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jueves, 17 de septiembre de 2026

USA MANTIENE DESCERTIFICACIÓN A COLOMBIA

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Que los Estados Unidos mantengan la descertificación a Colombia por su ineficaz lucha contra las drogas no se puede asumir como una derrota temprana del gobierno de Abelardo de la Espriella, pero sí es una advertencia y casi que una orden para que cuanto antes active el Plan Patriota 2.0, es decir, la guerra total contra las organizaciones armadas ilegales con cuatro propósitos fundamentales: el primero, asegurar el desplazamiento forzado de comunidades campesinas y ancestrales ubicadas en zonas biodiversas; el segundo, garantizar el control institucional de varias etapas de la producción de cocaína, incluidas el manejo discrecional de las millonarias ganancias del negocio; la tercera,  la valoración real del potencial que tendría el país en materia de  “tierras raras”; y por último, en medio de las ya evidentes consecuencias del cambio climático, garantizar en el mediano plazo el acceso al recurso agua (cuencas) de vastos territorios en donde el líquido es abundante.

A los gringos poco o nada les importan los efectos dejados por el terremoto del 10 de agosto. Para ellos es una nimiedad frente a asuntos estratégicos como la competencia con China que lo obligan a ejercer presión sobre colonias como Venezuela, Ecuador y Colombia, países que hacen parte del triangulo de interés del degenerado presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Ya se hicieron con el petróleo venezolano, lograron someter al régimen de Maduro Moros, sin desmontarlo, y ejercen control extraterritorial sobre la presidenta interina y por su conducto de la institucionalidad democrática. Delcy Rodríguez le rinde cuentas al Virrey, Marco Rubio, fiel y útil encomendero de Trump. La imagen de los perritos de taxi muy común en Colombia representa con precisión el rol que cumple Rodríguez.

Para el caso de Ecuador pasa igual. Novoa sigue al pie de la letra las instrucciones que le manda Rubio. Le reciben su banano, al tiempo que le exigen mantener el ya naturalizado control institucional del tráfico de drogas hacia los Estados Unidos. Los crecientes problemas internos que Novoa aún no logró superar y controlar obligan a Rubio a mantener vigilancia constante sobre el “presidente” ecuatoriano.

Con De la Espriella y Colombia es distinto porque en el País de la Belleza aún hay obstáculos políticos, comunitarios y militares que la derecha colombiana no logró superar: la vida comunitaria de indígenas, afros y campesinos que se oponen a la presencia de los gringos en sus territorios, pero sobre todo a las lógicas y dinámicas desarrollistas que acompañan los proyectos de intervención en sus territorios aupados por terratenientes, constructoras, multinacionales mineras y sus congresistas-lobistas; así como ganaderos, palmicultores y azucareros; y agentes extranjeros interesados en comprar tierras para la explotación agrícola. Los menonitas son un ejemplo claro de esa presencia foránea. Con De la Espriella comparten su adoración por la Biblia.

En términos políticos, la izquierda y el progresismo, como fuerzas políticas en proceso de renacimiento son vistas por agentes americanos y la derecha local como incómodos actores por su capacidad para insistir en narrativas ambientalistas que se oponen al proceso continuado de intervención, sometimiento y transformación de valiosos ecosistemas que esconden oro, coltán, litio y otros minerales sobre los que los gringos tienen posados sus interesados ojos. El rechazo a la economía de enclave y la insistencia en hablar de soberanía popular y estatal hacen que la izquierda y el progresismo sean vistos como enemigos políticos (de la Patria) que deben ser atacados y neutralizados por orden expresa de Trump y Rubio al gobierno del pastor-presidente.  

Así las cosas, Colombia volverá a ser certificada porque De la Espriella dará cumplimiento a todo lo que le indiquen desde el salón Oval. Está obligado a darle gusto a los gringos en todas sus peticiones e instrucciones porque está sometido a lo que le ordenen desde la Casa Blanca. Los gringos siempre tienen formas de presionar a los presidentes colombianos. A De la Espriella, sus relaciones comerciales y financieras con  Alex Saab, testaferro del régimen de Nicolás Maduro Moros, lo obligan a ser sumiso con Trump y Rubio. Recordemos que Saab acaba de declararse culpable del delito de lavado de activos por haber usado el sistema financiero para mover-lavar- millones de dólares sacados de Venezuela. En el pasado, al entonces presidente Uribe también le tenían su "guardado", razón por la que durante sus ocho años fueron de total sometimiento a las exigencias norteamericanas. Baste con recordar que hizo parte de una lista de narcotraficantes colombianos con el número 82. 

 

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