Por Germán Ayala Osorio
En los tiempos de la Violencia,
conservadores y liberales pobres agitaron trapos y banderas azules y rojos para
defender disímiles ideas en torno a la vida y la operación del Estado; azuzados
por los líderes de los partidos Conservador y Liberal, cientos de miles murieron degollados y desollados. Se mataron entre ellos.
Sobre la erosión de esas ideas y
las muertes violentas de unos y otros, el Frente Nacional nació para ponerle
fin a las confrontaciones y después de 16 años terminó siendo el osario o la cárcava
en la que aún reposan las cenizas de aquella incipiente democracia y las hilachas
de esos dos símbolos de la intolerancia, ignorancia, la estupidez y el odio;
sentimientos que hoy siguen vigentes en el país atados ahora a la camiseta de
la Selección Colombia
y al uso político-electoral de la venerada prenda. Con los años, será también un trapo. Hasta una jueza de la República
entró a terciar en las reyertas discursivas en torno a los contextos en los que
se exhibe la remera, como le dicen los argentinos. Muy seguramente su fallo sea reversado por la campaña presidencial afectada.
Mientras que la prensa deportiva,
la Federación Colombiana de Fútbol, los propios jugadores y el técnico Lorenzo insisten
en la manida idea de que la “Selección
nos une”, en las redes sociales por varias horas se calentaron los ánimos entre
quienes disculparon y defendieron a James Rodríguez por negarse a tomarse una
foto con Antonella Petro y aquellos que se le fueron encima al 10 de la
Selección por la actitud grosera y hostil con la que estrechó la mano del presidente de
la República e ignoró la petición de la jovencita que lo sigue y adora desde
temprana edad. Horas después del suceso,
la propia hija del presidente de la República grabó un video con el que dio por
superado el asunto y le confirmó al infantil James Rodríguez que ella sigue “amándolo”,
al igual que a la Selección. Se espera que, con ese mensaje de la reconocida adolescente,
cargado de sensatez y dignidad, cesen los ataques contra el 10 y la Selección, a pocos
días de iniciar su participación en el Mundial. ¿Tendrá James la gallardía de responderle el mensaje a Antonella?
Pareciera que como sociedad
incivilizada, clasista, aporofóbica y racista estamos condenados al uso de
trapos y camisetas para reconocernos y estigmatizarnos. Los que cuidan carros en
las calles y usan retales para ser reconocidos como excluidos y condenados al
rebusque y los que se ponen la camiseta oficial de la Selección
para exhibir poder adquisitivo -cuesta casi 400 mil pesos- comparten la misma
trágica historia política y las taras civilizatorias que logran matizarse
por algo más de los 90 minutos de un partido de fútbol. Ese es el tiempo
que nos dura la prometida comunión que acompaña a la naturalizada sentencia “la
Sele nos une”.
Sigamos hablando de trapos. Los rojos que sirven para
advertir que se lleva una “carga larga y ancha” bien podrían usarse cosidos a la
bandera nacional y las camisetas de la Selección con la frase: “transite y opine
bajo su responsabilidad, sociedad civilizada y democrática en construcción”.
Que inicie el Mundial y debute la
Selección
contra el combinado de Uzbekistán. Sin importar el resultado, los periodistas y
narradores deportivos insistirán en el sentimiento patriótico- patriotero- con
el que simulamos que nos amamos, cuando ad-portas de la segunda vuelta presidencial
está claro que estamos divididos y que nos odiamos a muerte. Si la Selección es
eliminada- como esperan los que criticaron a James-, la costosa camiseta original
y las “chiviadas” terminarán convertidas en trapos desechables. Otros las guardarán para
sacarlas nuevamente dentro de cuatro años, porque la violencia, física y simbólica y el sueño mundialista, devienen perennes en el país del Desangrado Corazón.
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