lunes, 8 de junio de 2026

UN MENSAJE PARA LOS APOROFÓBICOS

 



Por Germán Ayala Osorio

 

La aporofobia es un sentimiento y/o una actitud prejuiciosa propia de aquellos que, en un intento desesperado, tratan infructuosamente de olvidar de dónde salieron, de dónde vienen y de las dificultades económicas que padecieron en el entorno familiar. La conciencia de clase en cientos de miles de colombianos aporofóbicos es una materia pendiente, fruto de la consolidación del individualismo que les permite tomar distancia de los problemas de su propio país. Y desde ese parapeto ideológico suelen otear lo que pasa en el país, sin tratar de comprender las circunstancias contextuales, incluida la concentración de la riqueza en pocas manos y la operación de un Establecimiento mafioso y criminal, que producen y reproducen la pobreza y los pobres que tanto odian, desprecian y temen. Y cuando las reconocen, deciden soslayarlas para sentir que tienen la razón porque el pobre es pobre porque quiere. Aquello de “salir adelante y soy exitoso” en medio de millones que sufren y llevan una vida miserable no deja de ser una mentira desde una perspectiva humanística.

Los aporofóbicos arrastran problemas no resueltos alrededor de los efectos psicológicos dejados por penurias financieras de su atormentado pasado. Odiaron la pobreza de sus padres, al tiempo que ignoran que ella es el origen de su desprecio y miedo hacia los pobres con los que se topan a diario en calles, andenes, semáforos y avenidas; desconocen también que esa actitud aporofóbica los llevó y llevará a votar en segunda vuelta por el candidato presidencial de la ultraderecha neoliberal, Abelardo de la Espriella Otero, el más genuino aporofóbico colombiano que levita perfumado e inflado por el olor de costosas marcas de ropa; un excelso catador del arribismo, el clasismo y el racismo de aquellos que lo aplauden a rabiar, seducidos por su belicoso discurso, con los que comparten el desprecio por las tristes realidades de una sociedad insolidaria que aprendió a odiarse así misma.

Se consideran exitosos porque tienen avión privado, visten costosas pintas (outfit) y perfumes; o porque viajan por el mundo no para aprender formas modernas y civilizadas de estar, sino para escapar, así sea por unos días o meses, de las vergonzantes realidades que los acomplejan y “atacan” al recordar que son, para unos, despreciables “sudacas”, o para otros, insignificantes “latinos” a merced de los fascistas de ICE o de otras autoridades migratorias.

Vivir por largo tiempo en las burbujas individuales los hace sentirse cercanos a las maneras de una élite admirada. Al intentar dejar de ser clase subordinada, fácilmente caen en la falsa conciencia. Ignorar las desigualdades sociales, temer y odiar a los pobres da cuenta de ese engañoso estado mental que varios marxistas llamaron conciencia falsa o falsa conciencia.

Si Usted viene de abajo y es hijo de madres y padres campesinos, mecánicos, choferes, modistas y cuanto oficio ejercido por los que hacen parte de comunidades subalternas, está obligado ética y moralmente a votar en contra de Abelardo de la Espriella. No importa si Usted hoy tiene maestrías o doctorados; o trabajó en multinacionales o tiene un empleo en una de esas corporaciones responsables en grado sumo de la reproducción de las injusticias locales, regionales y mundiales; si es coherente, debe negarse a sufragar a favor del ladino candidato de la ultraderecha neoliberal.

Hay que votar por quien va a seguir intentando sacar de la pobreza y la miseria a nuestros connacionales: Iván Cepeda;  y no por quien oficiará como el servil lacayo de Trump o el dócil siervo de una élite igualmente aporofóbica a Usted: Abelardo de la Espriella, el "Tigre de Temu". 

Adenda: soy hijo de madre modista y de padre mecánico, tractorista y almacenista.  Esto último lo estudio en el Sena. Inteligentes ambos, berracos y amorosos sacaron adelante a tres hijos. Honro su memoria y perfiles votando siempre en contra de candidatos serviles, neoliberales, violentos, machistas, misóginos y aporofóbicos. 

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