Por Germán Ayala Osorio
El desaire de James Rodríguez a
la hija del presidente Petro y la actitud hostil con el presidente de la República
tiene un profundo arraigo cultural. De padre ausente, James se levantó como
casi todos los jugadores de fútbol del país: en medio de precariedades y
afugias económicas, vacíos emocionales y por supuesto ambientes familiares en
los que los libros y la lectura brillan por su ausencia.
Ahora que es millonario, el 10 de
la Selección de Fútbol se “da el lujo” de despreciar a la hija del jefe del
Estado, una menor de edad que hace rato se declaró fans de la Selección. James
es padre de una hija, vaya contradicción.
La actitud infantil del hábil zurdo-con
las manos, es de derecha- está ancorada a la doctrina que su amigo y admirado
expresidente Uribe impuso y naturalizó en el país: quien no está conmigo,
está contra mí; los hijos y los amigos de mis enemigos, son también mis
enemigos. De allí que el desprecio de Rodríguez hacia Antonella Petro se
explique porque James odia al presidente y a todo lo que él representa: a millones
de pobres, trabajadores, sindicalistas y docentes, entre otros, que se vieron beneficiados
con el incremento del salario mínimo en un 27%. Así las cosas, James Rodríguez
no irá al Mundial a representar a todos los colombianos, sino a aquellos que él
considera dignos de reconocimiento: la gente con plata y de derecha.
James Rodríguez es arribista y
clasista gracias al fútbol, el deporte espectáculo más popular del mundo, al que
siguen millones de pobres alrededor del mundo. Estar forrado en dinero no
asegura tener o desarrollar el llamado don de gente. James es la
constatación del sentido de realidad de esa sentencia.
Así como en las redes le están dando
con todo al 10 de la Selección, también hay que darle “periodicazos” al
presidente Petro por exponer a su hija menor ante varios de los patanes que Néstor
Lorenzo convocó. Bueno, no podemos olvidar que el técnico consideró llevar al
Mundial a Sebastián Villa,
patán de patanes. En un ambiente masculino
como ese, la patanería y el irrespeto a las mujeres resulta ser una cosa menor.
Por supuesto que ninguno de los
compañeros de James en la Selección se atreverá a llamarle la atención por haber
sido grosero con Antonella Petro; y mucho menos la Federación Colombiana de Fútbol
(FCF), entidad que ya tiene suficiente con tener que lidiar con la personalidad
de Ramón Jesurún.
Si se atreven, de pronto este semi dios se molesta, le da una rabieta y
abandona la concentración. O se va a los puños con quien ose hacerle ver lo mal
que quedó ante los colombianos. ¿Se atreverán los periodistas deportivos a
confrontarlo? Lo dudo, porque ellos están para adorarlos y cargarles la
alfombra roja sobre la que James no camina, levita. Algunos medios hablan de "incómodo momento" o de "gesto confuso".
James, jugas al fútbol y has logrado
cosas importantes a nivel de clubes. En la cancha te haces “grande”; por fuera,
sos diminuto. Ojalá los hambrientos de victoria de Uzbekistán y la República
Democrática del Congo te enseñen algo de humildad. Agrandado. Y no se olvide
que Colombia, a nivel de la Selección de Mayores, aún no ganó nada a nivel mundial.
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