jueves, 23 de julio de 2026

POSESIÓN PRESIDENCIAL EN UN BATALLÓN: ¿QUÉ PIENSAN LOS MILITARES?

 

Por Germán Ayala Osorio

 

La discusión alrededor del peligroso capricho del primer presidente therian de Colombia de posesionarse en una guarnición militar por ahora se mantiene en los ámbitos de la política. Quizás sea tiempo de llevar la discusión a las brigadas y al estamento militar que De la Espriella quiere manosear con su cantinflesco saludo militar que se asocia con burla e irrespeto al espíritu de los hombres y mujeres que portan las armas de la República. Dicho saludo, en manos de un civil, deviene irrespetuoso, posudo y burlesco.

Mientras se escuchan advertencias acerca de la inconveniencia de trasladar la ceremonia civil de transición del mando presidencial a un batallón, la cúpula militar guarda un silencio sepulcral que da cuenta de la sumisión total del poder militar al civil, pero que en la actual coyuntura resulta incompatible con el capricho del presidente electo.  

Convendría que oficiales de alta graduación y los propios miembros de la jerarquía militar se atrevieran a expresar su opinión acerca del antojo de Abelardo de la Espriella, por dos razones fundamentales: la primera, el therian presidente estaría usando la institucionalidad castrense para dividir aún más al país y por esa vía recrear la aparición de los nuevos enemigos de la patria: los que se oponen a que el presidente electo se posesione en una unidad militar bajo el pueril argumento de que es una forma de reconocer la valía de los soldados. Puro populismo militar del therian presidente.

Y la segunda, porque incentiva la toma de partido al interior de las fuerzas y las ideologiza de tal manera que, De la Espriella, en su calidad de comandante supremo de las FFAA ya no sería asumido como tal, sino como un soldado más lo que abriría el camino para el regreso del militarismo que sufrió el país durante los tiempos del gobierno de Julio César Turbay Ayala y, lo que es peor, a despertar el espíritu anti derechos civiles que exhibieron los miembros de la cúpula tropera en el gobierno de Belisario Betancur Cuartas, responsable de la retoma del Palacio de Justicia.

Al desarreglo identitario que exhibe De la Espriella al creer que es un tigre se suma el saludo militar que incorporó para terminar sus mal hilados discursos. Lo único que le falta al therian presidente es ponerse una chaqueta verde oliva como lo hicieron en su momento Fidel Castro Ruz, Nicolás Maduro Moros y Daniel Ortega. Los tres terminaron actuando como dictadorzuelos. El populismo militar llegaría de la mano del presidente electo, quien no prestó servicio militar, pero parece querer usar las armas de la República para parecerse a Bukele y de esa manera instaurar en el país un régimen de mano dura.

Lo dicho por el presidente Alberto Lleras Camargo, en el teatro Patria el 9 de mayo de 1958 bien podría servir de inspiración a la cúpula militar (saliente) y a otros altos oficiales de las distintas fuerzas a deliberar alrededor de la caprichosa actitud del presidente electo. Esto dijo Lleras Camargo: “La política es el arte de la división. Las Fuerzas Armadas son la encarnación de la unidad nacional. Si la política entra a los cuarteles, la unidad se rompe, la disciplina se quiebra y la fuerza se desintegra”.



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