martes, 6 de octubre de 2026

UNA DISCUSIÓN PENDIENTE: ¿SON LOS MEDIOS ACTORES POLÍTICOS?

 

Por Germán Ayala Osorio

En el enfrentamiento verbal y político entre Carlos Suárez Rojas, estratega de la campaña de Abelardo Presidente y Juanita León, directora del portal La Silla Vacía hay de fondo una discusión conceptual en torno a la naturaleza política de todas las empresas mediáticas y a la siempre discutible “objetividad periodística”; ambos asuntos abordados por la academia y usados selectivamente por el amigo y estratega del hoy presidente de la República para “descalificar” al portal que lo confronta periodística y políticamente.

Tomo apartes de la respuesta que Suárez Rojas, presidente de la Junta Directiva de Ecopetrol, le envió desde su cuenta de X a la periodista y empresaria Juanita León, con el propósito de plantear el equívoco en el que incurre el funcionario. Al final de la columna, recojo algunas ideas de lo dicho por Juanita León a su poderoso interlocutor.

“… tú y La Silla Vacía se reservan el papel de narrador omnisciente: esa voz que todo lo sabe, todo lo interpreta y a todos sentencia. Antes de seguir, quiero dejar en claro lo siguiente: El Portal activista, La Silla Vacía, ha decidido declarar unilateralmente su enemistad conmigo y con el Gobierno del Presidente De La Espriella…”

Resulta a todas luces peligroso e inconveniente que Suárez apele a la vieja doctrina extendida del enemigo interno para exponer a la empresa de información como enemiga del gobierno y del propio Suárez. Ya De la Espriella, en campaña, catalogó al petrismo y a los petristas de “enemigos de la Patria”, asunto no menor en un país violento como Colombia en el que actores armados, legales e ilegales, suelen perseguir, estigmatizar y asesinar a quienes previamente fueran calificados como “enemigos de la causa” u objetivos militares; y como presidente sacó del aire a dos periodistas de Blu radio y tumbó al presidente de la ANDI.

La prensa puede ser considerada crítica, en oposición e incómoda, pero jamás incluirla en el arbitrario listado de enemigos de un presidente, gobierno o de un funcionario. Hablar de “enemistad pública declarada” obedece a un anuncio de guerra política que bien puede terminar en otra de carácter económica.

No creo en las leyes mordaza. Por más que mientan los medios, hay otras formas para contrarrestar campañas mediáticas consideradas por un gobierno o un sector de la sociedad como contraproducentes o dañinas. En lo que creo es que las audiencias deben ser formadas en el análisis del discurso para descifrar los intereses, ocultos y visibles, que se defienden desde las empresas mediáticas. Cualquier intento por acallar a un medio o a un grupo de periodistas es física cobardía, expresión clara de intolerancia y la decisión de fungir como déspotas y fascistas.  

“Yo quiero que, cada vez que te lean, todos recuerden esto: lo tuyo no es la investigación de un medio imparcial sobre el presidente y su estratega. Lo tuyo es la intervención de un actor político financiado por grupos económicos perfectamente identificables. Lo tuyo es defender los intereses de tu inmensamente rica familia, que contrata con el Estado o con sus empresas en condiciones que dejan mucho que desear. Lo tuyo es promover una agenda propia y operar mediante un método tan sencillo como eficaz: construyes una narrativa, la empaquetas, la distribuyes y la repites hasta convertirla en ambiente. Después, cuando esa narrativa produce efectos, te refugias en la solemnidad del periodismo para fingir que nada tuviste que ver con ellos”.

En mis tiempos de analista de medios dentro del ámbito universitario me referí a las empresas mediáticas hegemónicas como “actores políticos” por varias razones: la primera, porque el periodismo es una forma de poder y éste siempre devendrá con características políticas en la medida en que al ejercicio periodístico se suelen sumar políticos profesionales, empresas que pautan y por supuesto, los propietarios de estas a los que le interesa mantener a flote ese instrumento de poder, político y económico, llamado información; la segunda, porque actúan en la arena pública en la que los asuntos políticos, cubiertos bajo los valores/noticia, están naturalmente atados a las correlaciones de fuerza, a los intereses de la clase empresarial y política que rondan a los medios bien a través de la pauta, las fuentes que se consultan de manera rutinaria o los que de manera explícita o implícita deciden defender editorial y periodísticamente. Y la tercera, porque el lenguaje periodístico, con todo y sus dobleces, guarda una estrecha relación con lo político, entendido este último como expresión discursiva de las complejidades, las tensiones y los conflictos propios de la condición humana.

Es tan político el ejercicio periodístico, y tan metidos están los medios en las dinámicas de la política, que ha bastado con una llamada a un director de un medio para detener informes periodísticos que denuncian actos de corrupción.

Carlos Suárez cree que afecta negativamente a La Silla Vacía al calificarla de actor político. Y se equivoca Juanita León en no dar la discusión conceptual que el país mediático y político deben dar alrededor de esa inocultable naturaleza y perfil de los medios de comunicación: son actores políticos. Punto.

Suárez olvida que los medios que hoy acompañan a De la Espriella y le cubren la espalda también son actores políticos y apelan a los mismos tratamientos sesgados que según el presidente de la Junta Directiva de Ecopetrol hace La Silla Vacía. Y aquí entra el segundo concepto: la objetividad. La objetividad es quizás una de las mayores mentiras que se enseñan como valor periodístico (moral) en las escuelas de periodismo o comunicación social. No es posible ser objetivo por cuanto el periodista deviene con una historia personal y familiar que de muchas maneras sesga su mirada sobre hechos públicos; a lo que se suman la línea editorial, las directrices que le dan los editores y los usos particulares del lenguaje periodístico que el periodista reconoce en los titulares y la redacción misma de las notas publicadas. Hay intentar y apostarle a ser riguroso. 

En su larga perorata, Suárez fustiga prácticas periodísticas en las que incurre La Silla Vacía, que son las mismas en las que por ejemplo incurren la revista Semana, de los Gilinski y el periódico El Tiempo, ambos banqueros que apoyan a De la Espriella.

“La Silla Vacía puede llamarse medio de comunicación. Para mí, hace tiempo decidió comportarse como un actor político. Y los actores políticos reciben respuesta política. Por ejemplo, luego hablaré de tu financiación y de los nexos con Ecopetrol. Así que quítate la máscara y juguemos de tú a tú. Publica cuanto quieras. Ataca cuanto puedas. Pero no pretendas ser, al mismo tiempo, jugadora, árbitro y cronista del partido”.

En el extenso trino de Suárez hay una desafortunada frase que León interpreta como una amenaza velada. “No desconozco tu derecho a publicar. Desconozco tu pretensión de golpear como adversaria y ser protegida como árbitro. Tampoco quiero silenciarte, Juanita: sería regalarte el papel de mártir y poner a cantar a tu coro de auxilio — esas si bodegas - como Cambio y los demás activistas que se disfrazan de periodistas —, siempre dispuesto a calificar de persecución cualquier contradicción. Soy menos pretencioso: solo quiero quitarte el disfraz e igualar el terreno”.

La frase en rojo deja ver la arrogancia del funcionario y amigo del presidente que se da el lujo de “descabezar” periodistas y líderes gremiales. ¿Acaso tiene el poder para silenciarla? ¿O mejor, lo pensó? Frente a eso León dijo en su respuesta: “Que Suárez diga que no quiere silenciar a La Silla también merece una precisión. Que un medio pueda investigar y publicar sobre quienes ejercen poder no depende de que las personas en el poder decidan tolerarlo ni es una concesión que le hagan al periodismo. Es una garantía democrática. Suárez tiene todo el derecho a controvertir nuestras investigaciones, cuestionar nuestros métodos y aportar evidencia que contradiga lo que publicamos. Pero no le corresponde decidir qué medios merecen ser escuchados, cuáles deben ser desacreditados o cuándo resulta conveniente silenciarlos”.

Finalmente, Juanita León evita la discusión alrededor del calificativo “actor político”. Eso sí, en medio del unanimismo ideológico y mediático en el que transcurre la vida pública y privada en la "Patria Milagro", lo que hace La Silla Vacía de confrontar al poderoso Carlos Suárez y de incomodar al presidente De la Espriella abre una luz de esperanza. Con errores o sesgos, siempre debemos defender a quienes le apuestan a vigilar y molestar a los que ostentan poder. Esa es la esencia del periodismo. 

Qué sano sería para la democracia y el periodismo que todos se quitaran las máscaras para reconocer una verdad histórica y cultural: los medios son actores políticos. Punto; y otra coyuntural, hay empresas mediáticas que, por miedo a ser censurados, por conveniencia económica y simpatías ideológicas están defendiendo al gobierno de Abelardo Gabriel de la Espriella Otero que, en apenas dos meses, ya deja claro que su proyecto de país es regresarnos al siglo XIX con su batalla cultural; en lo económico, a los tiempos de César Gaviria Trujillo y su apuesta neoliberal; y en materia se derechos humanos y orden público, a las nefastas circunstancias que rodearon la aplicación de la Seguridad Democrática de Uribe y a las que acompañaron al Estatuto de Seguridad de Turbay Ayala. Dar esa discusión pública y sincera sería un verdadero Milagro.





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