Por Germán Ayala Osorio
El modelo estatista de Venezuela,
con todo y su democracia popular y la revolución bolivariana terminaron
sometidos a la doctrina Donroe, en cabeza de un consumado pederasta, que desde
el salón Oval de la Casa Blanca monitorea y controla la operación de las
instituciones democráticas venezolanas: la liberación de presos políticos y las
modificaciones en materia de aprovechamiento de las reservas de petróleo son
hechos jurídico políticos que confirman el tutelaje gringo sobre un régimen que
tuvo todo, respaldo popular y el petróleo a 100 dólares el barril, para llevar
a Venezuela a un desarrollo económico superlativo que jamás logró.
Al final, la reivindicación
étnica que persiguió el comandante Chávez Frías y las bravuconadas antiyanquis compartidas
con Nicolás Maduro Moros representan el fracaso de un proyecto político
sostenido en gran medida en la megalomanía del fallecido coronel y del derrocado
presidente, hoy preso en una cárcel norteamericana. Murales y fotografías de
los dos presidentes como si se tratara de líderes religiosos de una teocracia
caribeña, advierten del enfermizo populismo con el que Chávez y Maduro asumieron
el ejercicio de la política.
Después de la operación militar Resolución
Absoluta, Donald Trump y Marco Rubio enfilan sus baterías intervencionistas
hacia Cuba. El representante del Tío Sam habló de una “toma amistosa” de la
isla. Con diferencias con lo que hoy sucede en Venezuela, Estados Unidos le
apuesta a “llevar la democracia liberal” a los cubanos, mientras se prepara la
inhumación de la democracia popular en la que creyeron los hermanos Castro, amos
y señores de la isla y cientos de miles de cubanos que en medio de
precariedades defienden a un régimen asfixiado económicamente por un infame bloqueo.
Después de años de movilizaciones y discursos nacionalistas, Cuba y Venezuela
quedarán convertidas en democracias tuteladas que dan cuenta de los
fracasos de dos experimentos populistas.
La presidenta interina de
Venezuela, Delcy Rodríguez, le hace creer a los venezolanos que gobierna,
cuando su único rol es seguir el guion, escrito en español e inglés, que le
entregó Trump.
Con las intervenciones-negociaciones
en Venezuela y Cuba, los Estados Unidos sepulta los sueños revolucionarios de
quienes le apostaron a un caduco e inviable modelo socialista, soportado en una
infértil lucha ideológica con la que se
ocultaron años de corrupción política y militar, al tiempo que dejaron ver la
enorme incapacidad para entender lo que en su momento dijo el entonces presidente
de Uruguay, Pepe Mujica: “Rescatar 40 millones de la pobreza como le pasó a
Lula y no será tocar el cielo con las manos, ni mucho menos construir el
socialismo. Pero esos cuarenta que comen todos los días, esos cuarenta
millones, es una cosa muy de izquierda. ¿Por qué? Porqué ser de izquierda es
ser solidario…Después hay otra etapa. Yo creo en el socialismo, pero no
creo en el estatismo. Y creo que la construcción del socialismo supone una
sociedad mucho más culta, mucho más inteligente y mucho más rica. Creo
que países como Suecia se arrimaron mucho más a lo que puede ser el socialismo,
o Noruega, que los intentos fallidos que hemos tenido…Soy enemigo de la
burocracia…Desconfío cuando el Estado se hace demasiado grande, pueda sustituir
la iniciativa de la gente… Cuando pase Chávez, habrá un montón de
millones de venezolanos que vivían en la miseria que van a estar viviendo un
poco mejor, que van a tener una casa mejor y un servicio de salud, pero no
habrán construido ningún socialismo, pero la humanidad habrá mejorado”.
Mientras el pederasta siga sentado
en la Casa Blanca, la doctrina Donroe seguirá aplicándose por las Américas. Ya vienen las presidenciales en Colombia. Hay
que estar atentos al guiño que de todas maneras dará Trump a uno de los candidatos
presidenciales.