Por Germán Ayala Osorio
Cada día que pasa del Mundial de Fútbol,
Gianni Infantino se parece más a Iván Duque Márquez. Mientras que Duque fue el
títere de Uribe entre 2018 y 2022, el presidente de la FIFA fungirá, por un mes
largo, como la marioneta del pederasta, genocida y convicto Donald Trump. Cosas
de la política, dirán.
Nunca como antes el deporte espectáculo,
la pelota y los mundiales estuvieron tan marcados y manchados por la política
en su versión más sucia e inmoral. Este Mundial
2026, con sedes en Canadá, Estados Unidos y México pasará a la historia por acumular
las mayores críticas alrededor de la organización que termina por afectar físicamente
a los jugadores por las distancias que deben recorrer entre estadios y sedes; así
como los elevados costos de las boletas y la calidad de las canchas.
Se suman a lo anterior la requisa
con perros antidrogas que soportaron los jugadores de la Selección del Uruguay,
así como el tratamiento discriminatorio que las autoridades de migración
estadounidenses le dieron a la Selección de Irán y al árbitro somalí Omar
Abdulkadir Artan a quien le prohibieron la entrada a los Estados Unidos.
Estamos ante prácticas institucionales que oscilan entre la xenofobia y el
racismo. La presencia de poderosas empresas
de apuestas y su posible injerencia en los resultados de las semifinales y la
final, le quitan al fútbol la magia que tuvo años atrás. El negocio por encima
del espectáculo.
Y este último asunto encaja muy
bien con los tiempos dispuestos en cada partido para la hidratación, pues los
aprovechan para vender toda suerte de productos. “Las pausas de hidratación
que la FIFA ha impuesto de manera obligatoria durante el Mundial han dividido
los partidos en ‘cuatro periodos’, como sucede en ligas estadounidenses como la
NFL o la NBA, y abierto nuevas ventanas publicitarias para las televisiones, a
la vez que está indignando a muchos espectadores, especialmente a los que
siguen el torneo a través de la pantalla”. El cantante Ricardo Arjona, hace
30 años, compuso la canción “Noticiero”. Una especie de “premonición”: “El
futbol gana terreno en los Estados Unidos. Quieren cambiar la estructura pa´
que tenga sentido. Hay que agrandar las porterías y ocho tiempos fuera pa´
vendernos porquerías…”
Todo lo anterior se da en medio
del silencio cómplice de Infantino y los presidentes de las asociaciones
regionales de fútbol y el de los jugadores, asumidos por la FIFA y todo lo que gravita en torno al fútbol como un recurso explotable casi en la condición de “esclavos”
que se venden por millonadas de euros y dólares. Los jugadores de hoy más que jugadores, son atletas, estrellitas, figuritas, modelos y símbolos del capitalismo salvaje que le pone precio
a todo. Ninguno de los más reconocidos y asediados por la prensa dijo algo alrededor
de los asuntos arriba expuestos. Guardan silencio: por ignorancia, estupidez o
intereses económicos.
Una parte del mundo extraña a
Diego Armando Maradona Franco no solo por su talento, sino porque siempre se
enfrentó a la FIFA y a sus dirigentes. Los llamó "mafiosos",
"ladrones", "dictadores" e "ignorantes". En
particular, en los tiempos de la administración de Joseph Blatter.
Y no se puede esperar que Lionel
Messi Cuccittini asuma la postura que por años mantuvo Maradona en contra de la
FIFA. Messi, como ciudadano en ejercicio de sus derechos, es “pecho frío”. En
la cancha es una “fierita”. Ver al 10 de
la Selección Argentina en la Casa Blanca al lado del pederasta y convicto
presidente de los Estados Unidos confirmó su actitud obsecuente frente al poder
político. Realmente el crac argentino es un pulga
cipaya.
El que balbucea cosas es Marcelo Bielsa,
entrenador de la Selección de Uruguay. Pero como está viejo y lo creen loco,
entonces su voz apenas si se escucha en una prensa
corporativa que le hace el juego a la FIFA. El mundo está lleno de matones, genocidas y títeres. En Colombia tuvimos a Duque y el mundo del fútbol tiene a Infantino, un locuaz y alopécico "nene".
No hay comentarios:
Publicar un comentario