Por Germán Ayala Osorio
Una de las peores prácticas
periodísticas es la autocensura. Puede, en precisos contextos y coyunturas, ser
igual o más dañina que la censura oficial. Noticieros de televisión de RCN,
Caracol y Teleantioquia llevan varios días sin referirse a un hecho noticiable
que cumple con todos los criterios para convertirse en un hecho de interés
nacional: la Corte Suprema de Justicia ratificó la condena contra el
hermano del expresidente Álvaro Uribe Vélez por homicidio agravado. Se
trata de Santiago Uribe Vélez, líder del grupo paramilitar Los 12 Apóstoles que
operó y asesinó civiles en Yarumal, Antioquia.
En la parte resolutiva del histórico
y ejemplarizante fallo se lee: “Confirmar la sentencia proferida el 25 de
noviembre de 2025 por el Tribunal Superior de Antioquia, mediante la cual
condenó a Santiago Uribe Vélez como coautor penalmente
responsable de concierto para delinquir agravado y homicidio agravado, como
concurso de delitos de lesa humanidad”.
Semejante decisión judicial,
sobre la que no queda recurso judicial al que pueda apelar la defensa de Santiago
Uribe Vélez, ameritaría por lo menos dos días de abordaje periodístico, la
apertura de emisiones y la exposición de conexiones con la actual coyuntura electoral.
Claramente las grandes empresas mediáticas, hoy convertidas en actores
políticos que apoyan la candidatura del ultraderechista Abelardo de la
Espriella, asumieron la autocensura como una acción política (editorial) para proteger
la imagen de la familia Uribe Vélez, del uribismo y la del propio candidato presidencial
de la ultraderecha, en la medida en que éste último en el pasado defendió la
inocencia de Santiago Uribe; también fue el apoderado de agentes paramilitares.
“De la Espriella defendió en
el pasado a líderes de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). ha defendido
a paramilitares como Jorge Visbal Martelo (condenado por nexos con AUC),
parapolíticos como Rocío Arias y Eleonora Pineda, y figuras ligadas al
narcotráfico y estafas como David Murcia Guzmán (DMG) y redes asociadas a Alex
Saab. Investigaciones periodísticas revelan vínculos empresariales con familias
de ‘Comandante Barbie’ (narcoparamilitar), incluyendo sociedades en ron y vino”.
Frente al caso de Santiago Uribe
Vélez, De la Espriella, en 2024, dijo lo siguiente: “Décadas de narrativa y
propaganda mamerta se derrumban con pruebas. También se hace justicia cuando se
absuelve al inocente: Santiago Uribe pasó la mitad de su vida defendiéndose de
un montaje. ¿Quién le devolverá a la familia Uribe Vélez la tranquilidad
perdida en tantos años de persecución y difamación... El principal mentiroso y
armador de “pasteles” es el jefe de la mafia, Gustavo Petro...”.
Desestimar semejante hecho
noticiable constituye una vulgar acción de autocensura que pone en tela de
juicio la independencia, el profesionalismo y la seriedad de los referidos
medios masivos que, junto a otros, pasaron de agache frente a un fallo histórico
que confirma la existencia del grupo paramilitar Los 12 Apóstoles y la responsabilidad
del hermano del expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez en la operación
de esa estructura criminal.
La autocensura en la que incurren
los medios masivos manda un negativo mensaje a los estudiantes de las escuelas
de periodismo, en la medida en que en muchas facultades de comunicación
social-periodismo se insiste en decirles a los estudiantes que deben actuar con
rigurosidad, objetividad y transparencia, principios deontológicos proscritos
al momento en el que la autocensura se asume como práctica institucional.
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