miércoles, 1 de julio de 2026

¿BIELSA O DE LA ESPRIELLA?

 



Por Germán Ayala Osorio

 

El fútbol es quizás el más grande y genuino espejo en el que los seres humanos dejan ver sus miserias, tristezas, aprensiones y anhelos, pero sobre todo las formas de estar en este mundo y de reconocer a los demás al interior de esas forzadas comunidades urbanas unidas por aquella idea-pretensión de que somos seres sociales por naturaleza. Esto último es una verdad que las ideologías, el poder, la economía y la política relativizan, cuestionan y erosionan todo el tiempo para darle la oportunidad a las prácticas aporofóbicas, racializadas y xenófobas ancoradas a ideas fascistas visibles e invisibles.

El Mundial de fútbol que por estos días mantiene atrapados a millones de ciudadanos a lo largo del planeta es la enorme vitrina que cada cuatro años hace confluir aquellos espejos atados a las soberanías estatales que entran en el juego representacional de las selecciones de cada país que compiten por aquella Copa que personifica al incontrastable poder humano de someter al planeta Tierra a sus designios. No olvidemos que caminamos en la era del Antropoceno.

El trofeo que entrega la FIFA da cuenta de dos figuras humanas que sostienen entre sus manos a la Tierra. Por ser el fútbol un deporte espectáculo esa corona es más deseada que la paz mundial. Y sí, hablemos de paz, pero a la colombiana.

El caso de Colombia es ejemplarizante en la medida en que es una materia pendiente y motivo suficiente para desbaratar la cohesión social y pulverizar aquella idea de que somos seres sociales por naturaleza; lo curioso de esa idea es que pocos cuestionan que las interacciones, la convivencia y los procesos de socialización están mediados por la condición o la naturaleza humana de la que se puede esperar lo más sublime, pero también lo más pérfido: guerras mundiales, genocidios, ecocidios y el sometimiento de pueblos a los designios de  poderosas multinacionales y caprichos de las potencias militares y económicas.

Para el caso nuestro, crímenes oficiales (falsos positivos), el exterminio de la UP y la amenaza directa de un candidato presidencial que luego resultaría electo por casi 13 millones de colombianos que hoy hacen parte de su “manada” (lo que no está claro es quiénes componen esa caballada). Esto dijo: “Y sepan ustedes señores de la izquierda, que en mí tendrán siempre un enemigo acérrimo que hará todo lo que esté a su alcance para destriparlos como corresponde [...] para acabar a ese cáncer que significa la izquierda radical”.

Dejo ese asunto y hago transito a un asunto periodístico y humano del fútbol. Se trata del caso Bielsa, el técnico del seleccionado uruguayo, quien a cuentagotas entregó pistas y claridades alrededor de lo que pasó con su temprana eliminación del certamen orbital. Ha dicho el “loco” Bielsa “que los jugadores de Uruguay le pidieron acabar con las charlas y los vídeos tácticos porque no eran capaces de mantener la atención más de 10 minutos fraccionados en varios días”. Menuda declaración y constatación de lo que claramente compromete la comunicación humana como factor indispensable para hacer posible eso de que somos seres sociales por naturaleza.

Marcelo Bielsa leyó bien al grupo y modificó el proceso comunicativo en esa relación técnico-selección. Quiso adaptarse, reconoció a los jugadores como personas con derechos. Quizás esos últimos se olvidaron de sus obligaciones por representar a unos tres millones de uruguayos. Aquí la pregunta es: ¿Hicieron lo mismo los jugadores? Bielsa intentó adaptarse a las condiciones cognitivas de los atletas y al desprecio por la disciplina y la exigencia para competir. Sí, lo de Uruguay es simplemente una derrota y una participación deshonrosa, de acuerdo con la crítica deportiva. Lo que rescato del caso es que la comunicación, como proceso y anhelo humano y atado a las cuestiones liberales, fracasó. Lo mismo podría estar pasando ya en Colombia con el nuevo gobierno y las relaciones con los 12 millones setecientos mil ciudadanos que no lo votaron, asumidos quizás como incómodos aficionados. Claro, De la Espriella Otero no es Marcelo Bielsa. El entrenador argentino pone por encima de la estética, la ética. Lo contrario del presidente electo, que desprecia la ética por lo menos para el ejercicio del derecho. Ya veremos cómo actúa éticamente como jefe de Estado.

La comunicación entre De la Espriella, en su condición de presidente de la República (entrante) partió de la negación del derecho a vivir de aquellos que piensan distinto. Y eso es grave. Con anterioridad, les había negado a varios periodistas sus derechos a investigar su pasado. Aunque en su primer discurso como presidente electo intentó matizar la amenaza y bajarle unas rayitas a su carácter pendenciero, entre cientos de miles de colombianos hay miedo y terror por las vidas que puedan resultar "eliminadas", en un verdadero "mata-mata" futbolero. 




Por la fiebre del fútbol no podemos dejar de advertir lo que puede venir para el país si Abelardo de la Espriella cumple con la amenaza y continúa leyendo mal las señales y los signos que esa parte de la sociedad le está enviando antes de posesionarse. Declararse en desobediencia civil (pacífica), como lo hizo Iván Cepeda Castro da cuenta de las aprensiones que subsisten en el progresismo alrededor de esas otras amenazas que lanzó en campaña: fracking a lo que marque, desmontar el Estado para facilitar su privatización y extraditar al expresidente Petro, soportada esta acción en un indictment diseñado ideológicamente por Marco Rubio, siguiendo órdenes del pederasta, violador y convicto presidente, Donald Trump. En esas temerarias “promesas” de campaña hay una profunda negación a reconocer derechos a la naturaleza, a los de millones que piensan distinto y por supuesto a los que tiene Petro por su condición de exmandatario.

Hay que recordarle a los “abelardistas” y a otros tantos que hacen parte de la “manada” que ya en el pasado, durante la hegemonía paramilitar, civiles fueron decapitados y sus cabezas fueron usadas como balones de fútbol. 

Durante más de 90 minutos se compite por tres puntos, una clasificación, un trofeo y la gloria deportiva. El ejercicio del poder no es un juego, así se usen estrategias y se contraten gurús del marketing político. Ojalá así lo entienda De la Espriella Otero. En su infantil saludo militar puede estarse incubando una forma de no reconocer a quienes ostentan la condición civil y militar. También puede estar indicando que el nuevo presidente sufre algún tipo de desarreglo identitario. Me quedo con el "loco" Bielsa. Un tipo que se cree "Tigre" me genera dudas y miedo. 

¿BIELSA O DE LA ESPRIELLA?

  Por Germán Ayala Osorio   El fútbol es quizás el más grande y genuino espejo en el que los seres humanos dejan ver sus miserias, trist...