Por Germán Ayala Osorio
Hay sutiles maneras de deslegitimar
a los alcaldes elegidos a través del voto. Durante las administraciones de
Uribe Vélez (2002-2010), sus famosos consejos comunitarios o comunales sirvieron
al propósito de afianzar el centralismo, debilitar la autonomía y por esa vía someter
la gobernabilidad local a los deseos del entonces jefe del Estado que, en más
de 200 visitas a los territorios, “solucionaba” problemas que les correspondía
asumir a los mandatarios locales. Por supuesto que los alcaldes, en total
sumisión, aceptaron la intromisión del entonces presidente de la República. Antanas
Mockus dijo en su momento que los consejos comunales del gobierno Uribe fue una
práctica que “…no respeta la descentralización y permite que las regiones
limiten sus recursos para que el gobierno los use de manera arbitraria".
En la actual coyuntura política y
con la llegada de Abelardo de la Espriella a la Casa de Nariño nombrarle una “Gerente”
al alcalde Mayor de Bogotá apunta a hacer lo mismo que hacía Uribe con sus
consejos comunales: afianzar la centralización en medio de las críticas de De
la Espriella al centralismo bogotano, ponerle cortapisas a la gobernabilidad
del alcalde Carlos Fernando Galán,
restarle autonomía y erosionar la imagen gerencial que de manera natural debería
acompañar a todo alcalde, en particular al de Bogotá. Carlos Carrillo,
exdirector de la UNGRD, consideró como “inaceptable que el presidente pisotee
la autonomía de Bogotá nombrando a una aliada suya en un cargo que no existe.
Bogotá tiene un alcalde, no dos; desde 1988 los alcaldes se eligen por voto
popular sin interferencia del presidente”.
Aunque el objetivo de nombrar a
Claudia Lucía Sandoval es “articular y hacer seguimiento a proyectos
estratégicos y contribuir a resolver dificultades de ejecución, sin sustituir
las competencias de la administración distrital”, lo cierto es que políticamente
suena a que la presidencia de la República le está imponiendo una jefa al
alcalde Mayor Carlos Fernando Galán
porque no confía en sus capacidades gerenciales y ejecutorias, de ahí que se
necesite controlar de cerca sus decisiones y formas de administrar la capital
del país. Quizás sin proponérselo, Abelardo de la Espriella está minando la
credibilidad de Galán, quien muy seguramente querrá aspirar a la presidencia en
el mediano plazo.
El jefe del Estado justificó, en
medio de las críticas, la llegada de la Gerente para Bogotá usando cuatro
verbos a saber: coordinar, destrabar, articular y avanzar.
¿Acaso esos mismos vocablos no hacen parte de las funciones gerenciales que debe
cumplir un alcalde? Otro asunto que le cuestionan a De la Espriella es que en
campaña habló de reducir el tamaño del Estado y por esa vía disminuir los costos
de su operación, disminuyendo la burocracia. ¿Cuánto salario devengará la gerente
de Bogotá y de dónde saldrán esos recursos? ¿Se trata de un nuevo cargo
público? ¿Sus ejecutorias estarán bajo la lupa de los organismos de control o exclusivamente
bajo la auditoría de su amigo el presidente de la República?
Galán aceptó la imposición
recordando sus enfrentamientos personales y políticos con el presidente Petro. Carlos
Fernando Galán pasó de ser el alcalde Mayor a ser el “subgerente” de la ciudad,
bajo las órdenes de Claudia Lucía Sandoval.
En las imágenes y videos publicados
se ve a un Galán sometido a la voluntad del jefe del Estado. Sus gestos dan
cuenta de un político que cree poder sacar ventajas políticas y electorales de
las gestiones conjuntas que emprenda con la gerente. Ya veremos. Lo único que
se le puede reconocer como positivo es que Galán no hizo el ridículo saludo
militar y mucho menos gritó Firme por la Patria.
Lo cierto es que, por ahora, la
imagen de alcalde-gerente deviene debilitada no solo por los problemas de inseguridad
y la recolección de las basuras que acosan a la capital del país, sino por la
actitud sumisa del alcalde Mayor de Bogotá. Quizás ya está pensando en lanzarse
a la presidencia de la República. Su condición de “delfín” y la imagen de
pusilánime proyectada serán serios obstáculos por vencer, aunque después de Iván
Duque cualquiera puede convertirse en presidente de la República. Baste con que
una parte del Establecimiento lo apoye.