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lunes, 2 de noviembre de 2026

ANTONIO NAVARRO SIEMPRE ESTUVO QAP

 





Por Germán Ayala Osorio

 

Ahora que una parte del país despide a Antonio Navarro Wolff, un tuitero recordó una escena que dice mucho del periodismo colombiano, de las tradicionales formas en el manejo del poder político y por supuesto del perfil de quien hace horas partió a esa otra dimensión a la que todos estamos destinados a llegar.

Antonio Navarro Wollf fungía en ese momento, 1994, como candidato presidencial por la Alianza Democrática M-19. Navarro irrumpe en un debate televisado en vivo entre Ernesto Samper y Andrés Pastrana, organizado por los noticieros CM& y QAP (moderado por Yamid Amat, María Isabel Rueda y María Elvira Samper) en las instalaciones de Inravisión. Navarro Wolff no había sido invitado porque no marcaba en las encuestas, criterio con el que los periodistas evitaron que el país escuchara una voz distinta a la de los candidatos Andrés Pastrana (conservador) y Ernesto Samper Pizano (Liberal), que representaban de muchas maneras la tradición política y electoral de un país aún dominado por los dos partidos que años atrás se repartieron el poder en el llamado Frente Nacional.

Haberle impedido a la opinión pública de la época conocer los puntos de vista del candidato presidencial que representaba a la naciente izquierda democrática de entonces, poco o nada se asumió en ese momento como un cerramiento democrático, pues el país de la constitución de 1991 apenas empezaba a transitar los caminos hacia una apertura política e ideológica en las maneras de concebir sus complejas realidades de la mano de ese nuevo actor político llamado izquierda democrática representada por la ADM-19.

Escuchar a María Elvira Samper, una de las presentadoras del debate electoral, en perspectiva histórica, resulta interesante por la motivada exageración con la que ella y el equipo periodístico asumieron la irrupción del candidato presidencial.

“Queremos ofrecerles disculpas a los televidentes por lo que acaba de suceder que fue la irrupción imprevista y sorpresiva del doctor Antonio Navarro candidato por el M-19 que interrumpió el debate. Yo quiero hablar a nombre personal y de mis colegas periodistas nos sentimos totalmente irrespetados, consideramos que se ha cometido un atentado contra la libertad de prensa; dos noticieros se unieron para hacer un debate con los candidatos que, a nuestro juicio, no a nuestro juicio, que las encuestas que dicen que están encabezando las opciones presidenciales…”.

Aunque lo expresado por la periodista sea examinado años después a la luz de los cambios culturales que el país sufrió, el presente del periodismo no difiere mucho del que se practicaba en los años 90, desde la perspectiva de la manipulación de la opinión pública, su operación como actor político atado inexorablemente a los intereses de particulares agentes del Establecimiento y a la histórica defensa de la incipiente y formal democracia colombiana.

No se trató, por supuesto, de un “atentado contra la libertad de prensa” como de manera exagerada Samper interpretó lo sucedido, pues si bien se interrumpió la transmisión del debate y Navarro dio un golpe de opinión, las facultades para informar se mantuvieron intactas; tanto así, que pudieron expresar su rechazo a la intrusión del candidato presidencial. Cuando María Elvira Samper dice que a “nuestro juicio” y luego corrige, es muestra irrefutable de que previamente tomaron partido por la tradición política sostenida en el cerramiento democrático que aseguraba la operación hegemónica de los partidos Liberal y Conservador.

Si bien hoy hay cambios sustanciales en la naturaleza empresarial del periodismo colombiano, éste mantiene la misma lógica que arbitraba y guiaba el trabajo informativo y editorial de noticieros como CM& y QAP de la época: servir a los más poderosos del país, mantener el statu quo y por esa vía imponer un relato periodístico capaz de orientar a la opinión pública a pensar que los únicos responsables del atraso del país y de sus problemas eran las guerrillas. Por estos tiempos, la llamada opinión pública sufre la “bancarización” del periodismo, circunstancia que tiene en la existencia de Semana y El Tiempo a sus más emblemáticos ejemplos. A los banqueros que están detrás de esas dos empresas mediáticas les dejó de interesar hacer periodismo de calidad (investigativo, plural y atado éticamente a la deontología del oficio). Semana y El Tiempo fungen como actores políticos y fingen informar de manera veraz e imparcial. Mienten todo el tiempo y durante todas las semanas.

El periodismo colombiano siempre jugó a ocultar la corrupción público-privada practicada por los miembros e hijos de la clase política y empresarial del país. Para aquella época la narrativa indicaba que el subdesarrollo del país obedecía en gran medida a la operación militar de las guerrillas. Hoy, aunque esa narrativa se debilitó, los periodistas “vacas sagradas” que siempre existirán insisten en el relato que señala que el país no avanza por culpa de los “comunistas, los socialistas”. Ahora, en la “era del tigre”, los enemigos de la patria son los petristas. Por el contrario, los benefactores y amigos de los colombianos son los neoliberales que le apuestan a entregar el país a las multinacionales y a ejecutar la anunciada “contrarrevolución cultural”. Paz en la tumba de Antonio Navarro Wolff y reiterado pesar por el periodismo que murió en las manos de periodistas como Yamid Amat, María Elvira Samper y María Isabel Rueda, remplazados en el presente por Julio Sánchez, Vicky Dávila, Juan Lozano y Néstor Morales, entre otros muchos más.


ANTONIO NAVARRO SIEMPRE ESTUVO QAP

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