Por Germán Ayala Osorio
El ridículo, burlesco e infantil
saludo militar del primer presidente therian de Colombia me hizo recordar la
película El regalo prometido. En esta movie, protagonizada por el
pésimo actor Arnold Schwarzenegger, tanto Turbo Man como un oficial de la policía
se saludan de la misma manera como lo hace Abelardo de la Espriella Otero, el
mal actor político que la ultraderecha, con el concurso de las empresas mediáticas,
instaló en la Casa de Nariño, convertida en el Centro de Estudios y Producción
Audiovisual desde el que ya anuncia la entrega del primer regalo envenenado
para millones de desempleados y futuros empleados que votaron por la Patria
Milagro, por el indomable “tigre”: el trabajo y la cotización por horas.
Eso sí, De la Espriella es ya el
protagonista y director de su propia película: El Engaño del Tigre. Se
trata de una movie de acción muy al estilo Hollywood en donde la derecha
“destripa” a todo lo que huela a izquierda. Pero en dichas escenas no solo se
reparte bala, también ministerios a los de Siempre. Aunque el público puede
confundirse con el mensaje de la promoción del filme pues el protagonista dice
que gobernará con los Nunca. La critica cinematográfica ve allí problemas en la
construcción del guion. Varios expertos lo calificaron de mediocre.
De la Espriella y Turbo Man tienen
en común que ambos son unos juguetes. El “tigre” es el toy de la
ultraderecha, del uribismo, de Trump, de los banqueros, de los neoliberales y
de la godarria más retrógrada de la sociedad representados por los nietos de
Laureano Gómez. Como en toda película o culebrón mexicano, hay personajes “buenos”
y “malos”. Para el caso de la película norteamericana, Turbo Man es el bueno y Dementor,
el malo. En la movie colombiana, El Engaño del Tigre, a De la Espriella
lo venden como el bueno, pero realmente al final de la producción
cinematográfica los daños culturales y socioambientales lo confirman como un
personaje nefasto y dañino para el país. Tanto, que aquello de la Patria Milagro
se convertirá en un vil engaño.
Los productores de El Engaño
del Tigre esperan que, por los menos 12 millones de colombianos, muchos de
ellos menores de edad, vean la grabación en vivo de las escenas de este filme
que promete superar en calidad y audiencia a las ocho versiones de El Paseo, de
Harold Trompetero.