Germán Ayala Osorio
Todo indica que la impecable
operación militar de extracción de Nicolás Maduro Moros de territorio venezolano
obedeció a una transacción-traición en la que estarían involucrados fichas
claves del régimen, como la vicepresidenta, Delcy Rodríguez.
La captura-entrega del ilegítimo
presidente de Venezuela no obedeció a una acción político-militar para
restablecer la democracia como venía cacareando-exigiendo- la premio Nobel de
Paz, María Corina Machado e incluso la misma derecha colombiana. Como se dijo
desde otras toldas, a Trump solo le interesa el petróleo y el gas. Lo dejó
claro en la rueda de prensa en la que se proclamó amo y señor de Latinoamérica
con su nueva versión de la Doctrina Monroe (ahora llamada Donroe). Y mucho menos se trató de un acción contra el narcotráfico.
Despreciada por el propio presidente
norteamericano, Machado deberá esperar con paciencia la depuración que deberá
ocurrir al interior del régimen venezolano ahora que Maduro dejó de fungir como
la imagen con la que se proyectaba al mundo una inquebrantable unidad de mando
capaz de resistir presiones militares, psicológicas y la millonaria recompensa
ofrecida por los Estados Unidos por su cabeza. Al final, el régimen hizo aguas
y terminó entregándole a los gringos a Maduro Moros.
Aunque siempre supimos que las
invasiones de las tropas gringas estuvieron inspiradas en el pillaje y la
conquista de nuevas reservas de petróleo, gas y coltán, entre otros elementos,
con la confirmación que hizo el convicto presidente norteamericano en la señalada
rueda de prensa la defensa de la democracia dejó de tener sentido práctico.
Una vez sepultada esa razón
máxima con la que la derecha internacional (mediática y política) defendió por
ejemplo la invasión a Irak y el operativo contra Maduro, todos los países con probados
recursos energéticos y biodiversidad quedaron notificados: Estados Unidos no respetará
en adelante soberanías populares y estatales si esas naciones resultan
gobernadas por presidentes que osen contradecir al Gran Sheriff o Pirata de la
Casa Blanca.
Para el caso colombiano, Trump
volvió a referirse al saliente presidente Petro, con quien viene librando una
disputa política en redes sociales y en la debilitada y casi inoperante
Organización de las Naciones Unidas. Así las cosas, las elecciones presidenciales
en Colombia contarán con la visible intervención del gobierno de Norteamérica,
de la mano de los cipayos miembros de la derecha local, que, a pesar de las evidencias,
insistirán en que, de continuar el proyecto progresista en cabeza de Iván
Cepeda, la “democracia estaría en riesgo” por cuenta del mantenimiento en el
poder del “comunismo, del castro… o el neocomunismo”.