jueves, 12 de marzo de 2026

OVIEDO POR FIN DIO EL SÍ, PERO...

 

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Por fin llegó a su final el novelón que armaron Paloma Valencia Laserna y Juan Daniel Oviedo: el exconcejal de Bogotá y exdirector del DANE será la fórmula vicepresidencial de la candidata presidencial e “hija” del expresidente y exconvicto, Álvaro Uribe Vélez. Al parecer las “líneas rojas” planteadas por Oviedo, en forma de chantaje, se esfumaron en el mini “conclave” que armaron después de los resultados de la Gran Consulta de la Derecha. Primó la idea de “correr” hacia el “centro” al proyecto uribista. Por supuesto que se trata de una estratagema electoral pues el uribismo representa a la derecha mafiosa, conservadora, anacrónica, neoliberal, violenta, machista, clasista, racista, homofóbica y misógina a la que no le interesa morigerar sus discursos.

Horas antes, el candidato presidencial Iván Cepeda Castro escogió a la lideresa del pueblo indígena Nasa, Aída Quilcué como su fórmula vicepresidencial. En esa decisión no hubo aspavientos y mucho menos la exposición de “líneas rojas” porque las dos figuras comparten un mismo proyecto de país. Se dieron, sí, reacciones a favor y en contra dentro y fuera de las huestes del progresismo. Emergió, como era de esperarse, el clasismo y el racismo muy propios de una sociedad como la colombiana en la que una parte importante de la élite y de comunidades subalternas desdicen de sus procesos de mestizaje, lo que les permite explicar y justificar las prácticas racistas. Al final, a Quilcué no la bajaron de “india ignorante, sin carrera universitaria y sin experiencia para gobernar en caso de falta del Presidente”.

El candidato presidencial de la ultraderecha y de una parte de la derecha uribizada, Abelardo de la Espriella eligió a José Manuel Restrepo, reconocido agente neoliberal y exministro de Hacienda del gobierno de Iván Duque Márquez. Se trata de “dos mestizos blanqueados” que representan con lujo de detalles a la Colombia clasista y negacionista de su propio mestizaje. De la Espriella intenta ocultar su ignorancia en asuntos del Estado, su desfachatez y su proyecto totalitario usando a Restrepo su trayectoria académica como pararrayos. 

Entre tanto, el eterno candidato presidencial Sergio Fajardo Valderrama hizo lo propio y se la jugó por Edna Bonilla, exsecretaria de Educación en la alcaldía de Claudia López. De la candidatura de Fajardo no hay mucho que decir porque lleva años exponiendo lugares comunes para no comprometerse con nada. Su campaña no cuenta. Y como él mismo reconoció: "él no inspira nada".

Las tres principales campañas representan con inusitada claridad al país, más allá de la actual coyuntura política e ideológica de la que se advierte que deviene polarizada, crispada y violenta entre dos extremos: la izquierda, atada al nombre de Petro y la candidatura de Cepeda; y la derecha, ancorada a la figura del expresidente Uribe y la candidata presidencial Paloma Valencia Laserna. Entre esos extremos intenta pelechar un “centro” fantasmal y medrosos desde el que se escuchan frases vacías como la expresada por Fajardo Valderrama: “Vamos a trabajar juntos por hacer el cambio serio y seguro que necesita Colombia. Para sacar a Colombia de la contienda entre extremos. Para tender puentes en lugar de tender trincheras”.

De la trayectoria y lo expresado por cada uno de los candidatos se desprenden por lo menos dos países diferentes e irreconciliables. La Colombia de Cepeda-Quilcué le habla a los indígenas, campesinos y afros que llevan años sobreviviendo a la violencia de los actores armados, legales e ilegales; también a los colombianos pobres de las barriadas golpeadas por políticas segregacionistas y un modelo económico y político que los necesita vulnerables para que el populismo de derecha alcance sentido de realidad. La compraventa de votos y el clientelismo son las formas más comunes a través de las cuales la derecha históricamente viene sometiendo a los más pobres y vulnerables a sus lógicas. Es decir, una suerte de populismo no reivindicativo, que niega identidades.

Por supuesto que también le habla a la élite blanca neoliberal, racista y clasista que lleva más de doscientos años apostándole a la desaparición, física y simbólica de los pueblos afros e indígenas y  comunidades campesinas cuyas identidades el gobierno Petro reivindicó, empoderó y defendió de la violenta ortodoxia neoliberal.

La Colombia de Valencia-Oviedo le habla a los agentes del Establecimiento que sufrieron derrota electoral y política en el 2022 y les dice que están dispuestos a todo con tal de recuperar el Estado para consolidar los procesos de privatización iniciados por César Gaviria Trujillo y afianzados durante los 20 años de uribismo.

Quienes intentan consolidar la narrativa que indica que la dupla Valencia-Oviedo deviene con un carácter progresista, lo que supone un golpe duro a las toldas de la izquierda y el proyecto progresista que representan Cepeda-Quilcué, deben de saber que Paloma Valencia no es precisamente una mujer feminista. Por el contrario, su simpatía y comodidad con las prácticas machistas le alcanzan para “adorar a Uribe” y obedecerlo en todo por cuanto la candidata presidencial tiene con el expresidente una relación patriarcal (padre-hija), fundada en la figura de un papá violento al que sí o sí, hay que obedecer.

Eso sí, de ganar Paloma Valencia la presidencia, millones de colombianos, con la ayuda de la Gran Prensa dirán que la derecha puso por primera vez en la historia política del país a una mujer en la Casa de Nariño y a un gay en la vicepresidencia. No creo que a Oviedo le interese representar los intereses de la población LGTBQ+. No. Oviedo es un uribista enclosetado que la prensa en las últimas semanas infló hasta hacerlo ver como un outsider. Otros tantos dirán que alcanzó la presidencia de la República la “hija-muñeca” de Uribe, una mujer machista y un gay de derecha. Al final, Oviedo se ganó su "periodicazo". 

2 comentarios:

  1. Estoy de acuerdo don Germán, por ello es que su blog es una de las herramienta que usamos en la universidad (por supuesto no impuesta por ningún docente, sino por una convicción compartida) creo que la mejor fórmula vicepresidencial es sin duda la del candidato Cepeda. En la universidad le llamamos “Una jugada maestra” porque creería que en Colombia nunca los indígenas y campesinos se habían sentido tan representados. Si Cepeda estaba cerca de la presidencia, ahora lo está aún más.

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    1. Heiler, valoro que mi blog se use como una herramienta académica para la formación de mejores profesionales. Ya veremos qué sucede.

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    Por Germán Ayala Osorio   Por fin llegó a su final el novelón que armaron Paloma Valencia Laserna y Juan Daniel Oviedo: el exconceja...