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lunes, 10 de agosto de 2026

TERREMOTO, DIOS Y POLÍTICA

 



Por Germán Ayala Osorio

Los terremotos son eventos naturales que hacen parte de las dinámicas de ese gran ecosistema que llamamos Tierra, que se comporta como un sistema único y autorregulado, formado por componentes físicos, químicos, biológicos y humanos. (Lovelock, 2007). Como especie dominante, construimos relaciones ambivalentes con la Naturaleza: admiramos y disfrutamos la belleza de sus paisajes e incluso expresamos amor y placer, y a pesar de que insistimos en dominarla y transformarla hasta llevar al límite su capacidad de autorregulación, nos sentimos infinitamente pequeños y frágiles frente a su poder de devastación de todo lo que el ser humano construyó. Las heladas, los incendios forestales subterráneos, sequías, deshielos y por supuesto los movimientos telúricos como el que ocurrió en Colombia este 10 de agosto hacen parte de ese abanico de posibilidades a través de las cuales el planeta habla y se manifiesta. El asunto de fondo está en desde qué lugar trataremos de entender sus “mensajes”: desde la ciencia, la fe o la política.

Los científicos siguen calificando como “natural” a los terremotos y temblores. Esa lectura de todas maneras no impide establecer conexiones hipotéticas entre los efectos y las transformaciones que las actividades antrópicas altamente disruptivas vienen dejando en esas finas relaciones que hacen del planeta un ecosistema complejo. Quizás el fracking no tenga conexión alguna, por lo menos directa, con estos específicos movimientos telúricos de gran impacto y más lejos aún estarían los efectos, visibles e invisibles, de actividades como la minería a gran escala, el secamiento y fractura de los acuíferos y los millones de metros cúbicos de agua embalsada, así como el cambio climático de origen exclusivamente antropogénico. Eso sí, hay pruebas de que el fracturamiento hidráulico sí tiene incidencia en la ocurrencia de temblores de menor magnitud al ocurrido hoy 10 de agosto. ¿Insistirá el gobierno de Abelardo en cumplir la promesa de campaña de "fracking a lo que marque"?

Volvamos a los “mensajes” de la Naturaleza. La prensa tiene una enorme responsabilidad en las maneras simplistas, irracionales e irresponsables con las que suelen interpretar eso que nos “quiere decir” la Naturaleza. Titulares del pasado como “la Naturaleza se ensañó o castigó” contribuyen a la consolidación de esas relaciones ambiguas y duales entre el ser humano y el planeta. Peor resulta cuando a esa ambigüedad llegan las creencias y la fe religiosa.

En varios de los videos que se hicieron virales escuchamos rezos, plegarias y peticiones a Dios para que detuviera el terremoto. El miedo a perder lo material e incluso la vida, confirma que esas relaciones ambiguas, contradictorias o duales que hemos construido con el planeta nos alejan de la necesidad de entender que somos una especie más dentro de esa constelación de relaciones y conexiones que llamamos naturaleza, que lleva millones de años configurándose y reconfigurándose. En varios trinos desafortunados, usuarios de la red X asociaron el terremoto de 7.4 que sacudió a Cali, al Valle del Cauca, a Pereira, Manizales y al Chocó con el inicio del gobierno de Abelardo de la Espriella. En su posesión, el therian presidente mandó un peligroso mensaje a los colombianos al poner a la Biblia, a Dios, a la Virgen y al Sagrado Corazón de Jesús por encima de la laicidad del Estado.

El terremoto sacudió la infraestructura y la vida de millones de colombianos, al tiempo que fue usado para alborotar a esos sectores de la opinión pública interesados en mantener al rojo vivo el odio entre petristas y abelardistas.  No podía faltar en ese contexto de pugnacidad ideológica el trino de la activista Jerome Sanabria quien usó una frase de Javier Milei en contra de los zurdos para advertir sobre la ocurrencia del temblor. Aunque borró el indignante trino y luego ofreció públicas disculpas, la conexión establecida entre el acto de habla del presidente de la Argentina y el terremoto resultó a todas luces inconveniente.

Más allá de esa pugnacidad entre izquierda y derecha, en lo que hay que pensar ahora es en atender a los damnificados, sin dejar de cuestionar asuntos que rodean la presencia dominante del ser humano. Dos de esos asuntos son la codicia y el desarrollo extractivista sin límites ético-ecológicos y socioambientales. Y por supuesto revisar si se están cumpliendo en el país las normas de sismorresistencia en la construcción de clínicas, unidades residenciales y aeropuertos que colapsaron.

Termino con lo expresado por Lovelock: “la Tierra se autorregula y su capacidad de auto regulación está fallando y como sistema abierto, el sistema de la Tierra avanza hacia un estado crítico que pone y pondrá en lo consecutivo en riesgo a todas las formas de vida que hoy alberga” (Lovelock, 2007, p. 23).

 

Adenda: las formas en política siempre serán clave. Resulta inconveniente que el presidente de la República se apreste a informarle al país sobre decisiones administrativas para enfrentar los desafíos humanos que deja el terremoto, lanzando besos y con el ridículo saludo militar y lo que es peor, esbozando una sonrisa. No. Señor De la Espriella, Usted no está montado en una carroza, dirige una nación. Ya no está en campaña. Y como lo suyo parece ser la actuación, entonces asuma con seriedad el papel de jefe del Estado.


Imagen tomada de El País de Cali. 

TERREMOTO, DIOS Y POLÍTICA

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