Por Germán Ayala Osorio
Llegó a su fin la novelada y caprichosa posesión del nuevo jefe del Estado. De la Espriella hizo trizas la tradición republicana de la transición del mando presidencial: pulverizó varios símbolos como el de posesionarse en la Casa de Nariño después del tradicional saludo con el saliente presidente, hacerlo frente al Congreso, hablarles a los congresistas y manteniendo el carácter laico del Estado.
Abelardo, el therian presidente y el showman de las redes sociales fue investido como presidente de la República en el Arena USC, un fastuoso teatro en el que montó un espectáculo religioso, con la imagen de la Virgen incluida, a la que se sumaron el canto de aleluyas en la voz de Maia y la presencia de curas, rabinos y pastores que oraron no solo para honrar al Señor, sino para distraer a congresistas y a las delegaciones de los países que acompañaron la posesión presidencial, mientras el recién posesionado presidente se dirigía afanado hacia el Batallón Pichincha y los encargados de la transmisión por televisión del magno evento organizaban todo para empatar con el discurso, por momentos altisonante que pronunció frente a la tropa el histriónico jefe del Estado.
La salida del teatro se dio a
hurtadillas y en medio de la oscuridad provocada por quienes, siguiendo el guion,
apagaron las luminarias y movieron los tiros de cámara para que no quedara
registro alguno de la precipitada salida de Abelardo de la Espriella Otero del
recinto. Una salida de película que parece confirmar que el nuevo presidente, a
pesar de la compañía de los señalados agentes religiosos, sabe caminar en medio
de la oscuridad, de las tinieblas, de la penumbra. De la Espriella, el flamante
presidente de la derecha y la ultraderecha que resucitó a Ordóñez Maldonado y a
Laureno Gómez, dejó tirados y viendo un chispero a quienes asistieron a su
posesión político-religiosa.
Del discurso frente a la tropa se
destacan ideas de su ya reconocido relato: “reconstruir al país, la patria
milagro y la reconstrucción moral de la sociedad”. Eso sí, confirmó que
habrá “fracking sostenible y responsable” y el regreso de la fumigación de
los cultivos de uso ilícito con venenos de “última generación[1]”.
Una apuesta ecológica y socioambiental
que terminará con la conculcación de los derechos del campesinado y los de la
propia Naturaleza. Veremos qué dirá la Corte Constitucional cuando lleguen las
demandas de inconstitucionalidad de semejante medida.
Pero quizás la idea más preocupante
es que habló de “regeneración nacional” y nombró a Rafael Núñez, el promotor de
aquel movimiento que al final le abrió los caminos a la hegemonía conservadora.
La defensa de la familia tradicional y la batalla cultural (ideológica) que
juró emprender inexorablemente conducirán al país a ejercicios de control y
persecución de las ideas que se opongan a que en el país se consolide la tesis
conservadora con la que se combatirá a la población LGTBIQ+ y a quienes se declaren
agnósticos y ateos. Los impíos, blasfemos y “degenerados” serán perseguidos por
ser enemigos de la patria milagro; de ese grupo ya hacen parte sustantiva los
petristas y progresistas, declarados por De la Espriella como “enemigos de la
Patria”. De la Espriella habló de educación para advertir que su gobierno
estará vigilante de los procesos formativos en los que se intente el "adoctrinamiento de los jóvenes”.
El pensamiento crítico y sistémico harán parte de la “batalla cultural” en forma
de objetivos ideológicos de parte de los nuevos regeneradores. Casi que
mentando y reconociendo la influencia de Javier Milei en su corta vida política, De la
Espriella espetó que “ha empezado el tiempo de la recuperación del orden, la
autoridad y la libertad”. Abelardo, un "libertario mileista" que desdice de la libertad de pensar diferente.
Finalmente, este proto militar
confirmó que habrá guerra total: “La opción del diálogo está completamente
agotada”, señaló con decisión De la Espriella, el primer therian en Colombia en
convertirse en presidente. Y para insistir en su desarreglo identitario, fruto
de la resistencia a superar la etapa de la adolescencia, volvió a rugir como un
tigre. “El Tigre ha llegado y sabrán
lo duro que muerde cuando se trata de defender al pueblo colombiano”.
[1] “Voy a implementar la fumigación con herbicidas de
última generación que no causan daño a la salud humana, no contravienen al
mandato de la honorable Corte Constitucional y no afectan de ninguna manera el
medio ambiente. Ha llegado la hora de erradicar definitivamente el flagelo de
los cultivos ilícitos. La coca ha traído muerte corrupción y destrucción”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario