Por Germán Ayala Osorio
Parece estarse consolidando lo
que en esta columna llamo el “Fenómeno Juliana Guerrero”, que no es otra
cosa que el conjunto de prácticas sociales y políticas atravesadas por el
clientelismo, la sobreexposición de vidas exitosas en redes sociales y posibles
relaciones de mutua dominación entre hombres poderosos (políticos) y mujeres
voluptuosas y hermosas que terminan funadas y sus nombres asociados a convenientes
amoríos con machitos (hombres viejos) con poder político. Al final, serán víctimas
del sistema patriarcal y el machismo de una sociedad que suele condenar con
mayor dureza a las mujeres que a los hombres cuando de por medio está la exhibición
del cuerpo femenino y el siempre atractivo y alucinante objetivo de tener poder
y reconocimiento público a como dé lugar.
Ya el país conoce el caso de Juliana
Guerrero,
al que se suma el de Gabriela Muñoz en la Aerocivil. Los casos de Muñoz y
Guerrero expuestos mediáticamente por la prensa hegemónica anti-Petro a pocos
días de la posesión del presidente electo tienen como objetivo consolidar un
relato nacional con el que se indica que la corrupción al interior del gobierno
saliente es incontrastable, insuperable, jamás vista.
Por esa vía, a la entrante
administración esa misma prensa que se engolosinó con la búsqueda morbosa de
detalles de la vida privada (sexual) de Gustavo Petro, le otorga el beneficio
de no cuestionar la historia política, las relaciones clientelares y mucho
menos el violento perfil de los funcionarios designados por De la Espriella en
cargos ministeriales y otros de menor rango. Un par de ejemplos al respecto: el
nuevo director de la UNP, Didier
Blanco, quien dejó ver en la red social X su desprecio y animadversión
hacia la vida de agentes sociales y políticos de la izquierda y el progresismo, deberá, quiéralo o no, cuidar desde la Unidad Nacional de Protección. Y el
nombramiento de Sandra
Carolina Gómez Sánchez, expuesta en los últimos días en las mismas redes
sociales en donde se recrean las vanidades del poder y la belleza femenina.
El motivo del ataque contra la
joven está atado a una mentira. Sus más enconados defensores dirán que se trata
de una “mentira piadosa”: dice que es abogada titulada, pero la revista Raya demostró
lo contrario después de una pesquisa periodística. Esto dice la publicación: “El
pasado 9 de julio, el presidente electo Abelardo de la Espriella anunció la
designación de Sandra Carolina Gómez Sánchez, de 30 años, como la nueva
vocera de gobierno. Por medio de un
comunicado, De la Espriella hizo el anuncio y aseguró que, junto a Miller Soto,
serán los encargados de la Oficina de Vocería Oficial del Gobierno de Colombia
y de la Oficina de Prensa. Luego de revisar la base de datos de la Unidad de
Registro Nacional de Abogados del Consejo Superior de la Judicatura, se
constató que Carolina Gómez tampoco cuenta con inscripción ni tarjeta
profesional que la faculte para ejercer la abogacía en Colombia. A
esto se suma que Gómez nunca ha presentado las pruebas ECAES (Saber Pro),
examen de Estado obligatorio según la ley colombiana para obtener cualquier
título técnico, tecnológico o profesional”.
Una vez la denuncia de la revista
Raya se hizo viral en las redes sociales, empezaron las exigencias a los medios
tradicionales e influencers de derecha que enfilaron sus baterías moralizantes contra
Juliana Guerrero y Gabriela Muñoz, para que giraran las cámaras hacia el caso
de Sandra Carolina Gómez Sánchez porque encuentran similitudes con los casos ya
mencionados en los que está involucrado el presidente Petro y su gobierno.
Por tratarse de un asunto político,
la senadora Jeniffer Pedraza dijo en su cuenta de X lo siguiente: “Sin
posesionarse, en el gobierno de ADLE ya hay un caso similar al de Juliana
Guerrero: La vocera del gobierno designada por De la Espriella se
presenta como abogada, pero @revistaRAYA revela que no terminó sus estudios de
derecho. ¿Cuál es la necesidad de mentir? Con mi equipo corroboramos que
en su perfil de la red Substack, Carolina Gómez se presenta como
"abogada por profesión". Con mentiras empieza la trampa al mérito
de la Patria Milagro”.
Huelga recordar que Pedraza,
siendo representante a la Cámara en la anterior legislatura fue quien develó irregularidades
en los procesos académicos surtidos para que Juliana Guerrero alcanzara los títulos
con los que aspiró al cargo de viceministra de las Juventudes. La Fiscalía le
imputó cargos a Guerrero por los delitos de fraude procesal y falsedad ideológica
en documento público.
Eso sí, el país no puede olvidar los
casos de Enrique Peñalosa, Geraldine Fernández, Julián Bedoya e Iván Duque
Márquez. Todos comparten que mintieron
sobre sus logros académicos y profesionales. Baste con recordar al primero que
durante un tiempo dijo que tenía el título de Doctor (PhD). Fue descubierto en
la mentira y lo reconoció. Estos ya olvidados casos de “mentiras piadosas”
hacen pensar en que somos un país de mentirosos (y mentirosas). Y como todo en
Colombia termina convertido en un chiste, ya varios tuiteros dijeron que el
caso de la joven bachiller que dice ser abogada obedece al primer milagro por
voluntad del líder supremo de la Patria Milagro, Abelado de la Espriella.