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miércoles, 13 de mayo de 2026

EXTRADITAR A PETRO



Por Germán Ayala Osorio

La condición de expresidiario con la que cargará hasta sus últimos días el expresidente Álvaro Uribe Vélez es, además de una mácula más en su agitada y oscura vida política, una razón para que específicos agentes del Establecimiento le hayan apostado durante casi cuatro años a desestabilizar al gobierno Petro y atacarlo como persona: le han dicho borracho, consumidor de sustancias psicotrópicas y de llevar una vida privada licenciosa. El lawfare seguirá operando hasta el 7 de agosto.

Una vez Petro abandone la Casa de Nariño, bien para que llegue a ésta Iván Cepeda, Paloma Valencia o Abelardo de la Espriella, será objetivo paramilitar, judicial y político para aquellos sectores de poder afectados por las decisiones adoptadas por el “exguerrillero comunista”. Más claro: buscarán abrirle un proceso penal y una eventual extradición a los Estados Unidos.

El jefe del Estado acaba de decirlo: "La paz de Colombia no es renunciable; están tratando de convertir los procesos de paz para que los colombianos no se maten entre sí como pruebas para meterme preso en Estados Unidos; pueden hacerlo, pero no voy a faltar a mi palabra de paz (…) Dialogar siempre es mejor que matar”.

Es posible que Petro exagere, fruto de la paranoia resultante de haberse atrevido a tocar a miembros de una élite parásita acostumbrados a hacer lo que les daba la gana con el Estado y a consolidar una relación de sometimiento a los intereses de los norteamericanos. La reciente solicitud que elevó a la Fiscalía de suspender órdenes de captura contra 29 integrantes del Clan del Golfo, grupo narco paramilitar y terrorista podría servir para encausar al mandatario por “colaborar” con estructuras criminales al impedir la extradición, por ejemplo, de alias “Chiquito Malo”.

Aunque concentrar a los bandidos en una Zona de Ubicación Temporal para evitar que interfieran en la jornada electoral del 31 de mayo es un propósito político loable, las autoridades gringas, azuzadas por actores uribistas, lo pueden ver como una acción de nula colaboración judicial por la no extradición del criminal Jobanis de Jesús Ávila Villadiego, alias “Chiquito Malo”. En cualquier caso, se trata de un error de cálculo electoral y político haber elevado semejante solicitud, por los cuestionamientos a la Paz Total, el deterioro del orden público, la sensación de miedo inoculada desde la prensa hegemónica cuya narrativa está atada a la reducción de los problemas del país al tema de la seguridad y la crisis del sistema de aseguramiento en salud.

A modo de venganza moral y política la institucionalidad judicial defensora de los intereses de la derecha uribizada buscará procesar a Petro una vez asuma la condición de expresidente de la República. De esa manera, el Establishment colombiano logrará vengarse de los efectos políticos que les produjo el procesamiento y la condena en primera instancia contra Álvaro Uribe, el más avezado y obsecuente de las fichas que vienen poniendo de tiempo atrás en la Casa de Nari, como llamó a la casa de gobierno el criminal alias Job.

Así registró la prensa la entrada del bandido a las instalaciones oficiales: “Las cámaras de seguridad de la Casa de Nariño dejaron registrada la tarde del miércoles 23 de abril de 2008, pasadas las 18:30, el ingreso por el área de sótanos de Antonio López, alias Job, asesor político de “don Berna” – Diego Fernando Murillo-, cabeza de la llamada oficina de Envigado, y de su abogado Diego Álvarez. Estaban allí para entrevistarse con el entonces secretario Jurídico de la presidente, Edmundo del Castillo, y con el jefe de prensa del presidente Uribe, César Mauricio Velásquez”.

Procesar y meter preso a Petro bien puede convertirse en un objetivo político para aquellos sectores de poder que harán todo lo que esté a su alcance para equiparar a Uribe con el hijo de Ciénaga de Oro. Por ahora, la condición de expresidiario es exclusiva del expresidente antioqueño, el político que más daño le hizo y le sigue haciendo a los colombianos.

miércoles, 1 de octubre de 2025

ESTADO, PETRO Y LA FLOTILLA HUMANITARIA

 

Por Germán Ayala Osorio 


Al uribismo le parece exagerado e incluso irresponsable la decisión del presidente de la República de expulsar a los pocos funcionarios de la delegación diplomática israelita que quedaban en Colombia por el secuestro de dos colombianas por parte del Ejército sionista de Netanyahu. Manuela Bedoya y Luna Barreto son las connacionales arrestadas por tropas de Israel que interceptaron la embarcación con la que se acercaron a la franja de Gaza con el objetivo de llevar ayuda humanitaria a los palestinos que mueren de hambre y sed. 

Detrás de la decisión de Petro se advierte una concepción del Estado que supera la noción que de este tiene el uribismo y que deviene atada ética, política y moralmente al servilismo y a la subordinación a potencias como Israel y Estados Unidos con las que hay históricas relaciones diplomáticas y de cooperación  en ámbitos de la seguridad nacional y el negocio de las armas. Durante los 20 años de gobiernos uribistas la indignidad y la obsecuencia caracterizaron a los presidentes Uribe, Santos y Duque, incapaces de asumir  posturas en nombre de la humanidad, el respeto a la autonomía de los pueblos y el reconocimiento del derecho internacional humanitario. El desprecio por sus connacionales es una característica de todos aquellos que hacen parte de las mesnadas uribizadas.

Salir en defensa de Bedoya y Luna tal y como lo hizo el presidente Petro constituye una acción política coherente con los principios y las maneras como el jefe del Estado colombiano asume las relaciones entre las naciones, pero en particular con su vehemente rechazo a las prácticas genocidas que vienen ejecutando Trump y Netanyahu en contra del pueblo palestino al que quieren borrar de la faz de la tierra para iniciar un ya bien pensado proceso de gentrificación urbana en la franja de Gaza. 

Al operar Israel como un Estado terrorista y genocida, la decisión política y diplomática de Petro es legítima y ejemplarizante para los gobernantes de países del sur global que asumen la indignidad y la condescendencia con potencias que violan el DIH y los Derechos Humanos como una especie de estado natural. 


Manuela Bedoya y Luna Barreto, tripulantes de la flotilla con ayuda humanitaria para Gaza. Foto: @GMTGCol/ @Petrogustavo

Negarse a recibir encadenados a los inmigrantes colombianos expulsados por Trump, el haber exigido a Maduro la liberación de por lo menos 38 connacionales y defender los derechos de todos los civiles que hacen parte de la flotilla humanitaria que viaja hacia Gaza y rechazar los asedios y las capturas de las dos colombianas hacen parte del reportorio ético del primer presidente colombiano que de manera decidida le viene hablando a la ONU y al mundo de cambio climático y de la necesidad de revisar las relaciones de dominación de un Norte opulento, sanguinario y violento, sobre un Sur global que le apuesta a cuidar las selvas a pesar de un desarrollo económico insostenible desde una perspectiva sistémica. 

Para los uribistas resulta irresponsable y exagerado que el presidente de Colombia salga a defender a dos mujeres que nadie conoce y que no tendrían razón alguna de estar llevando ayuda humanitaria a los palestinos. Si durante 20 años desde esas huestes jamás se defendieron los derechos de los connacionales que viven en Colombia, qué les va a importar la vida de dos jovencitas que se atrevieron a desafiar los crueles miembros del ejército de Israel. 

EXTRADITAR A PETRO

Por Germán Ayala Osorio La condición de expresidiario con la que cargará hasta sus últimos días el expresidente Álvaro Uribe Vélez es, ad...