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miércoles, 13 de mayo de 2026

COSTEÑOS, REMISOS Y EL “PENE GRANDE” DE ABELARDO DE LA ESPRIELLA

 



Por Germán Ayala Osorio

El machismo, la patanería y la misoginia de Abelardo de la Espriella me hizo recordar mi paso por el Ejército nacional como soldado bachiller. Su visible obsesión por demostrar que es un “macho que la tiene grande” me llevó a encontrar conexiones con aquello de “ser costeño”. Es tal su preocupación que puso en calzas prietas a una periodista a quien le compartió una fotografía en la que al parecer se le nota “el bulto”. Episodio que se hizo viral.

Perteneciente al 4to contingente de 1983, serví a la Patria en dos instalaciones militares: inicialmente y por cuatro meses, en el Batallón Juan José Rondón (La Guajira); y los restantes ocho meses en el Batallón de Servicios Número 2 (Baser 2) ubicado en la ciudad de Barranquilla.

Al oficial responsable del reclutamiento le pareció “interesante” revolver muchachos caleños (varios menores de edad, entre estos, yo) de clase media baja, con remisos costeños que ya eran padres de familia. Sus edades oscilaban entre los 24 y los 34 años. Muchos de aquellos venían de zonas como Cereté (Montería), María La Baja (Bolívar) y Tolú (Sucre), entre otros territorios de la costa Caribe. Se trataba de hombres “básicos”, con una empobrecida base cultural que los acercaba a comportamientos primitivos.

Por supuesto que en un ambiente militar el discurso machista afloraba con naturalidad. Entonces, apareció el tema de las relaciones amorosas con las burras que se le endilgan de tiempo atrás a los costeños de la costa Caribe. Nadie hablaba de zoofilia.  Y es en este punto en donde nos conectamos con el anuncio de Abelardo de la Espriella: “tengo un gran pene”, quiso gritar el aspirante a llegar al Solio de Bolívar en su asqueante encuentro con periodistas (hombres) del programa Piso 8, que validaron la patanería del candidato presidencial y permitieron que De la Espriella intimidara y violentara a la colega insistiéndole que bajara la mirada hasta el "bulto". 

Los reclutas remisos de aquella época se jactaban de lo mismo. No se trata de un determinismo regional (cultural) por aquello de ser costeños, pero llama la atención que a pesar de haber estudiado derecho y filosofía del derecho, De la Espriella se parece mucho a los premodernos y machistas hombres con los que compartí mi servicio militar.

En las reyertas discursivas entre caleños y costeños, en aquel hostil ambiente castrense de los años 80 apareció el asunto que hoy ocupa a feministas que rechazaron con vehemencia el comportamiento misógino y vulgar del perfumado abogado penalista: el tamaño de la verga, la mondá, pipí, pájaro o el pene, necesario para poder tener relaciones con “María casquitos” (es decir, las burras) y por supuesto para satisfacer a las mujeres. Los viejos remisos hablaban con orgullo de sus aventuras zoofílicas que los convertían en verdaderos sementales. ¿Será que Abelardo, el Gran Varón, es un semental?

Abelardo de la Espriella fue criado en Montería (Córdoba). Es decir, es “costeño” y habla como tal. Por ello resulta curioso que el candidato de la ultraderecha y del uribismo no hable de mondá, sino de pene. Habría que esperar una segunda entrevista con la periodista María Lucía Fernández para que la aplomada presentadora le pregunte si ha tenido relaciones con alguna representante del gremio de “María casquitos”. Huelga recordar que Fernández incomodó a alias “Papucho” en reciente diálogo en las instalaciones de Caracol Noticias cuando le recordó su tristemente célebre frase “la ética no tiene nada que ver con el derecho”.

Esa preocupación masculina por el tamaño del miembro viril está asociada al sistema patriarcal, a los miedos masculinos y al machismo derivado de una cultura dominante en la que la mujer suele ser vista como un objeto sexual pasivo y su cuerpo un territorio que puede ser conquistado, intervenido y sometido en cualquier momento. La publicidad sexista tiene algo o mucho de responsabilidad en las maneras como los colombianos nos representamos a la Mujer.

Dejemos atrás mi pasado como soldado y recordemos la frase del escritor Gustavo Álvarez Gardeazábal cuando resultó electo gobernador del Valle del Cauca: “no voy a gobernar con el culo sino con la cabeza”, espetó el autor de Cóndores no entierran todos los días, ante las reacciones homofóbicas de sus detractores que vieron como inmoral que un declarado homosexual llegara al poder regional.

Si el escritor vallecaucano al parecer gobernó con la cabeza y no con el culo, es apenas lógico preguntarle a alias Papucho si en caso de llegar a la Casa de Nariño gobernará con su “enorme pene” o con la cabeza. Para el caso y a juzgar por sus discursos públicos al parecer el país no podrá esperar mucho de Abelardo de la Espriella en lo que respecta a la discusión sesuda de asuntos públicos. De la Espriella es igual de básico, vulgar, primitivo y premoderno a los remisos viejos a los que hago referencia en esta columna, los mismos que se jactaban de “haber comido” burras durante su adolescencia. Si aún viven, lo más probable es que griten “solo De la Espriella con esa mondá”.

Adenda: el presidente Petro, nacido en Ciénaga de Oro (Córdoba) dejó salir eso de “ser costeño o cordobés”: “No me interesa qué hizo el señor Trump en la cama. Ni le preguntaré. Ni a ningún periodista chismoso le debe interesar qué hago yo en la cama. Hago cosas muy buenas y pienso. Y nadie se olvidará de mí porque seré inolvidable ahí”.



COSTEÑOS, REMISOS Y EL “PENE GRANDE” DE ABELARDO DE LA ESPRIELLA

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