lunes, 21 de septiembre de 2026

CONDENADOS EN INSTALACIONES MILITARES: ¿HASTA CUÁNDO?




Por Germán Ayala Osorio

 

En una sociedad como la colombiana en la que millones de sus ciudadanos guían sus vidas por un ethos mafioso, la existencia de presos VIP que pagan condenas en instalaciones militares, policiales y en pabellones especiales, tipo resort, en cárceles tradicionales es considerada como una normalidad, un paisaje más. 

El presidente de la República parece empeñado en afectar -no acabar- con esa normalidad. Ha ordenado traslados de una serie de bandidos con el fin de quitarles privilegios (celulares y comodidades) obtenidos en ejercicio de su poder corruptor y de las relaciones mafiosas establecidas con agentes del INPEC.

Los traslados más sonados hasta el momento son los de la señora Epa Colombia, Daneidy Barrera Rojas y el exgobernador del Valle del Cauca, Juan Carlos Abadía. A la primera, el INPEC la exhibió encadenada de pies y manos como si se tratara de una peligrosa delincuente. Una demostración de poder que no borra años de prácticas corruptas de directores de prisiones y custodios que se prestaron para que los reclusos tuvieran celulares, hicieran fiestas, extorsionaran desde las celdas y hasta protagonizaran inolvidables bacanales.

En cuanto al exgobernador, el propio jefe del Estado dijo en su cuenta de X que “Juan Carlos Abadía se creía intocable. Desde el pabellón especial de la Escuela de Carabineros de la Policía en Cali hacía y deshacía: participaba en política, ponía y quitaba funcionarios y definía contratos, pese a estar condenado a 21 años y 7 meses de prisión por corrupción. Ordené personalmente su traslado. Simuló un episodio cardíaco y terminó en una clínica; di la orden de sacarlo de allí y llevarlo a una cárcel de verdad.  Anoche, a las 11:30 p. m., fue trasladado a la cárcel de Villahermosa. En la Patria Milagro nadie está por encima de la ley. En la era del Tigre se acabó esa vagabundería.

Ese tipo de decisiones presidenciales hay que aplaudirlas a rabiar siempre y cuando se apliquen sin excluir a ciertos condenados que aún viven cómodamente en instalaciones militares y policiales, convertidas en hostales de lujo. Esa Inpecnización de las guarniciones hay que frenarla cuanto antes porque los uniformados no están para cumplir funciones de custodios de bandidos de cuello blanco.

Por lo anterior, el país espera que el presidente Abelardo Gabriel de la Espriella Otero ordene el traslado a una cárcel de máxima o de mediana seguridad de Santiago Uribe Vélez, condenado por homicidio y concierto para delinquir agravados en un contexto en el que es señalado de haber conformado el grupo paramilitar conocido como los 12 Apóstoles.

¿Se atreverá De la Espriella a ordenar el traslado del hermano del expresidente Álvaro Uribe? ¿Acaso, Santiago Uribe, como el exgobernador del Valle del Cauca, “se cree intocable”? Es seguro que el hermano del expresidente antioqueño no participa en política, y mucho menos tiene la facultad para presionar contratos o el poder para poner y quitar funcionarios. Por supuesto que no.

El hermano del expresidente Álvaro Uribe, Santiago Uribe Vélez, no tiene derecho, por regla general, a un sitio especial de reclusión para cumplir la condena de 28 años que le fue impuesta por homicidio agravado, concierto para delinquir agravado y delitos de lesa humanidad, en el proceso relacionado con el grupo paramilitar conocido como Los Doce Apóstoles” (Infobae).

El caso de Santiago Uribe Vélez es la prueba fehaciente de que a aquellos bandidos que se les niega la casa por cárcel, por influencias políticas, las guarniciones militares y las instalaciones de policía se convierten en “prisiones domiciliarias de segunda generación” por las comodidades que les garantizan a los condenados. Huelga decir que fue el presidente Petro quien ordenó que Uribe Vélez fuera recluido a una guarnición militar por razones de seguridad y arraigo. Sin duda alguna, un solidario gesto político del entonces presidente. Quizás ese gesto sirvió de base para el pacto político entre las bancadas congresionales de petristas y uribistas que terminó con la entrega del control de la Comisión de Absoluciones de la Cámara de Representantes (conocida también como Comisión de Investigaciones) para evitar que se investigara al expresidente Petro. Al final, Uribe y Petro salieron beneficiados. Pero volvamos al asunto central.

En medio del registro mediático de los traslados de Epa Colombia y Abadía y de otras reubicaciones de peligrosos condenados, esa pregunta debería de hacérselas los periodistas de las empresas mediáticas tradicionales. Al estar en “modo autocensura” por el miedo que generó la censura a dos periodistas y al caricaturista Vladdo y al haber definido la presidencia que solo convocaría a ruedas de prensa a “medios amigos”, me corresponde como periodista independiente elevar el interrogante, pues hasta donde se sabe Santiago Uribe Vélez se encuentra recluido en una guarnición militar en el departamento de Antioquia.

No hay información precisa del lugar de reclusión en donde pagará los 28 años de condena por los delitos que de acuerdo con la sentencia de segunda instancia que la Corte Suprema de Justicia le impuso; como tampoco se conoce registro fotográfico del momento de haber sido reseñado por el INPEC, una vez se conoció el fallo condenatorio. Vuelvo a preguntar: ¿Se atreverá De la Espriella a ordenar el traslado del hermano del expresidente Uribe Vélez? Claro que no, hay “milagros” que en la Patria Milagro jamás sucederán. 

Nota: haberse atrevido a tocar a Juan Carlos Abadía, del clan de la gobernadora del Valle, hace suponer  que Dilian finalmente abandonó al exgobernador por mantener buenas relaciones con De la Espriella. 

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