona en torno al asunto: “Para dirigir DNP
Abelardo nombra un activista político.
Había nombrado un exdecano, quien llevaba 4 periodos en DNP, pero lo
destituyó al enterarse que era gay ¡La batalla cultural derrota la tecnocracia
y el país se queda sin planificación a largo plazo!”.
Otras voces autorizadas confirman
la sólida formación académica y técnica, así como la experiencia de Sepúlveda
Rico, quien trabajó en los gobiernos de Duque y Petro, lo que en términos técnicos
se entiende como un plus por la continuidad de la visión estratégica que le
reconocen al desnombrado funcionario. Jorge Iván González, exdirector del DNP lo
reconoce como un “técnico maravilloso que coordinó académicamente la
redacción de un documento conocido como Colombia 2050”. Romper la
continuidad de los procesos que se vienen consolidando desde el gobierno de
Duque y Petro es, de acuerdo con González, un gravísimo error del gobierno de
Abelardo de la Espriella.
En el documento Colombia 2050 se
lee lo siguiente: “Visión Colombia 2050” propone una agenda de desarrollo
estratégico y de largo plazo para los próximos 28 años que busca establecer
unos principios básicos para la construcción de un bienestar sostenible,
así como lograr acuerdos alrededor de propósitos superiores que debemos
alcanzar como sociedad. Ser carbono-neutrales, lograr una identidad tecnológica
a través de la construcción de un ecosistema bio-ciber-físico-social,
consolidar una amplia clase media, transformar nuestra matriz energética a una
mayoritariamente limpia y establecer un modelo de desarrollo que beneficie a
todos los territorios son algunas de las propuestas dentro de esta visión”.
Una vez descabezado Sepúlveda, De
la Espriella, el enviado de Dios a la Casa de Nariño, sede Barranquilla, nombró
a Julián Buitrago, un violento activista político en la red X que está
lejos del perfil académico y técnico del saliente funcionario. Su condición de
macho cabrío y heterosexual fueron suficientes argumentos para que el jefe del
Estado le entregara la responsabilidad de manejar el DNP. Ser pereirano hace parte de la consideraciones del jefe del Estado para ponerlo al frente de la entidad.
Mientras que Sepúlveda Rico imaginaba el país en el 2050, el gobierno de Abelardo de la Espriella, sus ministras de Educación y Cultura, los millones que lo votaron y el propio director del DNP le están apostando a devolvernos a la Colombia de 1886 o a los tiempos de la Regeneración de Núñez. Desde la sede presidencial de Barranquilla se escucha gritar ¡Firmes por la homofobia!
Los que se declaren abiertamente
homosexuales, liberales y progresistas serán perseguidos y neutralizados por la policía moral
abelardista que hará cumplir las órdenes dadas por el Señor Jesucristo de sacar
de circulación a esas ovejas descarriadas que avergüenzan al Creador. Bienvenidos
al pasado, a la Colombia gazmoña, puritana, camandulera, morronga, clasista… Eso sí, si Usted es gay o sigue enclosetado, pero se declara abelardista, tranquilo que con la doble moral será perdonado.
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