Por Germán Ayala Osorio
Los terremotos son eventos
naturales que hacen parte de las dinámicas de ese gran ecosistema que llamamos
Tierra, que se comporta como un sistema único y autorregulado, formado por
componentes físicos, químicos, biológicos y humanos. (Lovelock, 2007). Como
especie dominante, construimos relaciones ambivalentes con la Naturaleza: admiramos
y disfrutamos la belleza de sus paisajes e incluso expresamos amor y placer, y
a pesar de que insistimos en dominarla y transformarla hasta llevar al límite su
capacidad de autorregulación, nos sentimos infinitamente pequeños y frágiles
frente a su poder de devastación de todo lo que el ser humano construyó. Las
heladas, los incendios forestales subterráneos, sequías, deshielos y por supuesto
los movimientos telúricos como el que ocurrió en Colombia este 10 de agosto hacen
parte de ese abanico de posibilidades a través de las cuales el planeta habla y
se manifiesta. El asunto de fondo está en desde qué lugar trataremos de
entender sus “mensajes”: desde la ciencia, la fe o la política.
Los científicos siguen calificando
como “natural” a los terremotos y temblores. Esa lectura de todas maneras no impide
establecer conexiones hipotéticas entre los efectos y las transformaciones que
las actividades antrópicas altamente disruptivas vienen dejando en esas finas relaciones
que hacen del planeta un ecosistema complejo. Quizás el fracking no
tenga conexión alguna, por lo menos directa, con estos específicos movimientos
telúricos de gran impacto y más lejos aún estarían los efectos, visibles e invisibles,
de actividades como la minería a gran escala, el secamiento y fractura de los
acuíferos y los millones de metros cúbicos de agua embalsada, así como el
cambio climático de origen exclusivamente antropogénico. Eso sí, hay pruebas de
que el fracturamiento hidráulico sí tiene incidencia en la ocurrencia de
temblores de menor magnitud al ocurrido hoy 10 de agosto. ¿Insistirá el gobierno de Abelardo en cumplir la promesa de campaña de "fracking a lo que marque"?
Volvamos a los “mensajes” de la
Naturaleza. La prensa tiene una enorme responsabilidad en las maneras
simplistas, irracionales e irresponsables con las que suelen interpretar eso
que nos “quiere decir” la Naturaleza. Titulares del pasado como “la
Naturaleza se ensañó o castigó” contribuyen a la consolidación de esas relaciones
ambiguas y duales entre el ser humano y el planeta. Peor resulta cuando a esa ambigüedad
llegan las creencias y la fe religiosa.
En varios de los videos que se hicieron
virales escuchamos rezos, plegarias y peticiones a Dios para que detuviera el
terremoto. El miedo a perder lo material e incluso la vida, confirma que esas
relaciones ambiguas, contradictorias o duales que hemos construido con el
planeta nos alejan de la necesidad de entender que somos una especie más dentro
de esa constelación de relaciones y conexiones que llamamos naturaleza, que
lleva millones de años configurándose y reconfigurándose. En varios trinos
desafortunados, usuarios de la red X asociaron el terremoto de 7.4 que sacudió
a Cali, al Valle del Cauca, a Pereira, Manizales y al Chocó con el inicio del gobierno
de Abelardo de la Espriella. En su posesión, el therian presidente mandó un
peligroso mensaje a los colombianos al poner a la Biblia, a Dios, a la Virgen y
al Sagrado Corazón de Jesús por encima de la laicidad del Estado.
El terremoto sacudió la
infraestructura y la vida de millones de colombianos, al tiempo que fue usado
para alborotar a esos sectores de la opinión pública interesados en
mantener al rojo vivo el odio entre petristas y abelardistas. No podía faltar en ese contexto de pugnacidad
ideológica el trino de la activista Jerome Sanabria quien usó una frase de
Javier Milei en contra de los zurdos para advertir sobre la ocurrencia del
temblor. Aunque borró el indignante trino y luego ofreció públicas disculpas, la
conexión establecida entre el acto de habla del presidente de la Argentina y el
terremoto resultó a todas luces inconveniente.
Más allá de esa pugnacidad entre
izquierda y derecha, en lo que hay que pensar ahora es en atender a los
damnificados, sin dejar de cuestionar asuntos que rodean la presencia dominante
del ser humano. Dos de esos asuntos son la codicia y el desarrollo
extractivista sin límites ético-ecológicos y socioambientales. Y por supuesto revisar
si se están cumpliendo en el país las normas de sismorresistencia en la
construcción de clínicas, unidades residenciales y aeropuertos que colapsaron.
Termino con lo expresado por
Lovelock: “la Tierra se autorregula y su capacidad de auto regulación está
fallando y como sistema abierto, el sistema de la Tierra avanza hacia un estado
crítico que pone y pondrá en lo consecutivo en riesgo a todas las formas de
vida que hoy alberga” (Lovelock, 2007, p. 23).
Adenda: las formas en
política siempre serán clave. Resulta inconveniente que el presidente de la
República se apreste a informarle al país sobre decisiones administrativas para
enfrentar los desafíos humanos que deja el terremoto, lanzando besos y con el ridículo
saludo militar y lo que es peor, esbozando una sonrisa. No. Señor De la
Espriella, Usted no está montado en una carroza, dirige una nación. Ya no está
en campaña. Y como lo suyo parece ser la actuación, entonces asuma con seriedad
el papel de jefe del Estado.
Imagen tomada de El País de Cali.