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martes, 1 de septiembre de 2026

CENSURA EN LA PATRIA MILAGRO



Por Germán Ayala Osorio

 

El cierre de un medio de comunicación, cualquiera sea su orientación o agenda política y por supuesto sus intereses corporativos, grupales, o comunitarios, constituye un fracaso tanto para la sociedad moderna como para la democracia. Y por supuesto, es un golpe al periodismo como oficio, a los periodistas que dependen económicamente del medio en el que trabajan y a la construcción de una opinión pública plural en un país en el que históricamente la derecha siempre manejó a la prensa tradicional con el objetivo de mantener la legitimidad  del viejo Establecimiento.

La salida del aire del programa radial en Blu radio dirigido por Camila Zuluaga tiene un tufillo de censura oficial-empresarial motivada en la ya probada y evidente animadversión que dejó ver el entonces candidato presidencial y hoy jefe del Estado, Abelardo de la Espriella hacia los periodistas que se atrevieron a preguntarle por sus relaciones cercanas con los líderes paramilitares durante el mentiroso proceso de paz que adelantó Uribe con esas estructuras criminales;  el manejo del caso DMG (David Murcia Guzmán) y por los negocios que de acuerdo con versiones periodísticas sostuvo con Alex Saab, testaferro del régimen de Nicolás Maduro Moros. Saab está procesado en los Estados Unidos por varios delitos federales. Incluso, la misma Zuluaga contó al aire que durante la campaña presidencial, De la Espriella le ordenó a su equipo de asesores no atender los llamados de la periodista.

Tanto Zuluaga, como su compañera en la mesa de trabajo periodístico, Ana Cristina Restrepo, resultaron incómodas para De la Espriella lo que explicaría la decisión del presidente de la compañía, Gonzalo Córdoba, de cerrar el espacio de análisis e información. También hacía parte del programa Sebastián Nhora. Por supuesto que la variable económica juega a favor de quienes tomaron la decisión: las audiencias han mutado y cambiado, sin duda alguna, lo que se traduce en menores ganancias, pero el factor ego-político ronda también a esa misma decisión. Trascendió a los medios que De la Espriella se reunió con miembros de la familia Santo Domingo para expresar su molestia con las dos periodistas. 

Mañanas Blu, dirigida por Néstor Morales se mantiene al aire porque las directivas de la compañía y los propios periodistas de esa mesa de trabajo decidieron hincarse ante el poder del presidente de la República. Morales y Zuleta muy seguramente lo hicieron por convencimiento. Eso sí, hay que recordar que durante los cuatro años del anterior gobierno “probaron finura” con los propietarios de la cadena radial y el propio De la Espriella: atacaron sin piedad al presidente Petro; lo hostigaron y les alcanzó hasta para reírse de los “cachos” que, de acuerdo con ellos, le puso la novia del expresidente progresista. Ese comportamiento, muchas veces alejado de la deontología del oficio, les aseguró la permanencia al aire a pesar del rechazo que genera en segmentos de la opinión porque dejaron de actuar como periodistas para convertirse en estafetas de la derecha y ahora en defensores a ultranza del gobierno del pastor-presidente. El Heraldo fue el primer medio, en campaña, en declararse abelardista.

La salida del aire de los señalados periodistas deja serias dudas sobre el talante democrático del jefe del Estado, que en menos de un mes de estar al frente del gobierno cerró 21 emisoras comunitarias fruto del Acuerdo de Paz entre el Estado y las Farc-Ep. A esas actuaciones las precede acciones legales contra periodistas independientes y críticos del pasado de Abelardo de la Espriella, asumidas por la FLIP y abogados como hostigamientos judiciales que afectan las libertades de prensa y opinión. Hablo de los periodistas Gonzalo Guillén y Julián Martínez, así como del realizador de la serie Matarife, Daniel Mendoza Leal.

Lo sucedido a Camila Zuluaga y Ana Cristina se veía venir. Ellas mismas, al aire, advirtieron que había gente muy poderosa interesada en sacarlas de circulación. Ese momento, curiosamente, llegó apenas comenzando el gobierno de De la Espriella. Vaya coincidencia.



Lo sucedido con Zuluaga y Restrepo también tiene un componente de misoginia: en Colombia siguen existiendo hombres poderosos que no resisten que existan mujeres capaces de confrontarlos públicamente.

El unanimismo ideológico y político que vivimos durante los ochos años del gobierno de Uribe está siendo superado por Abelardo de la Espriella. Lo más probable es que esa persecución ideológica y la revisión de la moral de eventuales nuevos funcionarios públicos se siga extendiendo a universidades privadas y públicas que intenten acercarse al gobierno.

Los desnombramientos de Sepúlveda del DNP, de Carolina Soto de la Cámara Colombiana de la Infraestructura (el clan Char busca poner una ficha al frente de la CCI) y de Hannah Escobar, abelardista, pero proaborto, dan cuenta de que la instalación de la policía moral en el país es una realidad. Esos desnombramientos no constituyen propiamente actos de censura oficial como la salida de los tres periodistas aquí señaladas, pero sí hacen parte de la depuración ideológica y moral que ya practican los agentes creadores y defensores de la Patria Milagro.

Pensar diferente nunca resultó tan incómodo como ahora. Y no ha completado el mes al frente del Estado y ya está gobernando con periodistas-estafetas que deben sí o sí, doblar las rodillas porque en el fondo están cuidando la lonchera y la visibilidad que les dan los medios tradicionales.

El cierre del programa radial expuso con claridad las dificultades para consolidar en el país un gremio de periodistas que, antes que defender empresas y patrocinadores, luche por los derechos de los periodistas y defienda las libertades de prensa y de opinión, hoy en vilo y coartadas desde la Casa de Nariño (sede de Barranquilla). Imagino que a Morales y a sus compañeros les prohibieron referirse al cierre del espacio de Zuluaga y Restrepo. La solidaridad no es un valor tradicional dentro del gremio de periodistas. Por el contrario, hay disputas, odios, envidias y sobre todo una incontrastable incapacidad para la autocrítica. Y ni para qué hablar del miedo que sienten cuando los poderosos los rondan.

Quedan cuatro años. El mensaje es claro para docentes, periodistas y funcionarios o aspirantes a llegar al servicio público: bajan el perfil o se disciplinan, es decir, se alinean con el gobierno, o sentirán lo "duro que muerde el tigre" o simplemente serán víctimas del poder que baja hacia las oficinas de recursos humanos en donde te dicen “aquí le tenemos su bono: “bono” trabajas más aquí”.

Adenda: el portal La Silla Vacía informó que el gobierno únicamente "dará ruedas de prensa a medios amigos". https://www.lasillavacia.com/en-vivo/presidencia-solo-dara-ruedas-de-prensa-a-medios-que-sean-sus-amigos/



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