Por Germán Ayala Osorio
Se acerca la segunda vuelta y aún
no sucedió algo extraordinario que permita pensar que la remontada del Pacto
Histórico está asegurada o que la campaña de la ultraderecha
aumentará la ventaja lograda en la primera vuelta.
Muchos piensan que un debate televisado
entre Cepeda y De la Espriella puede ser el punto de quiebre que favorezca al
candidato del gobierno por una razón evidente: es discursivamente superior
al vocinglero agente del uribismo y de los sectores más retardatarios del
Establecimiento.
Podría también jugar a favor del
abogado que considera que la ética nada tiene que ver con el derecho por
la fina y efectista manipulación de parte de los medios hegemónicos y redes
sociales de su estética metrosexual, incluidas por supuesto sus costosas pintas
(el outfit que llaman), la imagen postiza y el maquillaje que de manera
perfecta esconde los rasgos o las “rayas” del pérfido espíritu de sus patrocinadores
que encaja muy bien con el de quien prometió reducir el tamaño del Estado,
dolarizar la economía y eliminar varias instituciones públicas. Y lo más
preocupante, “destripar” a todo lo que huela a izquierda, a derechos humanos y
cuidado de la biodiversidad.
La figura del “Tigre” debe asociarse
a la condición de gran depredador que ostenta el felino. Aunque en Colombia no contamos
con la presencia del feroz animal, ello no es óbice para pensar que quienes acompañan
a De la Espriella constituyen una fuerza capaz de depredar valiosos ecosistemas
naturales e incluso el erario. Y el mismo candidato se ha mostrado proclive a
dar violentos zarpazos a la constitución y a los derechos humanos. Cambiemos de
tercio.
Cepeda estuvo ayer en el Oriente
de Cali y volvió a referirse al expresidente y expresidiario Álvaro Uribe. Esta
vez, por el caso de su hermano, Santiago,
cuya condena por crímenes de lesa humanidad ratificó la Corte Suprema de Justicia.
El senador y candidato presidencial insiste en el error de mentar a Uribe Vélez
en sus intervenciones públicas cuando el objetivo electoral y político es el
candidato de Fenalco, Gilinsky, terratenientes y por supuesto el de Uribe. Aunque
en este caso el Gran Titiritero no tendrá el dominio absoluto sobre Abelardo de
la Espriella- como sí sucedió con Iván Duque-, intentará mover algunos hilos de
quien claramente será el “muñeco o títere” de los sectores de la derecha neoliberal.
¿Será el abogado cordobés un Duque 2? Sobre esto último Cepeda podría aportar a
la narrativa que exponga los enormes riesgos de un gobierno neoliberal
abelardista igual o parecido al de Iván Duque Márquez.
Para derrotar en segunda vuelta a
De la Espriella
hay que ir a buscar a quienes no salieron a sufragar el 31 de mayo e incluso a
los que hace años no votan. En la llamada Colombia profunda están los votos
silenciosos y otros que no llegaron a las urnas por asuntos logísticos (no hubo
transporte e incluso otras variables). No es recomendable hacer cuentas alegres
con los votos de Fajardo,
Claudia López, Roy Barreras y mucho menos con los del nuevo tibio Juan Daniel
Oviedo, el remplazo del primero de esta corta lista.
Entre tanto, el presidente Petro
sigue jugando con el lenguaje y el marco legal-se trata de una prohibición ridícula-
que le impide participar en política electoral. Dicen algunos analistas y
comentaristas que esas intervenciones discursivas del jefe del Estado afectan
negativamente a la campaña de Cepeda. Es posible. Lo que está haciendo Petro es
advertirle a la derecha uribista, abelardista
y destripadora que, de triunfar De la Espriella en segunda vuelta, como expresidente
de la República está decidido a irse a las calles a defender su obra de
gobierno y a su pueblo: “Me voy a la calle con mi pueblo. De pronto puedo
hacer más en la calle”, espetó recientemente.
La izquierda tendrá un líder opositor
de kilates que usará su cuenta de X para mover la opinión y dirigir a la
bancada del Pacto Histórico en el Congreso. Mientras que la derecha asiste al
marchitamiento natural del expresidente Uribe,
golpeado, además, por la condena contra su hermano Santiago; y quizás esté preocupado
por el proceso en Fiscalía por las masacres de la Granja y El Aro perpetradas
cuando fungió como gobernador de Antioquia.
Ya casi es 21 de junio para que
se termine esta angustiante campaña. Ese domingo, gane quien gane, los
enfrentamientos y la violencia discursiva en las calles y redes sociales
continuará por una razón: nos
odiamos. El Mundial servirá para bajarle a la calentura
política que ya tocó las huestes de la Selección
por cuenta de la fatua e infantil actitud de James Rodríguez
y de varios de sus compañeros que confirmó el nivel de animadversión que sienten
hacia Petro y el progresismo.
Adenda: constituye un acto
de cobardía
e irresponsabilidad votar en blanco. No solo porque ese voto no es vinculante
en segunda vuelta, sino porque más allá de las diferencias ideológicas y los errores
cometidos por el gobierno Petro, el proyecto de país que encarna Abelardo de la
Espriella es retardatario, violento y profundamente antidemocrático.
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