viernes, 5 de junio de 2026

DIOS, HINCHAS DE LA SELECCIÓN Y JAMES RODRÍGUEZ

 


Por Germán Ayala Osorio

 

Las pasiones que mueve el fútbol en Colombia llevaron a cientos de colombianos, un 5 de septiembre de 1993, a retroceder en sus procesos evolutivos con el 5 a 0 que once “guerreros o héroes sin capa” le propinaron a la Selección Argentina en el Monumental de Núñez.  Un abultado, histórico y moral triunfo- una gesta, dijo la prensa deportiva- que no entregó título alguno. Bueno, sí, uno, a la “peor celebración”.

Ese comportamiento anómalo e incivilizado se repitió con matices en la final de la Copa América que perdieron con Argentina. Otro triunfo moral: quedaron subcampeones. Y hace pocas horas, esas mismas pasiones, mezcladas de clasismo, racismo, aporofobia, arribismo, arrogancia, patanería y supina ignorancia generaron un cisma en el colectivo de hinchas del seleccionado nacional. Fruto de esa ruptura, la figura de James Rodríguez fue quemada, incluida la “mona” de Panini y la costosa y oficial camiseta 10. Quemaron al ídolo de papel y arde su imagen en esas oscuras cuevas o trincheras llamadas redes sociales. De la reyerta discursiva participaron funcionarios del gobierno, políticos, tuiteros y columnistas.

Pero, así como las derrotas, los triunfos de la Selección, el comportamiento de la hinchada y la (de) formación política de los jugadores dicen mucho de lo que somos como sociedad, las canciones también aportan lo suyo. “Soñando con el abuelo” es un bambuco escrito por Luis Javier Piedrahita Gaviria, más conocido como Fausto. Si miramos la letra en perspectiva cultural, más bien parece una radiografía indeleble, una especie de papiro del que se desprenderán eternos memoriales de agravio, o un enorme espejo en el que cada cierto tiempo nos miramos para reconocer lo que verdaderamente somos como individuos y sociedad.

En medio de lo que llaman los medios polarización política y crispación ideológica, la iglesia católica a través de la Conferencia Episcopal en reiteradas ocasiones llamó a “desescalar el lenguaje, a respetar al otro”. A pocos días de la segunda vuelta presidencial, los enviados de Dios en la Tierra vuelven a pedir que se detenga la pugnacidad entre los candidatos presidenciales. Eso sí, se cuidan de advertir que un proyecto político defiende la vida y que el otro hará de la muerte su glorioso himno.

Sin duda alguna una encomiable exhortación que se desvanece y pierde sentido cuando leemos y cantamos “de la iglesia, suyo abuelo ya casi no queda nada, los curas que no son santos la quieren manipulada”. El silencio cómplice de varios purpurados frente a las inmorales prácticas pederastas y pedófilas de cientos de curas confirman la infausta radiografía del autor del bambuco. Los periodistas de CasaMacondo que investigaron a los degenerados sacerdotes son víctimas de persecuciones judiciales y amenazas de muerte. “Aquí el mundo está al revés… Al ladrón tratan señor, y al señor como un pirata…”.

La situación de la iglesia católica y de otras congregaciones que insisten en la existencia y la imperiosa necesidad de adorar a Dios nos recuerda la metáfora que Nietzsche le entregó al mundo hace marras: “Dios ha muerto”. Siglos después, y muy lejos del viejo continente, cientos de tuiteros confirman la muerte de un semidios llamado James. << “James es un nombre masculino de origen hebreo que significa "sostenido por Dios" o "Dios es misericordioso">>.

Los mismos hinchas que quemaron la figurita aseguran que con un par de golazos y la clasificación a cuartos de final en el Mundial será suficiente para que esa deidad llamada James resucite, así sea igual de arrogante y grosero al que le negó una fotografía y el saludo a Antonella Petro. Porque así somos. O quizás debamos preguntarnos como lo hizo Yunis Turbay en su libro ¿Por qué somos así?, ¿Qué pasó en Colombia?

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

DIOS, HINCHAS DE LA SELECCIÓN Y JAMES RODRÍGUEZ

  Por Germán Ayala Osorio   Las pasiones que mueve el fútbol en Colombia llevaron a cientos de colombianos, un 5 de septiembre de 1993, ...