Por Germán Ayala Osorio
Antioquia, su capital Medellín y su gente han vivido y soportado procesos de construcción y deconstrucción identitaria que dan cuenta de las intenciones de su dirigencia de exaltar la “raza antioqueña”, ocultando realidades sociales y culturales complejas, muchas de estas rayan con la inmoralidad de una sociedad pacata, farandulera, morbosa, mojigata, gazmoña, puritana, morronga, machista, homofóbica, transfóbica, mafiosa, corrupta y misógina.
De esos procesos históricos se
destacan figuras retóricas (para muchos, simples eslóganes) como “Antioquia
la más educada”, pasando por “somos el muro de contención del comunismo”,
hasta convertirse en la sede del Escudo de las Américas, justificada esa
decisión por el propio presidente electo, Abelardo de la Espriella, quien dijo
lo siguiente: “…porque aquí está a la cabeza de la serpiente del
narcotráfico y del crimen organizado. Desde Medellín y el área
metropolitana salen la mayoría de órdenes al resto del país, así
que nos vamos a concentrar acá para luchar contra el crimen como debe ser: se
someten o se les da de baja como en derecho corresponde”.
Lo curioso del asunto es que el
presidente therian lo dijo acompañado por el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez,
alias Fico, y el gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón. Por supuesto
que lo espetado por De la Espriella no causó molestia en las huestes que defienden
el buen nombre del departamento y la pujanza de su gente porque el presidente
electo hace parte de las mesnadas de la derecha que representan Gutiérrez y
Rendón, alfiles del uribismo y de la godarria antioqueña.
El periódico El Colombiano se limitó a registrar la “verdad presidencial”. Lo mismo hicieron otras empresas periodísticas que meses atrás reaccionaron ante el sacrilegio que cometió el entonces candidato presidencial Iván Cepeda, que se atrevió a decir en su visita a Medellín, que “Antioquia se convirtió en cuna de la parapolítica, la narco economía y del terrorismo de Estado”. En ese momento, el estamento antioqueño salió, rabioso, en defensa de la moral y el buen nombre del departamento y la berraquera de los paisas. Estamos ante una indignación selectiva o un silencio interesado que guía la narrativa regional de una dirigencia antioqueña capaz de reconocer sus propias realidades dependiendo de cuándo, dónde, para qué y quién lo diga. Fue tanta la ira que la Asamblea departamental declaró a Cepeda persona non grata en un documento firmado por 14 de los 26 diputados.
El alcalde Fico dijo, con
inocultable molestia, que “Antioquia merece y
exige respeto, en Antioquia se ve el desarrollo, la pujanza, el progreso y somos
el muro de contención del comunismo”. Quedó claro que los políticos
y específicos periodistas antioqueños están dispuestos a reconocer realidades y
fenómenos socioculturales siempre y cuando quien los exponga sea ideológica y
políticamente compatible.
Volvamos a lo dicho por De la
Espriella. Por supuesto que se trata de una lectura política con miras a
legitimar la estrategia de los Estados Unidos llamada Escudo de las Américas
para “luchar” contra el narcotráfico. La lectura del therian presidente expone realidades
socioculturales en las que Pablo Escobar Gaviria ancló con rotundo éxito el
ethos mafioso que sostiene la corrupción público-privada local y regional, el
sicariato y alimentó el surgimiento del paramilitarismo y la naturalización del
narcotráfico y otras actividades económicas ilegales.
Puede sonar duro, pero es así. No
es posible negar que la pujanza de sectores societales de Medellín y el
departamento está sostenida en valores como la solidaridad, las ganas de salir
adelante, de progresar y construir bienestar para todos, alejadas por supuesto
de la inmoralidad y la ilegalidad que acompañó el proceso de heroización del asesino
serial más despiadado que haya parido Antioquia: Pablo Emilio Escobar Gaviria. Bueno,
dicen que hay otro por ahí muy parecido en el perfil criminal del entonces jefe
del Cartel de Medellín.
Medellín será sede en Colombia del Escudo de las Américas. Foto: AFP, EL TIEMPO
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