jueves, 1 de octubre de 2026

EL TEMPRANO MANIFIESTO DEL CENTRO POLÍTICO

 



Por Germán Ayala Osorio

 

Figuras del “centro político” acaban de publicar un manifiesto en el que expresan una serie de preocupaciones alrededor de las formas en las que el gobierno conduce algunos asuntos de interés nacional. Dicho documento, titulado La Constitución: Escudo de Colombia, llega antes de que se cumplan dos meses de haber llegado a la Casa de Nariño el falso outsider que vendieron los medios masivos y por el que votaron agentes gremiales que, curiosamente, los firmantes de dicho manifiesto defienden ante la arremetida presidencial en contra del presidente de la ANDI, Bruce Mac Master, quien hizo público su voto por De la Espriella en una columna que rápidamente “envejeció mal”.

Esto dijo el dirigente gremial, hoy confrontado y vetado por el jefe del Estado: “La elección que tenemos enfrente no es una decisión cualquiera. Estamos hablando del futuro de la democracia, el de la economía, la libre empresa, el empleo, la propiedad privada, la separación de poderes, de un modelo con límites democráticos para evitar abusos”.

Entre los firmantes aparecen exministros del gobierno Petro y de otras administraciones, Alejandro Gaviria Uribe y José Antonio Ocampo, así como Juan Daniel Oviedo, quien fuera fórmula vicepresidencial de la candidata presidencial Paloma Valencia y reconocidos académicos.

Son cuatro asuntos sobre los que discurren los firmantes del Manifiesto: la guerra cultural, ejercicio del poder presidencial, relaciones con la prensa y libertad sindicatos y gremios. Veamos algunos apartes del documento con el objetivo de develar los alcances de lo explicitado en el Manifiesto.

En lo que respecta a la “Guerra Cultural”, en el texto se lee lo siguiente: “Este factor de confrontación social, que viene de tiempo atrás y ocurre en muchas partes del mundo, se agudizó durante el pasado gobierno y subsiste en el actual así los referentes ideológicos sean distintos”.

Aunque Petro no habló de batalla cultural, si usó su popular y aclamada figura política para confrontar al viejo Establecimiento y a las decisiones económicas y políticas cargadas de sentimientos y actitudes a todas luces aporofóbicas, clasistas y racistas. Si se comparan las actitudes de Abelardo de la Espriella que hoy confrontan quienes firman el Manifiesto, con las de Petro, no hay manera de asimilarlas a las apuestas del actual gobierno con su dichosa y peligrosa “batalla cultural”. Así las cosas, esa lectura del Manifiesto deviene exagerada. Eso sí, no se puede negar que Petro ideologizó la discusión de todos los asuntos públicos.

Consideran quienes refrendan el contenido del Manifiesto que la declaratoria de “guerra cultural” es contraria a la Constitución. Y sin duda es así.

“El uso recurrente de la expresión “Viva Cristo Rey” en los discursos presidenciales nos preocupa: fue usado como grito de guerra en los violentos enfrentamientos de los partidos políticos en el siglo pasado. Ese precedente trágico no puede ignorarse. Ciertos nombramientos de ministros pueden augurar políticas encaminadas a restringir los derechos de aquellos cuya vida sexual es diversa, a sesgar la educación por motivos religiosos, y a la intención de imponer en las aulas una visión cerrada de la historia de nuestra nación”.

En el punto número dos, Ejercicio del poder presidencial, los firmantes del Manifiesto caen en el error de destacar la política comunicacional del presidente de la República. Sostener que lo hace “con buen criterio” cuando las evidencias hablan de censura, autocensura y de la construcción de realidades dramatizadas y recreadas como el patrullaje del presidente con un arma al cinco por algunas calles de Santa Marta acerca a los signatarios del documento a ese discurso centrista que con algo de razón se califica como “tibio o medroso”. Esto dice el texto: “Con buen criterio, el presidente está empeñado en generar una disciplina comunicacional que le dé claridad a sus propósitos. Sin embargo, centralizar en él mismo la difusión de los mensajes puede tener consecuencias negativas”.

A renglón seguido, los suscriptores del Manifiesto advierten del peligro de esa férrea disciplina comunicacional fundada claramente en la incapacidad de Abelardo para articular un discurso hilvanado y la evidente molestia que le genera ser confrontado y preguntado por asuntos que claramente no domina.

“La disciplina adoptada puede conducir a un gobierno autoritario y unipersonal semejante a otros que le sirven al presidente de la Espriella de paradigma. La destitución del director del DANE, a pesar de que esa entidad goza de autonomía técnica, y de que la difusión de sus informes es pública y obedece a una programación estricta, debilita la credibilidad de esa institución”.

El país sabe que De la Espriella admira a Bukele y a Milei, jefes de Estado con tendencias totalitarias. Hacen bien quienes firman el documento en señalar que el presidente colombiano sigue el paradigma político en el que están instalados esos dos y quizás otros más autócratas, reyezuelos o dictadorcitos bananeros.  

En el punto tres, que corresponde a las Relaciones con la prensa, los signatarios del mencionado documento lanzan una velada crítica al evidente proceso de politización e ideologización de los medios públicos durante el gobierno Petro. Claro que hubo excesos, lo que trae nuevamente la discusión acerca de la incapacidad institucional de consolidar medios públicos con visión de Estado que evite o por lo menos minimice su uso para defender gobiernos.

En el Manifiesto se lee: “El gobierno ha tomado la decisión de reducir y despolitizar los medios de comunicación estatales. Respaldamos esa política. Sin embargo, cabe advertir que la libertad de prensa tiene dos dimensiones diferentes: la de informar y la de recibir información veraz y oportuna (art.19).  En este contexto nos preocupan: • Los cierres intempestivos de programas de opinión política en medios de comunicación privados.  Cuando esa circunstancia coincide con la antipatía, real o presunta, de los gobernantes hacia determinados periodistas, la conclusión obvia es que pudo haber censura gubernamental, la cual, por supuesto, no tiene que ser explícita. • La estrategia de no conceder ruedas de prensa abiertas a los diferentes medios. Si el presidente y otros altos funcionarios escogen a sus interlocutores, surge la sospecha de que previamente se ha pactado la exclusión de temas y preguntas incómodas”.

En este punto, quienes suscriben el documento omiten hacer referencia a la autocensura, práctica que puede resultar peor que la censura oficial a la que fueron sometidas las periodistas de Blu radio. Además, se cuidan de señalar que efectivamente hubo censura. Al decir que “pudo haber censura gubernamental” se esconde una realidad que contradice el sentido y el objetivo del Manifiesto. Nuevamente el lenguaje centrista (medroso y tibio) aparece en el texto.

En lo que corresponde al cuarto punto, Libertad sindicatos y gremios, llama la atención la defensa que hacen los firmantes del Manifiesto de la soberanía popular a la que de manera permanente apeló el entonces presidente Petro, y que fue asumida por sus críticos, enemigos y detractores, incluidos agentes del Centro político, como una forma de meter miedo con los constantes llamados a una Asamblea Nacional Constituyente, a las concentraciones y movilizaciones masivas que recibió en respaldo el gobierno anterior.

“Cuando el poder político fluye desde el Estado hacia los ciudadanos puede surgir la tiranía; si se configura desde abajo, la democracia florece. Por eso dice la Constitución que “La soberanía reside exclusivamente en el pueblo, del que emana el poder público” (art.3). El pueblo somos los ciudadanos como titulares de los derechos políticos (art.40), que podemos ejercer solos o asociados con otros (art. 38)”.

En este último punto dejan claro los suscriptores del Manifiesto su rechazo al veto que impuso De la Espriella al presidente de la ANDI. “Existen abundantes indicios para creer que el gobierno pretende interferir en el funcionamiento de los gremios. En tal caso, sería por entero lógico que se intentara una estrategia semejante con relación a las organizaciones sindicales. Así unos y otros pasarían a ser dependencias gubernamentales. La libertad para defender sus intereses dejaría de existir”.

El texto en mención puede asumirse como un primer llamado de atención- realmente una alerta- al gobierno de Abelardo Gabriel de la Espriella Otero, a los medios, al empresariado y al resto de la sociedad de los riesgos que vislumbran quienes firman el Manifiesto. Ya veremos cuál Abelardo responde al contenido del Manifiesto, si el presidente-actor, el presidente-pastor o el presidente-combatiente. O quizás decida guardar silencio o les mande a decir que no tiene tiempo de responderles porque anda ocupado actuando para la cámara y el camarógrafo de la presidencia. 



EL TEMPRANO MANIFIESTO DEL CENTRO POLÍTICO

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