Por Germán Ayala Osorio
El incremento del salario mínimo
en un 23,7%, las reformas pensional y laboral, la entrega de tierras a cientos
de miles de campesinos y la recuperación de la SAE para fines comunitarios dejó
sin margen de maniobra a los precandidatos y candidatos presidenciales de la
derecha uribizada. Más claro: el gobierno Petro los dejó, prácticamente sin
temas para lanzar promesas en la campaña electoral. Lo único que les queda es
insistir en eslóganes cargados de patrioterismo: “vamos a recuperar a Colombia;
vamos a salvar al país de la ruina comunista”.
De allí que solo les quedan dos
temas históricos y recurrentes en todas las campañas presidenciales: el manejo
de la orden público por cuenta de la operación criminal y mafiosa de las “guerrillas”
y la lucha contra la corrupción público-privada. Hay un tercer asunto que ya explotan
electoralmente: la crisis del sistema de salud y en particular las dificultades
que afronta la Nueva EPS para atender de manera eficiente a sus afiliados.
Cuando se acercan las elecciones,
las “guerrillas” se hacen sentir con sus ataques terroristas y emboscadas. Demostraciones
de fuerza que afectan a la población civil y le sirven a la prensa hegemónica
para atacar al gobierno Petro por el fracaso de la “Paz Total”. Las conversaciones
o diálogos de paz se vuelven tema de debate entre quienes le apuestan al
regreso de los tiempos de la seguridad democrática, con todo y falsos
positivos, como Abelardo de la Espriella; y aquellos que, como Cepeda, insisten
en darle continuidad a la apuesta gubernamental de buscar una salida negociada
al “conflicto armado interno”. Insisten todos en la vieja fórmula: que el Estado
llegue a los territorios dominados por los facinerosos. Y eso, jamás sucedió.
La corrupción público-privada es
un tema habitual. La promesa es la
misma en todas las campañas: vamos a combatir el ethos mafioso. El resultado es
el mismo: todos fracasan. La corrupción en la UNGRD es la mácula que ensucia la
imagen del gobierno del cambio. Nadie parece advertir que ese ethos mafioso se
naturalizó en Colombia de tal manera que no hay forma de erradicar la corrupción.
Insistir en esa promesa constituye un engaño. Quizás sea mejor que recojan la
frase del entonces presidente de la República, el inefable Julio César Turbay
Ayala: “hay que reducir la corrupción a sus justas proporciones”.
Sergio Fajardo, una de las fichas
del expresidente Uribe para los comicios que se avecinan, promete hacer
visibles a los mega contratistas que aportarán millones de pesos a su campaña.
El ladino candidato presidencial promete hacer seguimiento y rendición de
cuentas a los mecenas que invertirán millonarios recursos para llevarlo a la
Casa de Nariño. El “Tigre” o alias Papucho, así como Vicky Dávila de Gnecco ofrecen
“cárcel para los corruptos”. Temas recurrentes
y promesas vacías.
Y en cuanto a los problemas del
sistema de aseguramiento en salud, a los aspirantes presidenciales de la
derecha uribizada solo les queda repetir el mismo sonsonete: “el gobierno
Petró acabó con el mejor sistema de salud del mundo”. De la mano de la prensa tradicional explotan
electoral y periodísticamente las desgracias de los pacientes, como lo ocurrido
con el niño Kevin Acosta. Al final, ocultan el pérfido espíritu empresarial y
mafioso con el que las EPS asumieron el cumplimiento de la Ley 100 de 1993. Insisto:
no la tienen fácil los precandidatos y candidatos presidenciales de la derecha
en estas elecciones en materia de promesas de campaña.
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