Por Germán Ayala Osorio
Después de la censura a dos
periodistas de Blu radio, al caricaturista Vladdo y la echada al director del
DANE, las grandes empresas de información en Colombia ofician como agencias
privadas de divulgación de información oficial (de presidencia) y maquilladoras
de la imagen del pastor-presidente que ya dejó ver su incontrastable egocentrismo.
El ensayista Julio César Londoño en su columna Sobre reptiles y milagros
señaló que “Abelardo es más ególatra que Petro”.
Al tiempo que el ególatra de turno
les pone mordaza a sus propios ministros, la prensa le abre los micrófonos para
que insista en la consolidación del relato político, moral y periodístico con
el que busca afanosamente desprestigiar lo hecho por el gobierno Petro,
esconder la incapacidad y la supina ignorancia de Abelardo para entender
asuntos macroeconómicos referidos al manejo de la deuda pública del Estado y la
operación misma del aparato estatal. Y lo que es peor: esconder que gobernará
en beneficio de los mega ricos del país y en detrimento de las clases populares
y la clase media, siguiendo la tradición de la derecha neoliberal.
El periodismo que está haciendo
la prensa hegemónica abelardista garantiza los efectos sociales que históricamente
se le reconocen a los media en su tarea de generar estados de opinión pública
favorables al Establecimiento que defienden a dentelladas en la medida en que
dichas empresas de información son “hijas” del viejo régimen que hoy está de plácemes
con el agrandado pastor-presidente.
Una opinión pública víctima de unos
medios masivos capturados y temerosos de cumplir el mandato constitucional de
informar de manera veraz y responsable genera estados de opinión soportados en
lo que llamo “Conciencia episomediática”, a la que defino de esta
manera: “conjunto de reacciones, opiniones y posturas asumidas de y por un
importante número de ciudadanos que siguen y creen a pie juntillas las
emisiones noticiosas de medios masivos y periodistas que están al servicio del
régimen de poder. Se trata de tomas de
conciencia con carácter episódico de escasa durabilidad y permanencia en escenarios
públicos, porque obedecen a la lógica noticiosa, anclada a la espectacularización
de los hechos elevados al estatus de noticia. Eso sí, en específicas coyunturas
esa conciencia episódica regresa para revalidar sentimientos, posturas y las
sempiternas formas parciales de entender la complejidad de Colombia”.
Ese tipo de conciencia,
individual y colectiva, se produce y la facilitan la falta de pensamiento y
actitud críticas para asumir y entender asuntos públicos que nos interesan a
todos. La nula comprensión de la historia del país, los sesgos ideológicos
fruto del racismo, el clasismo y la aporofobia y una admiración ciega y reverencial
de los americanos (léase, gringos) son elementos que se agregan de manera natural
a ese proceso de construcción y consolidación de la Conciencia
episomediática. Ahora que Abelardo se hinca ante Trump, huelga recordarles
a los que padecen esa conciencia episódica que en más de 100 años de estar
plegados a los intereses de la potencia militar y económica jamás Colombia
alcanzó un desarrollo superlativo que le permitiera ser asumida como una economía
emergente.
Los ciudadanos que exhiben,
muchas veces sin saber, ese tipo de conciencia y que votaron en contra del
proyecto progresista por odio a Petro son víctimas no declaradas de esa prensa
que desde el 7 de agosto maquilla los exabruptos fiscales y económicos que
cometerá Abelardo con el sobreendeudamiento del país, al tiempo que minimiza su
discurso autoritario con visos fascistas. Eso de caminar entre cadáveres,
querer violentar a las universidades públicas para capturar no solo a los históricos
capuchos, sino a líderes estudiantiles que, alejados de acciones violentas, se
destacan por sus claridades conceptuales; y el jugar a ser rabino, cura, pastor,
profeta y fanático del “Gran Filósofo” Diomedes Díaz (condenado por el
asesinato de Doris Adriana Niño) son imágenes que los medios masivos registran
de manera acrítica.
Las audiencias que consumen a
diario lo dicho por la prensa hegemónica abelardista van adquiriendo esa Conciencia
episomediática de la que aquí hablo, que puede derivar en un problema
cognitivo visible en la incapacidad de comprender, en perspectiva histórica,
que la derecha neoliberal es la responsable de haber convertido a Colombia en
uno de los países más desiguales del mundo; y que es la misma derecha que puso
a De la Espriella en el solio de Bolívar para deshacer los avances que en
materia social y de derechos logró el gobierno Petro. Que hubo corrupción en el
gobierno progresista, por supuesto que sí. No se trata de negar esa realidad. Y
lo más seguro es que una vez termine el gobierno de Abelardo- o quizás antes-
el país sabrá que también hubo corrupción por una razón: el ethos mafioso en
Colombia deviene naturalizado.
Esos ciudadanos y ciudadanas que padecen
esa Conciencia
episomediática olvidaron de repente los casos de corrupción presentados
en gobiernos neoliberales: Reficar, Odebrecht, los carteles de la hemofilia, del
azúcar y del papel higiénico; el robo continuado de billonarios recursos públicos
por parte de directivas de EPS y el OCAD Paz; y también dejaron en el olvido las
ejecuciones extrajudiciales de más de 7.837 jóvenes asesinados por miembros del
Ejército y presentados como guerrilleros muertos en combate; lo mismo hicieron
con los hechos de Saludcoop, la Ñeñe política y más atrás la compra de la
reelección presidencial inmediata de Uribe.