miércoles, 2 de septiembre de 2026

ABELARDO, EL AZARÍAS DE LA PATRIA MILAGRO


Por Germán Ayala Osorio

 

Desfilar en medio de 23 bolsas blancas con cadáveres en su interior, como lo hizo el pastor-presidente, hace parte del cruel y obsceno espectáculo que en adelante se convertirá la lucha contra las estructuras narco criminales que aún insisten en llamarse “guerrillas” en el marco de un conflicto armado degradado. Con ese corto pero significativo desfile necro político, Abelardo de la Espriella le apunta a superar en sadismo a lo que vivimos durante los tiempos de la Seguridad Democrática (2002-2010).

Si bien las imágenes de televisión no hacen parte constitutiva de un proyecto de tanatoturismo o necroturismo, sí sirven para recrear la idea de que hay un presidente- un verdadero comandante en jefe- decidido a acabar con todos los bandidos, así sean menores de edad. Pacificar al país a las malas es el sueño erótico y ético-político de la derecha. Tanto así, que al general Rito Alejo del Río lo llamaron el “pacificador de Urabá” en los tiempos en los que Uribe dormía en bases militares para exigir “más y mejores resultados operacionales”. Al final, fue tanta la presión de ese fiero comandante supremo, que los mismos héroes militares que combatieron a los terroristas, asesinaron a 7.837 civiles a los que hicieron pasar como guerrilleros caídos en combate. La prensa y la narrativa oficial hablan de “falsos positivos”, eufemismo con el que se oculta una realidad incontrastable e inmoral: se trata de crímenes de Estado, de lesa humanidad. Los militares que perpetraron esos crímenes dejaron de pensar y monetizaron la vida de los jóvenes caídos. ¿Volverán los “falsos positivos”?

 Aunque el presidente De la Espriella y la prensa hablan de “dar de baja”, en realidad estamos frente a asesinatos producidos en el contexto de un bombardeo en el que también cayeron tres menores de edad. En el lenguaje de la guerra que comparten “guerrilleros” y las fuerzas estatales deshumanizar al enemigo será siempre el objetivo. Unos y otros se llaman “cerdos”, animalización que les facilita darle manejo a la pesada carga moral que supone lleva quien asesina y descuartiza a otro ser humano. Cuando los guerreros, legales e ilegales, gritan avanzar, la humanidad retrocede. 

De ahí que exhibir en bolsas- así sean blancas- los cadáveres mutilados de los narcoterroristas que cayeron en el bombardeo no minimiza la intención de validar la narrativa que indica que lo que hay en las bolsas son despojos, carne calcinada y finalmente, basura. Imagino que en este punto algún lector dirá, para confirmar, que efectivamente los terroristas son excrementos, pedazos de carne o inmundicias. Ese relato se ha naturalizado en Colombia y tiene un inicio: calificar como desechables a los habitantes de calle. Sin duda alguna, una patadita- y no de la buena suerte- al sentido de humanidad.

No se trata de defender la “naturaleza” política de los “guerrilleros” y mucho menos sus acciones terroristas, simplemente señalo que no es necesario convertir sus muertes en trofeos y por esa vía contribuir al viejo proceso de heroización de quienes los despedazaron en nombre de la ley, de los “buenos somos más” y de la legitimidad de un Estado que, para el caso, poco o nada hizo para que los menores asesinados no fueran reclutados por los criminales al mando de alias Iván Mordisco. Y mucho menos hizo cuando las entonces Farc-Ep reclutaron de manera forzada  a 18.667 menores de edad, a los que convirtieron en “máquinas de guerra”. ¿En dónde estaba el Estado? Ah, verdad que solo hay Estado en las grandes ciudades.

El nombre de la operación militar en la que el Ejército colombiano abatió a los 23 narcoterroristas que emocionaron en grado máximo a De la Espriella, confirma que todo lo que hace y en adelante hará el gobierno del presidente-pastor está fundado en la Biblia o hace parte de los relatos que se conocen de ese mega relato. La llamó operación Azarías. En una rápida búsqueda en internet, se lee que fue “…hijo de Amasías y que comenzó a reinar en Judá a los dieciséis años y gobernó durante cincuenta y dos años en Jerusalén. Su madre se llamaba Jecolías. Fue considerado un rey que agradó al Señor, aunque no eliminó los santuarios de las colinas donde el pueblo ofrecía sacrificios, lo que provocó que Dios lo castigara con lepra, obligándolo a vivir aislado hasta su muerte”.

Aunque De la Espriella fue elegido para gobernar cuatro años, la continuidad de esos resultados militares, su exaltación mediática, a lo que hay sumar los tempranos resultados que ya va arrojando la “batalla cultural”, pueden llevar a que sus aúlicos en el Congreso y varios hijos de la élite empresarial y política propongan una reforma constitucional que le asegure un periodo más o hasta lograr los 12 años en la Casa de Nariño que buscó desesperadamente quedarse Uribe Vélez. No podemos descartar que De la Espriella le diga al país, en unos años, en medio de un desfile entre cadáveres, que el Señor le habló y le ordenó continuar “limpiando” al país de terroristas, aunque los Señores de la Guerra criollos sigan incólumes enriqueciéndose con el negocio de la guerra. También corre el riesgo de que el mismo Señor lo castigue a vivir aislado y con lepra. No sabemos qué tan lejos está Abelardo de ser nuestro propio Azarías.


Adenda: el saludo militar- ridiculizado al máximo- por Abelardo y vestirse de verde oliva lo va acercando peligrosamente al perfil de dictadorzuelo de Nicolás Maduro Moros e incluso, del propio Fidel Castro Ruz. Cuidado. 

CENSURA OFICIAL-CORPORATIVA: LOS CASOS DE ZULUAGA Y RESTREPO




Por Germán Ayala Osorio

 

Después del acto de censura contra las periodistas Camila Zuluaga y Ana Cristina Restrepo, una parte de la sociedad se pregunta hacia dónde va el país en materia de respeto a las libertades de prensa y opinión con un presidente de la República claramente hostil hacia aquellos periodistas que osan cuestionar sus decisiones políticas e incluso volver a preguntarle por haber sido defensor de narcoparamilitares y por las relaciones que tuvo con Alex Saab el testaferro del régimen venezolano hoy procesado en los Estados Unidos por varios delitos federales.

De manera concomitante a la censura de las comunicadoras se conoció la directriz presidencial que señala que solo serán convocados a ruedas de prensa los periodistas “amigos” del gobierno. Bajo esos dos hechos, la autocensura se naturaliza dentro de las dinámicas del oficio periodístico y a partir de ahí los periodistas y medios oficialistas se convierten en estafetas, mandaderos, botones, correveidiles, criados y emisarios de lo que quiera ordenar o decida mandar a decir De la Espriella con su vocero presidencial.

La censura de la que fueron víctimas las referidas periodistas tiene un componente corporativo que hace aún más preocupante la situación para el ejercicio de informar y opinar en el país, en la medida que la salida del aire del programa radial de la cadena Blu radio la tomó la misma familia Santo Domingo, propietaria de la empresa mediática, a petición del presidente de la República. Entonces, en sí misma no se trata de una censura oficial directa, sino de una que podemos llamar censura oficial-corporativa que tiene una enorme diferencia a la tradicional censura oficial aplicada en Colombia durante el gobierno del general Rojas Pinilla. El país recuerda que el militar mandó a los militares a cerrar el periódico El Tiempo el tres de agosto de 1955.  

A Rojas Pinilla le generaban urticaria los editoriales de El Tiempo. Hoy en día, a nadie le importa lo que “piensan” los periódicos. Las redes sociales son el nuevo escenario en el que se generan estados de opinión pública; eso sí, allá llega la gente menos leída y sensata, la más pasional, irracional, irascible y poco formada para la discusión argumentada.  De ahí que sirvan esas redes sociales o cloacas ideológicas para expresar odio y para dar cuenta de hechos como la censura a las dos periodistas, pero que no alcanzan a presionar para que semejante decisión pudiese ser reversada. Como se dice en la calle, tiene más reversa un buque. Además, el grueso de la prensa tradicional aún mantiene el poder de imponer las versiones oficiales convertirlas en verdades incontrastables en la medida en que entre todas las empresas mediáticas- hoy abelardistas; ayer, uribistas- harán todo para acompañar sin duda alguna el trasegar de la Patria Milagro y con ella el objetivo final: regenerar a la sociedad hasta conducirla por los caminos trazados por el Señor. Eso sí, en medio de ese proceso de forzado y violento cambio cultural (batalla cultural) aparece el miedo de muchos ciudadanos y periodistas a ser perfilados por agentes estatales al servicio de la causa abelardista por una razón evidente: estarían cumpliendo órdenes de Dios o de Jesús Cristo, lo que convierte lo ilegal en legítimo y lo inmoral en un valor moralmente superior porque la voluntad del Señor está de por medio.

Ahora, no creo que con De la Espriella lleguemos al cierre de empresas mediáticas, enviándoles a los militares para clausurar imprentas, silenciar emisoras o apagar cámaras de televisión. Y no porque crea que es incapaz de hacerlo, sino porque estamos en tiempos diferentes: los banqueros dueños de las empresas mediáticas primero están dispuestos a apoyar al jefe del Estado que ayudaron a ponerlo en el solio de Bolívar. Esa inversión deben recuperarla a como dé lugar. Sus empleados (periodistas) pasan de inmediato a un tercer e incluso a un quinto plano, lo que se traduce en que la autocensura al interior de los medios se asume como una práctica cotidiana que erosiona viejos principios periodísticos. Aquello de vigilar al poder y de incomodarlo es una quimera. Suele ser la autocensura más dura y violenta que la censura oficial misma.

Ahora es mucho más sencillo controlar a la prensa: basta con echar a un par de periodistas para que los demás “afinen” y decidan alinearse con el gobierno. Los que no comulguen con las ideas del pastor-presidente pueden irse a You Tube para tratar de sobrevivir. Muy seguramente Restrepo y Zuluaga abrirán su canal en esa plataforma.

Algunos tuiteros recordaron el caso del periodista Luis Carlos Vélez, echado de La FM, dando a entender que se trató de un acto de censura parecido al que sufrieron Restrepo y Zuluaga. Y no, no entra en el ámbito de la censura oficial corporativa. Simplemente el sector azucarero le hizo saber hasta dónde llega el poder de la pauta y las relaciones gremiales. De esa forma le cobraron el haberse metido con los intereses de ese gremio en la COP16 que organizó la capital del Valle del Cauca. Hoy, en su canal de You Tube, Vélez está alineado con el gobierno, lo que lo convierte en un estafeta del abelardismo. Poco le importó a sus jefes y a los patrocinadores de esa emisora de RCN su evidente animadversión hacia el presidente Petro. Simplemente lo usaron, hasta que cuando por un error no forzado como se dice en el tenis, se volvió incómodo y lo echaron como a un perro.

La crisis de credibilidad del periodismo colombiano aumentará ostensiblemente en estos cuatro años del gobierno de De la Espriella. Eso tampoco les importará a los banqueros y millonarios propietarios de las empresas mediáticas porque el proyecto de la posverdad y las granjas de bots hacen parte del proyecto de regeneración cultural, moral e ideológica que arrancó el 7 de agosto.

Quizás lo que más recordará la gente es el acto de censura contra las dos periodistas, pero muy pocos harán conciencia de que la autocensura es la peor práctica en la que puede caer un medio de información. La ya precaria, formal y electoral democracia colombiana entra en una fase de congelamiento de sus valores más universales (el deber ser), al tiempo en el que se activa la mano dura, esto es, la persecución y estigmatización por parte de los agentes abelardistas de la policía moral contra todos los que insistan en oponerse a las decisiones tomadas por el pastor-presidente.

martes, 1 de septiembre de 2026

CENSURA EN LA PATRIA MILAGRO



Por Germán Ayala Osorio

 

El cierre de un medio de comunicación, cualquiera sea su orientación o agenda política y por supuesto sus intereses corporativos, grupales, o comunitarios, constituye un fracaso tanto para la sociedad moderna como para la democracia. Será siempre un golpe al periodismo como oficio, a los periodistas que dependen económicamente del medio en el que trabajan y a la construcción de una opinión pública plural en un país en el que históricamente la derecha siempre manejó a la prensa tradicional con el objetivo de mantener la legitimidad  del viejo Establecimiento.

La salida del aire del programa radial en Blu radio dirigido por Camila Zuluaga tiene un tufillo de censura oficial-empresarial motivada en la ya probada y evidente animadversión que dejó ver el entonces candidato presidencial y hoy jefe del Estado, Abelardo de la Espriella hacia los periodistas que se atrevieron a preguntarle por sus relaciones cercanas con los líderes paramilitares durante el mentiroso y fallido proceso de paz que adelantó  el entonces presidente Uribe con esas estructuras criminales;  el manejo del caso DMG (David Murcia Guzmán) y por los negocios que de acuerdo con versiones periodísticas sostuvo con Alex Saab, testaferro del régimen de Nicolás Maduro Moros. Saab está procesado en los Estados Unidos por varios delitos federales. 

Tanto Zuluaga, como su compañera en la mesa de trabajo periodístico, Ana Cristina Restrepo, resultaron incómodas para De la Espriella lo que explicaría la decisión del presidente de la compañía, Gonzalo Córdoba, de cerrar el espacio de análisis e información. También hacía parte del programa Sebastián Nhora. Incluso, la misma Zuluaga contó al aire que durante la campaña presidencial, De la Espriella le ordenó a su equipo de asesores no atender los llamados de la periodista. Por supuesto que la variable económica juega a favor de quienes tomaron la decisión: las audiencias han mutado y cambiado, sin duda alguna, lo que se traduce en menores ganancias, pero el factor ego-político ronda también a esa misma decisión. Muchas veces esos grandes medios no generan ganancias porque a sus propietarios lo que les interesa es mantener a las audiencias en altos grados de desinformación. Trascendió a los medios que De la Espriella se reunió días atrás con miembros de la familia Santo Domingo para expresar su molestia con las dos periodistas. 

Mañanas Blu, dirigida por Néstor Morales se mantiene al aire porque las directivas de la compañía y los propios periodistas de esa mesa de trabajo decidieron hincarse ante el poder del presidente de la República. Morales y Zuleta muy seguramente lo hicieron por convencimiento. Eso sí, hay que recordar que durante los cuatro años del anterior gobierno “probaron finura” con los propietarios de la cadena radial y el propio De la Espriella: atacaron sin piedad al presidente Petro; hostigaron a sus hijas y se metieron con su vida privada; y hasta les alcanzó para burlarse de los “cachos” que, de acuerdo con ellos, le puso la novia del expresidente progresista. Ese comportamiento, muchas veces alejado de la deontología del oficio, les aseguró la permanencia al aire a pesar del rechazo que genera en segmentos de la opinión porque dejaron de actuar como periodistas para convertirse en estafetas de la derecha y ahora en defensores a ultranza del gobierno del pastor-presidente. El Heraldo fue el primer medio, en campaña, en declararse abelardista. Luego se sumaron los noticieros Caracol, RCN, El Colombiano y El País de Cali, entre otros más. 

La salida del aire de los señalados periodistas deja serias dudas sobre el talante democrático del jefe del Estado, que en menos de un mes de estar al frente del gobierno cerró 21 emisoras comunitarias fruto del Acuerdo de Paz entre el Estado y las Farc-Ep. A esas actuaciones las precede acciones legales contra periodistas independientes y críticos del pasado de Abelardo de la Espriella, asumidas por la FLIP (Fundación para la Libertad de Prensa) y abogados como hostigamientos judiciales que afectan las libertades de prensa y opinión. Hablo de los periodistas Gonzalo Guillén y Julián Martínez, así como del realizador de la serie Matarife, Daniel Mendoza Leal, víctimas de ese acoso judicial. 

Lo sucedido a Camila Zuluaga y Ana Cristina se veía venir. Ellas mismas, al aire, advirtieron que había gente muy poderosa interesada en sacarlas de circulación. Ese momento, curiosamente, llegó apenas comenzando el gobierno de De la Espriella. Vaya coincidencia.



Lo sucedido con Zuluaga y Restrepo también tiene un componente de misoginia: en Colombia siguen existiendo hombres poderosos que no resisten que existan mujeres capaces de confrontarlos públicamente. 

El unanimismo ideológico y político que vivimos durante los ochos años del gobierno de Uribe está siendo superado por Abelardo de la Espriella con lujo de detalles y en el menor tiempo. Lo más probable es que esa persecución ideológica y la revisión de la moral de eventuales nuevos funcionarios públicos se extienda a universidades privadas y públicas, bastiones de la libertad de cátedra y de la opinión calificada de sus docentes-investigadores. 

Los desnombramientos de Sepúlveda del DNP, de Carolina Soto de la Cámara Colombiana de la Infraestructura (el clan Char busca poner una ficha al frente de la CCI) y de Hannah Escobar, abelardista, pero proaborto, dan cuenta de que la instalación de la policía moral en el país es una realidad. Esos desnombramientos no constituyen propiamente actos de censura oficial como la salida de los tres periodistas aquí señaladas, pero sí hacen parte de la depuración ideológica y moral que ya practican los agentes creadores y defensores de la Patria Milagro. Pensar diferente nunca resultó tan incómodo como ahora. Y no ha completado el mes al frente del Estado y ya está gobernando con periodistas-estafetas que deben sí o sí, doblar las rodillas porque en el fondo están cuidando la lonchera y la visibilidad que les dan los medios tradicionales.

El cierre del programa radial expuso con claridad las dificultades para consolidar en el país un gremio de periodistas que, antes que defender empresas y patrocinadores, luche por los derechos de los periodistas y defienda las libertades de prensa y de opinión, hoy en vilo y coartadas desde la Casa de Nariño (sede de Barranquilla). Imagino que a Morales y a sus compañeros les prohibieron referirse al cierre del espacio de Zuluaga y Restrepo. La solidaridad no es un valor tradicional dentro del gremio de periodistas. Por el contrario, hay disputas, odios, envidias y sobre todo una incontrastable incapacidad para la autocrítica. Y ni para qué hablar del miedo que sienten cuando los poderosos los rondan.

Quedan cuatro años. El mensaje es claro para docentes, periodistas y funcionarios o aspirantes a llegar al servicio público: bajan el perfil o se disciplinan, es decir, se alinean con el gobierno, o sentirán lo "duro que muerde el tigre" o simplemente serán víctimas del poder que baja desde perfumadas oficinas hacia las de los jefes de recursos humanos en donde te dicen “aquí le tenemos su bono: “bono” trabajas más aquí”.

Adenda: el portal La Silla Vacía informó que el gobierno únicamente "dará ruedas de prensa a medios amigos". https://www.lasillavacia.com/en-vivo/presidencia-solo-dara-ruedas-de-prensa-a-medios-que-sean-sus-amigos/



ABELARDO, EL AZARÍAS DE LA PATRIA MILAGRO

Por Germán Ayala Osorio   Desfilar en medio de 23 bolsas blancas con cadáveres en su interior, como lo hizo el pastor-presidente, hace ...