miércoles, 10 de junio de 2026

MUNDIAL DE FÚTBOL Y POLÍTICA



Por Germán Ayala Osorio

 

Los Mundiales de fútbol devienen con una carga política que no se puede negar y mucho menos ocultar, así los periodistas deportivos de Colombia insistan en la manida frase “no politicemos el fútbol”.  No sé si por ingenuidad o por estrategia informativa apelan a esa idea. En el reciente desaire de varios jugadores de la Selección Colombia hacia el presidente Petro y su hija Antonella insistieron en separar lo que no se puede desligar. Hagamos algo de historia.

El de Argentina 78 y ahora el de Estados Unidos 2026 comparten un mismo objetivo político, a pesar de las enormes diferencias contextuales en las que se desarrolló el certamen en territorio gaucho y las que están detrás y gravitando alrededor de los partidos pactados en la tierra del Tío Sam.

La cita mundialista en Argentina 78 se diseñó para limpiarle la cara a la violenta y criminal dictadura militar que soportaron los argentinos por la violación sistemática de los derechos humanos a manos de chafarotes como Videla y Galtieri, para nombrar apenas a los más visibles patibularios. En la película 1985 se reconstruye magistralmente lo que hicieron los milicos en territorio gaucho. Recomiendo verla.

En lo que corresponde a la organización del Mundial en territorio estadounidense, la cita orbital está pensada para matizar y ocultar el perfil belicoso del presidente Donald Trump, los problemas sociales internos y por supuesto para hacer que la prensa local y la internacional dejen de cuestionar su inmoral perfil. Recordemos que Trump aparece en los archivos Epstein que confirman su condición de pederasta. Trump es un viejo putero. A lo que se suman, por supuesto, los 37 cargos penales que le fueron imputados. La persecución de la fascista y xenófoba ICE en contra de los latinos parece quedar suspendida mientras se desarrollan los partidos.

En todo esta estrategia ético-política está la FIFA, poderosa organización que sucumbió ante el poder mafioso que inspira el presidente norteamericano, gracias a Gianni Infantino. Recordemos que el presidente de la Federación Internacional de Fútbol Asociado le entregó el Premio FIFA de la Paz al degenerado republicano.  La imagen que ilustra a esta columna es contundente y resume en lo que quedó convertido la cabeza visible y “brillante”- por su inocultable alopecia- de la FIFA.

Como deporte espectáculo el fútbol siempre servirá para distraer al mundo de las porquerías y desgracias que la especie humana es capaz de generar y producir, fruto de su aviesa condición. Imagino también que en el mes largo que dura el certamen futbolero las mafias internacionales aprovecharán para lavar dinero y traficar con cocaína y fentanilo, con la anuencia de la DEA y otras instituciones americanas que le hacen el juego a los carteles de la droga que operan en Colombia y México, este último también sede del Mundial 2026, junto a Canadá. México y Canadá fueron víctimas de la guerra arancelaria que desató contra el mundo el consumado pederasta y convicto.

Por supuesto que hay que disfrutar del fútbol, pero hacerlo no puede ser óbice para insistir en que la política y el ejercicio del poder en todas sus manifestaciones siempre estuvieron y estarán detrás del deporte más popular del mundo. Una vez terminado el Mundial, el mundo volverá a ser el mismo: el colosal botadero de basuras de todo tipo y el infame escenario bélico en el que la guerra, como en el fútbol, siempre dejará ganadores y perdedores; o mejor, víctimas y victimarios. Estamos condenados a eso, gracias a belicosos y puteros octogenarios como Donald Trump.

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