Por Germán Ayala Osorio
Gobernar de manera directa,
dedicarse, con espejo retrovisor en mano a deslegitimar todo lo hecho por el
gobierno saliente e intentar meter preso a Petro son las tres alternativas que
tiene Abelardo de la Espriella Otero.
En lo que respecta a la primera
opción, señalo que De la Espriella no parece preparado y mucho menos interesado
en meterse en las honduras de gobernar a un país prácticamente ingobernable, por
una razón: en su proyecto de vida no incluye al país a pesar de su retórica
barata de convertir a Colombia en la “Patria milagro”. Eso de Firme por la
Patria no es más que un eslogan engaña bobos y atrapa clasistas. Ya empezó a
saludar a militares en su calidad de presidente electo con el gesto castrense
que él convirtió en una payasada. Muy a lo Trump, De la Espriella levanta su
mano derecha para indicarle a los uniformados que él es su comandante supremo,
esto es, un milico más que quizás se haga rodear de peligrosos chafarotes.
Su desprecio por lo que representan los
colombianos lo dejaron claro él y su aporofóbica esposa que, en la primera
untada de pueblo, trató de quitarse la grasa inmunda que le impregnaron en sus
manos. Esto dijo en la campaña: “Tenemos dos caminos: ganar o perder. Y
bueno, y si perdemos, no pasa nada, porque ya tenemos una vida resuelta,
vivimos maravilloso, trabajamos juntos, nuestros hijos, estamos en otro país,
si queremos vamos a Colombia, si no, no”.
De la Espriella le entregará el
manejo del país a los “tecnócratas agringados” que saben muy bien qué es lo que
tienen hacer: debilitar el Estado, privatizarlo y capturarlo. Y por esa vía,
volverle entregar los recursos energéticos y la biodiversidad a
multinacionales, ganaderos y a los auspiciadores del modelo de la gran
plantación en donde se “cultiva” sin campesinos. Mientras tanto, el presidente
que eligieron casi 13 millones de colombianos se dedicará en gran medida a
validar las decisiones que tomen los “técnicos”, al tiempo que seguirá
exhibiendo su victoria política, la misma que
parece que asumió como una especie de reivindicación de su candorosa imagen mancillada por sus detractores y adversarios,
quienes le recordaron haber sido cercano defensor de paramilitares y corruptos
y el asunto de los millones de pesos que dicen que le robó a David Murcia
Guzmán, líder la pirámide DMG.
En cuanto al segundo camino u
opción, De la Espriella Otero, el objetivo es claro: consolidar la narrativa
que indica que el paso por la Casa de Nariño del progresismo o la izquierda fue
un total desastre. Para que ese relato triunfe ya cuenta con la prensa
hegemónica, la misma que durante cuatro años trató de deslegitimar y tumbar al
gobierno Petro, pero en particular en demonizar a la persona. Para los
periodistas de todos los medios tradicionales Petro fue un despreciable
borracho, un hombre que manchó de inmoralidad la dignidad presidencial como si
por la Casa de Nariño no hubiesen pernoctado Julio César Turbay Ayala, Álvaro
Uribe Vélez y su obeso títere, Iván Duque Márquez; Petro fue presentado al país
y al mundo como un degenerado homosexual, un irresponsable; un proto tirano, un
lenguaraz y protervo exguerrillero del M-19, organización armada ilegal que le
entregó al país exguerrilleros buenos y malos; en la jerga callejera, Petro fue
presentado y representado como “una boleta”.
Esa narrativa será el parapeto
informacional e ideológico con el que intentará tapar los desaciertos que muy
seguramente cometerá el gobierno del therian. La prensa hegemónica, tan solo al
final de su administración, se atreverá a señalar errores y perversas
decisiones. La pauta oficial servirá para mantener aceitada la bisagra
poder-medios masivos con la que De la Espriella Otero logró llegar al Solio de
Bolívar. Y la tercera y última alternativa mantendrá ocupado al “desparchado”
presidente de la República. Meter preso a Petro ocupará su tiempo, lo que
supone un fuerte gasto de energía. Eso sí, la idea es que ese gasto calórico no
le represente perder la lozanía de su muñequeado rostro y mucho menos abandonar
el cuidado de su barba. Eso sí, no tiene cómo despeinarse porque una agresiva
alopecia parece perseguirlo.
Daniel Samper Pizano escribió
para la revista Cambio: “…el país escogió un rumbo que lo puede llevar
democráticamente a un fiasco. Muchos que votaron sin reflexión, bien por mero
odio a Gustavo Petro o porque se puso de moda el Tigre o arrebatados por la
música bailable, descubrirán pronto a quiénes otorgaron peligrosos poderes en
las urnas”.
A los genuflexos que lo votaron;
a los odiadores de oficio que lo validan; a los empresarios cipayos que
gritaron a rabiar el golazo que la derecha le metió al progresismo; a los
aporofóbicos y clasistas que salieron a celebrar, vuvuzelas en mano, la pírrica
victoria; a los que no se percatan de los riesgos de hacer parte del “Escudo de
las Américas”; a los periodistas-estafetas que se prestaron para el engaño
patriótico les digo que ojalá tengan la gallardía de reconocer que se
equivocaron porque lo de la Patria Milagro fue, simplemente, un eslogan
postizo, ficticio, artificioso y mentiroso como el grito de guerra, ¡Firme por
la Patria!, que no es otra cosa que el remplazo del “Ajúa” que aprendió el
sumiso, obsecuente y fatuo Iván Duque del general Zapateiro.