Por Germán Ayala Osorio
No hay mentira- diría mentirota-
más grande que esta: “la
Sele nos une”. Ahora que la Selección fue eliminada del Mundial,
periodistas, políticos y aficionados salen al ruedo a pontificar los primeros,
sobre decisiones técnicas, falta de jerarquía de los jugadores y otros asuntos que
el periodismo
deportivo convirtió en temas de discusión filosófica e incluso, cercanos a
una naciente “ciencia” para explicar un juego simple: para ganar hay hacer goles;
mientras tanto, los segundos, en particular los progresistas, entran con los “taches
levantados” a cobrar el desaire y la grosería de los jugadores hacia Petro y
Antonella aquel día en el que la hija del jefe del Estado le pidió a James
una foto y el 10 se la negó. Dicen que Abelardo
“saló” la camiseta, la politizó y convirtió en símbolo de desunión y
odio. Lo cierto es que las camisetas
de la Selección con un tigre pintado son un especie de sacrilegio.
¿Cuántas camisetas se dejaron de
vender por razones ideológicas? Esa es una investigación pendiente por hacer; y
los aficionados, siempre de últimos, dejan salir la ya garantizada frustración
de cada cuatro años con chistes y memes. Entonces, dicen que a la “Sele” le
dicen “perro entrenado”, porque jamás entran a los “cuartos”. Otros, proponen
que el presidente therian llame a Infantino para que repitan el partido; o que
Cepeda no reconozca el resultado, la derrota. Y los menos pulidos critican a
Quintero y Campaz por los goles
que se comieron. Dicen que se “comen un moco ajeno y con sangre”. Un
chiste sucio y sangriento como la política interna e incluso tan bajo como la
amenaza de “destripar” a la izquierda. Un chiste del populacho, dirán en el Chicó.
Si juntamos a los aficionados, políticos
y periodistas deportivos tenemos la triada perfecta que dice más de lo que
somos como sociedad, que cualquier estudio sociológico: millones de colombianos
depositan la obligación individual de alcanzar la felicidad en un puñado de
jugadores que ya tienen más que asegurado su futuro económico. Seguir a la
Selección es una manera de sacudirse y disipar las frustraciones por no haber
podido construir un país en el que quepamos todos y lo que es peor, una verdadera
República. Millones de colombianos van por ahí tomando decisiones políticas y
votando por personas y proyectos políticos sin conciencia de clase. Por eso,
votan por sus verdugos, los mismos que están dispuestos a generar escenarios
disfóricos haciendo minería y fracking a lo que marque en páramos y
otros ecosistemas naturales-históricos y frágiles.
Si se quiere recordar o hacer referencia
a la hegemonía cultural de la que habló Gramsci y del sistema patriarcal y
machista, con visos de misoginia imperante en Colombia, qué mejor que mentar a
la “Selección”.
Nótese que no es necesario decir que se trata
del equipo de hombres y en la categoría de mayores. Y si miramos el fútbol
femenino, las muchachas siguen siendo víctimas de dirigentes machistas, de una
vetusta institucionalidad deportiva que odia a las mujeres.
No olvidemos que este es un país y una sociedad de “machitos” que “amenazan
con dar en la cara marica” o que ordenan “destripar a los que piensan
diferente”.
Si, eliminaron en penales a la “Sele”.
Qué son unos “cagones” les gritan porque en las instancias definitivas
les pasa siempre lo mismo. Los periodistas deportivos hablan de “falta de jerarquía”.
Los más creyentes, meten a Dios al baile: así lo quiso el Señor, por algo será.
¿Será porque aún no aprendimos a celebrar?
El día que Colombia gane un
Mundial lo más probable es que las funerarias, hospitales y morgues colapsen. Además,
si hubiesen clasificado a cuartos, se enfrentarían a la mimada de la FIFA, la
misma que está ya lista para ser campeona, otra vez. No olviden que Milei
necesita que Escaloni y sus jugadores se lleven la Copa para Buenos Aires: es
urgente disipar los ánimos caldeados y distraer al pueblo argentino que sufre
las consecuencias de haber puesto en la Casa Rosada al cipayo que se sentó en
las piernas de Trump. A Colombia le hubiera caído bien llegar a la final para
aguantar lo que se viene con el primer presidente therian. Nos vemos en cuatro
años. Si no nos destripan, claro está. Eso sí, el año entrante hay que apoyar a la Selección Femenina.