Por Germán Ayala Osorio
La entrega de Alex Saab a los
Estados Unidos que hizo la presidenta interina de Venezuela constituye la prueba
fehaciente de que el régimen venezolano que construyeron Hugo Chávez Frías y
Nicolás Maduro Moros se erosiona poco a poco. De ese proceso erosivo participa
como artífice Delcy Rodríguez, presidenta- “muñeca” de Trump en el
Palacio de Miraflores.
Ver a Venezuela sometida a los
Estados Unidos representa una derrota política, ideológica y hasta cultural
para los venezolanos que confiaron y respaldaron las aventuras “revolucionarias”
de Chávez Frías y Maduro Moros. Al final, y con el control de los gringos del
petróleo, los latinoamericanos y el mundo entero observan que jamás
construyeron ningún socialismo. La eterna injerencia gringa en los destinos de
los países que hacen parte de su “patio trasero” es una realidad vergonzante y
preocupante por todo lo que representa la historia de dominación y explotación que
de tiempo atrás ejercen los norteamericanos en este vasto territorio.
El coronel Chávez buscó
reivindicar la vida de millones de pobres que los pasados gobiernos rentistas reprodujeron
en tantos años de saqueo en nombre del capitalismo neoliberal. Quiso exportar
la “revolución bolivariana”, pero olvidó lo más importante: afianzar un
cambio cultural capaz de sostener la transformaciones económicas y políticas
que, de acuerdo con Pepe Mujica, demanda el socialismo. Chávez jugó a ser
Mesías y el pueblo que intentó guiar hacia la victoria fue inferior a semejante
apuesta. Insisto: se trató de un fallo cultural compartido entre el “pueblo”
venezolano y estos dos Mesías latinoamericanos.
El llamado “socialismo del siglo
XXI” en Venezuela fue el sueño y el proyecto de vida de Hugo Chávez Frías. Una
alternativa al capitalismo neoliberal. Después de 27 años de chavismo en el
poder (1999-2026), el balance no es bueno por la triste imagen que proyecta la
presidenta interina, otrora firme y combativa enemiga de USA y por el regreso
de los gringos a manejar los hilos de Venezuela como si se tratara de un Estado
más de la Unión Americana.
El expresidente uruguayo explicó a Chávez y al anodino de Nicolás Maduro Moros su idea de socialismo.
Esto les dijo: “Rescatar 40 millones de la pobreza como le pasó a Lula y no
será tocar el cielo con las manos, ni mucho menos construir el socialismo. Pero
esos cuarenta que comen todos los días, esos cuarenta millones, es una cosa muy
de izquierda. ¿Por qué? Porqué ser de izquierda es ser solidario…Después
hay otra etapa. Yo creo en el socialismo, pero no creo en el estatismo.
Y creo que la construcción del socialismo supone una sociedad mucho más
culta, mucho más inteligente y mucho más rica. Creo que países como Suecia
se arrimaron mucho más a lo que puede ser el socialismo, o Noruega, que los
intentos fallidos que hemos tenido…Soy enemigo de la burocracia…Desconfío
cuando el Estado se hace demasiado grande, pueda sustituir la iniciativa de
la gente… Cuando pase Chávez, habrá un montón de millones de venezolanos
que vivían en la miseria que van a estar viviendo un poco mejor, que van a
tener una casa mejor y un servicio de salud, pero no habrán construido
ningún socialismo, pero la humanidad habrá mejorado”.
Si revisamos con cuidado lo
expresado por Pepe Mujica es posible comprender que las revoluciones populares
necesitan estar apoyadas en proyectos culturales que superen las luchas ideológicas
entre quienes defienden a dentelladas el capitalismo y aquel modelo socialista
atado a las magras experiencias de la antigua URSS y Cuba. El grave error que
cometieron Chávez y Maduro sigue siendo cultural. Ellos mismos jamás se constituyeron
en referentes del cambio cultural que, a la luz de lo dicho por Mujica,
debieron liderar; les interesó más erigirse como Mesías, alimentados por un tonto
y falaz discurso anti gringo. La entrega a Trump en bandeja de plata de Alex
Saab, ficha del régimen venezolano, es la prueba de que tanta alharaca ideológica
fue la fachada con la que lograron mantener una forzada popularidad, respaldada
en la entrega irresponsable de subsidios y por supuesto, el enriquecimiento de personajes como Maduro, la familia de Chávez, Vladimir Padrino y Diosdado Cabello, entre otros.
El capitalismo que propone y
ejecuta Trump en los Estados Unidos para favorecer a los magnates que lo
pusieron en la Casa Blanca y el soñado socialismo de Chávez y Maduro comparten
los mismos niveles de inmoralidad. Con ambos, la humanidad pierde. Ni
Socialismo, ni Capitalismo, hay que repensar la vida humana.
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