Por Germán Ayala Osorio
Por fin llegó a su final el
novelón que armaron Paloma Valencia Laserna y Juan Daniel Oviedo: el exconcejal
de Bogotá y exdirector del DANE será la fórmula vicepresidencial de la candidata
presidencial e “hija” del expresidente y exconvicto, Álvaro Uribe Vélez. Al
parecer las “líneas rojas” planteadas por Oviedo, en forma de chantaje, se
esfumaron en el mini “conclave” que armaron después de los resultados de la Gran
Consulta de la Derecha. Primó la idea de “correr” hacia el “centro” al proyecto
uribista. Por supuesto que se trata de una estratagema electoral pues el uribismo
representa a la derecha mafiosa, conservadora, anacrónica, neoliberal,
violenta, machista, clasista, racista, homofóbica y misógina a la que no le
interesa morigerar sus discursos.
Horas antes, el candidato
presidencial Iván Cepeda Castro escogió a la lideresa del pueblo indígena Nasa,
Aída Quilcué como su fórmula vicepresidencial. En esa decisión no hubo aspavientos
y mucho menos la exposición de “líneas rojas” porque las dos figuras comparten
un mismo proyecto de país. Se dieron, sí, reacciones a favor y en contra dentro
y fuera de las huestes del progresismo. Emergió, como era de esperarse, el
clasismo y el racismo muy propios de una sociedad como la colombiana en la que
una parte importante de la élite y de comunidades subalternas desdicen de sus procesos
de mestizaje, lo que les permite explicar y justificar las prácticas racistas. Al
final, a Quilcué no la bajaron de “india ignorante, sin carrera
universitaria y sin experiencia para gobernar en caso de falta del Presidente”.
El candidato presidencial de la
ultraderecha y de una parte de la derecha uribizada, Abelardo de la Espriella
eligió a José Manuel Restrepo, reconocido agente neoliberal y exministro de
Hacienda del gobierno de Iván Duque Márquez. Se trata de “dos mestizos blanqueados”
que representan con lujo de detalles a la Colombia clasista y negacionista de
su propio mestizaje. De la Espriella intenta ocultar su ignorancia en asuntos
del Estado, su desfachatez y su proyecto totalitario usando a Restrepo su trayectoria académica como pararrayos.
Entre tanto, el eterno
candidato presidencial Sergio Fajardo Valderrama hizo lo propio y se la jugó
por Edna Bonilla, exsecretaria de Educación en la alcaldía de Claudia López. De
la candidatura de Fajardo no hay mucho que decir porque lleva años exponiendo
lugares comunes para no comprometerse con nada. Su campaña no cuenta. Y como él mismo reconoció: "él no inspira nada".
Las tres principales campañas
representan con inusitada claridad al país, más allá de la actual coyuntura
política e ideológica de la que se advierte que deviene polarizada, crispada y
violenta entre dos extremos: la izquierda, atada al nombre de Petro y la candidatura
de Cepeda; y la derecha, ancorada a la figura del expresidente Uribe y la candidata
presidencial Paloma Valencia Laserna. Entre esos extremos intenta pelechar un “centro”
fantasmal y medrosos desde el que se escuchan frases vacías como la expresada por Fajardo
Valderrama: “Vamos a trabajar juntos por hacer el cambio serio y seguro que
necesita Colombia. Para sacar a Colombia de la contienda entre extremos.
Para tender puentes en lugar de tender trincheras”.
De la trayectoria y lo
expresado por cada uno de los candidatos se desprenden por lo menos dos países
diferentes e irreconciliables. La Colombia de Cepeda-Quilcué le habla a los
indígenas, campesinos y afros que llevan años sobreviviendo a la violencia de
los actores armados, legales e ilegales; también a los colombianos pobres de
las barriadas golpeadas por políticas segregacionistas y un modelo económico y
político que los necesita vulnerables para que el populismo de derecha alcance
sentido de realidad. La compraventa de votos y el clientelismo son las formas
más comunes a través de las cuales la derecha históricamente viene sometiendo a
los más pobres y vulnerables a sus lógicas. Es decir, una suerte de populismo
no reivindicativo, que niega identidades.
Por supuesto que también le
habla a la élite blanca neoliberal, racista y clasista que lleva más de
doscientos años apostándole a la desaparición, física y simbólica de los pueblos afros e indígenas y comunidades campesinas cuyas identidades el gobierno Petro reivindicó, empoderó
y defendió de la violenta ortodoxia neoliberal.
La Colombia de Valencia-Oviedo
le habla a los agentes del Establecimiento que sufrieron derrota electoral y
política en el 2022 y les dice que están dispuestos a todo con tal de recuperar
el Estado para consolidar los procesos de privatización iniciados por César Gaviria
Trujillo y afianzados durante los 20 años de uribismo.
Quienes intentan consolidar la
narrativa que indica que la dupla Valencia-Oviedo deviene con un carácter
progresista, lo que supone un golpe duro a las toldas de la izquierda y el
proyecto progresista que representan Cepeda-Quilcué, deben de saber que Paloma
Valencia no es precisamente una mujer feminista. Por el contrario, su simpatía
y comodidad con las prácticas machistas le alcanzan para “adorar a Uribe” y
obedecerlo en todo por cuanto la candidata presidencial tiene con el expresidente
una relación patriarcal (padre-hija), fundada en la figura de un papá violento
al que sí o sí, hay que obedecer.
Eso sí, de ganar Paloma
Valencia la presidencia, millones de colombianos, con la ayuda de la Gran
Prensa dirán que la derecha puso por primera vez en la historia política del
país a una mujer en la Casa de Nariño y a un gay en la vicepresidencia. No creo
que a Oviedo le interese representar los intereses de la población LGTBQ+. No.
Oviedo es un uribista enclosetado que la prensa en las últimas semanas
infló hasta hacerlo ver como un outsider. Otros tantos dirán que alcanzó
la presidencia de la República la “hija-muñeca” de Uribe, una mujer machista y
un gay de derecha. Al final, Oviedo se ganó su "periodicazo".
Estoy de acuerdo don Germán, por ello es que su blog es una de las herramienta que usamos en la universidad (por supuesto no impuesta por ningún docente, sino por una convicción compartida) creo que la mejor fórmula vicepresidencial es sin duda la del candidato Cepeda. En la universidad le llamamos “Una jugada maestra” porque creería que en Colombia nunca los indígenas y campesinos se habían sentido tan representados. Si Cepeda estaba cerca de la presidencia, ahora lo está aún más.
ResponderEliminarHeiler, valoro que mi blog se use como una herramienta académica para la formación de mejores profesionales. Ya veremos qué sucede.
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