Detrás del escándalo por prácticas
corruptas en el que está involucrada Juliana Guerrero y el gobierno saliente
bien pueden aparecer factores y tipos de relaciones políticas y lealtades tejidas
con hombres poderosos al interior de la Casa de Nariño, incluido el propio presidente
Petro; atravesadas aquellas formas de relacionamiento por mutuos sometimientos:
de un lado, los políticos (hombres) fascinados y dominados por los encantos
físicos de Juliana Guerrero; y de parte de la joven, subordinada a las lógicas
de la política, medio profundamente machista en el que se asume que toda mujer es
susceptible de ser conquistada, sometida o debe estar dispuesta a ceder a las
pretensiones de quien concentra poder y le ofrece escalar social, económica y
políticamente. El manejo sagaz que de ese ambiente patriarcal puedan hacer las
mujeres no invalida la crítica a los hombres que se aprovechan del poder para
dar rienda suelta a sus devaneos y fantasías sexuales.
Bajo esas circunstancias,
expuestas en modo de hipótesis, la exposición y la concentración mediática en
la figura de Juliana Guerrero está atada a su condición de mujer joven y
atractiva, lo que de inmediato activa la narrativa machista con la que se logra
desprestigiarla como mujer, al tiempo que se ocultan los nombres y las
responsabilidades de los hombres que permitieron el posicionamiento y el empoderamiento de una joven que, de acuerdo
con distintas versiones, se movía a sus anchas por instituciones y pasillos de
la Casa de Nariño.
No se trata de defender a la
joven Guerrero. A lo que apunta esta columna es a poner en perspectiva que los
actos ilícitos que la prensa le endilga están atados a esa dimensión cultural
en la que las mujeres se asumen como objetos de deseo y trofeos. Por ese camino,
las responsabilidades, penales o no, de Juliana Guerrero deben ser compartidas con
aquellos hombres que resulten involucrados en el proceso de empoderamiento negativo
de la joven mujer que estuvo nominada para ocupar el viceministerio de las Juventudes.
No ocupó dicho cargo público porque se denunciaron graves irregularidades en la
obtención de sus títulos
académicos.
Una de las hijas del presidente Petro se expresó ante un medio de información que usó esa opinión para titular una nota sobre el caso en el que el presidente de la República tiene responsabilidad política por la defensa que hizo y hace de Juliana Guerrero. Andrea Petro calificó de “descarada” a Guerrero. El titular de Blu radio dice: “A Juliana Guerrero se le subió el poder a la cabeza, descarada”: Andrea Petro. ¿Si es cierto lo que dice la hija mayor del jefe del Estado, quién o quiénes le dieron el poder del que presumía Juliana Guerrero?
Si la hipótesis aquí planteada
tiene asidero y las denuncias periodísticas confirman que efectivamente Juliana
Guerrero y su hermana lideraron un entramado de corrupción junto a empresarios
que habrían pagado coimas a cambio de contratos, las hermanas Guerrero terminan
por validar las formas de subvaloración que de lo femenino y de la Mujer acompañan las prácticas culturales del sistema patriarcal y de la política. En las versiones
periodísticas se habla de empresarios. Es tiempo de que el país conozca sus nombres
para que las luces mediáticas que hoy encandilan a Juliana Guerrero giren hacia quienes quisieron
participar de semejante matute.
Adenda: así como la
corrupción no tiene ideología, el machismo y la reducción de la mujer a objeto o
trofeo sexual, tampoco. En la izquierda, en el fantasmal centro y en la derecha
hay machistas, abusadores, degenerados, viejos cachondos y mujeres que no les molesta reproducir esas prácticas a cambio de poder, lujos y visibilidad.