Por Germán Ayala Osorio
En el gobierno de Gustavo Petro
las empresas mediáticas tradicionales terminaron convertidas en bodegas defensoras
del viejo Establecimiento; dejaron ver como nunca su carácter político, ideológico
y de afectación psicológica, perfil propio de los aparatos ideológicos de
Estado de los que habló Louis Althusser.
¿En caso de ganar la presidencia
Iván Cepeda, mantendrán la misma línea editorial con la que intentaron
desestabilizar y deslegitimar al primer gobierno progresista en Colombia? Con
la pregunta es posible imaginar por lo menos dos escenarios. La respuesta al
interrogante está atada a si Cepeda logra el Acuerdo Nacional que Petro
no pudo alcanzar por disímiles razones y factores.
Así entonces, un primer escenario
bajo las circunstancias de ese gran Acuerdo entre poderosos actores de la
sociedad civil y el gobierno Cepeda los obligaría a cambiar la línea editorial
y las prácticas periodísticas con las que lograron subvertir de tal manera las
dinámicas informativas que terminaron convertidos, periodistas y medios de
comunicación, en bodegueros y estafetas, los primeros; y en tenebrosas bodegas,
los segundos, desde donde lanzaron ataques contra Petro, sus hijas y
el gobierno. A ese primer escenario lo llamaré Cambio de Agenda.
Los niveles de animadversión
contra todo lo que oliera a izquierda, progresismo, petrismo y Petro[1]
hicieron que las empresas mediáticas y los periodistas orgánicos del
Establecimiento exhibieran incontrastables niveles de violencia simbólica
(discursiva) que en otras circunstancias los hubiesen acercado a las dinámicas propias
de los Aparatos Represivos del Estado de los que también habló
Althusser.
Durante cuatro años empresas como
Semana, El Tiempo, El Colombiano, El País de Cali, El Heraldo; la W, la FM, Blu
radio, Noticias Caracol y RCN Noticias atacaron sin piedad al gobierno
progresista, lo que les implicó desechar la ética periodística. Se olvidaron de
la rigurosidad para informar a través de la autocensura y los sesgos
ideológicos y políticos con los que abordaron hechos públicos. Evitaron el
registro de hechos noticiables, como la entrega de sedes universitarias,
cientos de miles de hectáreas de tierras a campesinos y del barco-hospital
Benkos Biojó, entre otros logros. La intención siempre estuvo clara: no
reconocerle nada bueno al gobierno Petro. Y en parte, lo lograron.
Contrario al Cambio de Agenda,
un segundo escenario sería la continuidad de las prácticas periodísticas que
llevó a medios tradicionales a perder credibilidad frente a unas audiencias que
además de que no consumieron la información sesgada que a diario difundían, le
perdieron el miedo al fantasma del “comunismo” al que apelaron empresarios y
periodistas para aterrorizar a los millones de colombianos, asiduos
consumidores de la información publicada por las empresas arriba mencionadas. A
ese segundo escenario lo llamaré La Lucha Continúa. Es decir, cuatro
años más de mentiras, información sesgada y ataques personales e
institucionales contra el eventual gobierno de Iván Cepeda Castro.
El escenario Cambio de Agenda
no sería el resultado de un mea culpa por los negativos y pérfidos
tratamientos periodístico-noticiosos realizados en cuatro años de
desinformación y divulgación de mentiras. El Acuerdo Nacional los obligaría a
dar el giro ético-político sin arrepentimiento alguno y ofrecimiento de
disculpas a las audiencias afectadas por el nocivo ejercicio del periodismo.
Por el bien del oficio periodístico y del país, se necesita un Acuerdo
Nacional.
[1]
A Petro lo atacaron por su pasado en el M-19. Los
compañeros de lucha armada que militan en el Centro Democrático lograron el
“perdón social y político” de los enemigos furtivos del presidente de la
República. De repente, se volvieron “guerrilleros buenos”, mientras que Petro
seguirá siendo uno de los “malos”.
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