Por Germán Ayala Osorio
La primera derrota política que
acaba de sufrir el presidente therian en el Congreso se dio gracias a la
alianza entre las bancadas del Centro Democrático (CD) y el Pacto Histórico,
siguiendo las órdenes de Uribe y Petro respectivamente. Más allá de los nombres
de Honorio Henríquez y Alfredo de Luque (amigo de Abelardo), lo sucedido anoche en el legislativo
es una bofetada al presidente electo que creyó que podía arrasar con su mentor,
el expresidente Uribe.
El apoyo del Pacto Histórico al
candidato del CD, Honorio Henríquez a la presidencia del Senado obedece a una
coalición pasajera que se podría repetir mientras De la Espriella insista en imponer
su voluntad y violentar a quien en buena medida es responsable de su victoria
electoral: Álvaro Uribe Vélez. El expresidente y expresidiario antioqueño creó
el “monstruo” que ya lo retó a un duelo a muerte. Algunos dicen que las
disputas entre el salgareño y el colombo-norteamericano se parecen mucho a una
vendetta por la extradición a los Estados Unidos de los jefes paramilitares.
La inexperiencia política del
presidente therian y su envalentonamiento a pesar de la pírrica victoria del 21
de junio lo llevaron a unir a Petro y Uribe como opositores políticos. Craso
error.
Eso sí, los integrantes más
visibles del Pacto Histórico deberían de salir a hacer pedagogía con la
militancia que los acompaña porque en las barriadas no se entiende muy bien y quizás
no es de buen recibo hacer alianzas con la derecha uribizada. A los petristas hay que explicarles que no se
trata de una coalición para afectar las conquistas sociales logradas por el
gobierno Petro y mucho menos una rendición temprana. Hace parte del juego
político al interior de un Congreso al que el nuevo presidente intentará
manipular e ignorar al gobernar por decreto, como ya vociferan en las mesnadas
abelardistas.
El senador Wilson Arias,
consciente de que esa coalición pasajera con el CD puede leerse negativamente,
salió en redes sociales a explicar la decisión. Esto dijo: “Nuestro voto
es público y en contra de Abelardo; cuanto más poder reúna, más
amenazadas quedan las reformas y más vulnerable el pueblo colombiano. Somos
leales al pueblo; aquí no hay ambigüedad. Frente al Centro Democrático estamos
en orillas contrarias y le exigimos al nuevo presidente del Senado garantías
para el principal partido de oposición”.
Eso sí, el presidente Petro e
Iván Cepeda deberán cuidarse de que por entre las fisuras entre la derecha uribista
y abelardista se filtren los objetivos estratégicos del Pacto Histórico como
bancada y movimiento social: cuidar al expresidente Petro de la persecución
política y judicial que prometió De la Espriella, mantener el apoyo popular con
miras a recuperar el poder en el 2030 y oponerse radicalmente a que el país
retroceda en materia de garantías constitucionales y las conquistas sociales alcanzadas
entre 2022 y 2026. Hay que poner cuidado que por entre esas grietas se filtre
esa enfermedad ideológica llamada “manguismo” que puede afectar a miembros de
la bancada del Pacto Histórico. Es claro que contra ese virus no hay vacuna.
Esto apenas comienza. Ya veremos
cómo reacciona el adolescente therian. ¿Seguirá creyendo que es un tigre o aterrizará
a esa realidad compleja que es gobernar a Colombia?