Mostrando entradas con la etiqueta periodistas censuradas por Abelardo.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta periodistas censuradas por Abelardo.. Mostrar todas las entradas

miércoles, 2 de septiembre de 2026

CENSURA OFICIAL-CORPORATIVA: LOS CASOS DE ZULUAGA Y RESTREPO




Por Germán Ayala Osorio

 

Después del acto de censura contra las periodistas Camila Zuluaga y Ana Cristina Restrepo, una parte de la sociedad se pregunta hacia dónde va el país en materia de respeto a las libertades de prensa y opinión con un presidente de la República claramente hostil hacia aquellos periodistas que osan cuestionar sus decisiones políticas e incluso volver a preguntarle por haber sido defensor de narcoparamilitares y por las relaciones que tuvo con Alex Saab el testaferro del régimen venezolano hoy procesado en los Estados Unidos por varios delitos federales.

De manera concomitante a la censura de las comunicadoras se conoció la directriz presidencial que señala que solo serán convocados a ruedas de prensa los periodistas “amigos” del gobierno. Bajo esos dos hechos, la autocensura se naturaliza dentro de las dinámicas del oficio periodístico y a partir de ahí los periodistas y medios oficialistas se convierten en estafetas, mandaderos, botones, correveidiles, criados y emisarios de lo que quiera ordenar o decida mandar a decir De la Espriella con su vocero presidencial.

La censura de la que fueron víctimas las referidas periodistas tiene un componente corporativo que hace aún más preocupante la situación para el ejercicio de informar y opinar en el país, en la medida que la salida del aire del programa radial de la cadena Blu radio la tomó la misma familia Santo Domingo, propietaria de la empresa mediática, a petición del presidente de la República. Entonces, en sí misma no se trata de una censura oficial directa, sino de una que podemos llamar censura oficial-corporativa que tiene una enorme diferencia a la tradicional censura oficial aplicada en Colombia durante el gobierno del general Rojas Pinilla. El país recuerda que el militar mandó a los militares a cerrar el periódico El Tiempo el tres de agosto de 1955.  

A Rojas Pinilla le generaban urticaria los editoriales de El Tiempo. Hoy en día, a nadie le importa lo que “piensan” los periódicos. Las redes sociales son el nuevo escenario en el que se generan estados de opinión pública; eso sí, allá llega la gente menos leída y sensata, la más pasional, irracional, irascible y poco formada para la discusión argumentada.  De ahí que sirvan esas redes sociales o cloacas ideológicas para expresar odio y para dar cuenta de hechos como la censura a las dos periodistas, pero que no alcanzan a presionar para que semejante decisión pudiese ser reversada. Como se dice en la calle, tiene más reversa un buque. Además, el grueso de la prensa tradicional aún mantiene el poder de imponer las versiones oficiales convertirlas en verdades incontrastables en la medida en que entre todas las empresas mediáticas- hoy abelardistas; ayer, uribistas- harán todo para acompañar sin duda alguna el trasegar de la Patria Milagro y con ella el objetivo final: regenerar a la sociedad hasta conducirla por los caminos trazados por el Señor. Eso sí, en medio de ese proceso de forzado y violento cambio cultural (batalla cultural) aparece el miedo de muchos ciudadanos y periodistas a ser perfilados por agentes estatales al servicio de la causa abelardista por una razón evidente: estarían cumpliendo órdenes de Dios o de Jesús Cristo, lo que convierte lo ilegal en legítimo y lo inmoral en un valor moralmente superior porque la voluntad del Señor está de por medio.

Ahora, no creo que con De la Espriella lleguemos al cierre de empresas mediáticas, enviándoles a los militares para clausurar imprentas, silenciar emisoras o apagar cámaras de televisión. Y no porque crea que es incapaz de hacerlo, sino porque estamos en tiempos diferentes: los banqueros dueños de las empresas mediáticas primero están dispuestos a apoyar al jefe del Estado que ayudaron a ponerlo en el solio de Bolívar. Esa inversión deben recuperarla a como dé lugar. Sus empleados (periodistas) pasan de inmediato a un tercer e incluso a un quinto plano, lo que se traduce en que la autocensura al interior de los medios se asume como una práctica cotidiana que erosiona viejos principios periodísticos. Aquello de vigilar al poder y de incomodarlo es una quimera. Suele ser la autocensura más dura y violenta que la censura oficial misma.

Ahora es mucho más sencillo controlar a la prensa: basta con echar a un par de periodistas para que los demás “afinen” y decidan alinearse con el gobierno. Los que no comulguen con las ideas del pastor-presidente pueden irse a You Tube para tratar de sobrevivir. Muy seguramente Restrepo y Zuluaga abrirán su canal en esa plataforma.

Algunos tuiteros recordaron el caso del periodista Luis Carlos Vélez, echado de La FM, dando a entender que se trató de un acto de censura parecido al que sufrieron Restrepo y Zuluaga. Y no, no entra en el ámbito de la censura oficial corporativa. Simplemente el sector azucarero le hizo saber hasta dónde llega el poder de la pauta y las relaciones gremiales. De esa forma le cobraron el haberse metido con los intereses de ese gremio en la COP16 que organizó la capital del Valle del Cauca. Hoy, en su canal de You Tube, Vélez está alineado con el gobierno, lo que lo convierte en un estafeta del abelardismo. Poco le importó a sus jefes y a los patrocinadores de esa emisora de RCN su evidente animadversión hacia el presidente Petro. Simplemente lo usaron, hasta que cuando por un error no forzado como se dice en el tenis, se volvió incómodo y lo echaron como a un perro.

La crisis de credibilidad del periodismo colombiano aumentará ostensiblemente en estos cuatro años del gobierno de De la Espriella. Eso tampoco les importará a los banqueros y millonarios propietarios de las empresas mediáticas porque el proyecto de la posverdad y las granjas de bots hacen parte del proyecto de regeneración cultural, moral e ideológica que arrancó el 7 de agosto.

Quizás lo que más recordará la gente es el acto de censura contra las dos periodistas, pero muy pocos harán conciencia de que la autocensura es la peor práctica en la que puede caer un medio de información. La ya precaria, formal y electoral democracia colombiana entra en una fase de congelamiento de sus valores más universales (el deber ser), al tiempo en el que se activa la mano dura, esto es, la persecución y estigmatización por parte de los agentes abelardistas de la policía moral contra todos los que insistan en oponerse a las decisiones tomadas por el pastor-presidente.

ABELARDO, EL AZARÍAS DE LA PATRIA MILAGRO

Por Germán Ayala Osorio   Desfilar en medio de 23 bolsas blancas con cadáveres en su interior, como lo hizo el pastor-presidente, hace ...