Por Germán Ayala Osorio
Acepte o no Juan Daniel Oviedo ser
la fórmula vicepresidencial de Paloma Valencia, el acercamiento al proyecto
uribista que representa la senadora caucana tiene una sola explicación: el
desespero de la candidata presidencial y de la prensa hegemónica por presentar como
de “centro” una candidatura claramente de derecha atada a los
intereses políticos del expresidente Álvaro Uribe y al tutelaje que de todas
maneras ejerce y ejercerá sobre su ungida si logra sentarla en el Solio de
Bolívar. De allí el interés de invitar a Juan Daniel Oviedo a que haga parte
del proyecto político de la derecha uribizada para vender la idea de que con
Paloma Valencia el uribismo-no Uribe- se está corriendo hacia el centro. Sin
duda alguna, una mentira monumental igual a la de “estamos ganando la guerra
contra las Farc-Ep” expresada durante el periodo 2002-2010.
Dentro de lo que se conoce como
el uribismo tienen claro que sectores de la opinión pública asocian a Uribe Vélez
con la violación de los derechos humanos a través de la seguridad democrática,
la aplicación de la doctrina neoliberal, esto es, la privatización del Estado y
por supuesto con el ethos mafioso que naturalizó la corrupción público-privada
durante los ocho aciagos años de Uribe en la Casa de Nari. De esa manera,
Oviedo está vendiendo la imagen de un político de “centro” capaz de guiar a
Valencia Laserna y al uribismo hacia ese espectro ideológico. Se trata, por
supuesto, de una estratagema electoral para tratar de matizar el discurso derechoso
que le dicta Uribe a Paloma Valencia.
Al no poder desmarcarse de Uribe
por ser su mentor y “padre”, los ideólogos y asesores le propusieron a la
candidata presidencial que buscara a Oviedo por haber tomado distancia del
antipetrismo y por esa vía venderse como un outsider, cuando claramente no
lo es. El exdirector del DANE y exconcejal de Bogotá (elección anulada por el
Consejo de Estado) es un político tradicional que encontró en la errónea
táctica de sus compañeros de la Gran Consulta por Colombia de atacar a Petro y
mentir sobre el presente del país, la oportunidad para reinventarse. Hoy la
prensa lo presenta como un fenómeno político, cuando simplemente supo
explotar la torpeza de los otros precandidatos.
Si finalmente Juan Daniel Oviedo
acepta ser la fórmula vicepresidencial de la “hija” de Uribe, llevará en la
frente, como si se tratara de la letra escarlata, el inri de uribista,
mácula que muy seguramente una parte del electorado no le perdonará jamás,
justamente porque le creyeron el numerito que montó y ejecutó con maestría durante la campaña para la consulta.
El país debe entender que el
centro político en Colombia es una ilusión, un espejismo. Claudia López
Hernández, Sergio Fajardo y Roy Barreras insisten todavía en engañar a los
colombianos diciéndoles que ellos son de centro, cuando claramente son
políticos de una derecha vergonzante. Oviedo está aprovechando su cuarto de
hora para ocultar su verdadero talante.
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