Por Germán Ayala Osorio
El Heraldo hizo público su
respaldo al candidato presidencial Abelardo de la Espriella. La postura que
asume la casa editorial puede ser asumida como un ejemplo de “transparencia política
e informativa” frente a sus lectores y en general con las audiencias.
Con dicha decisión el medio
informativo deja de lado su rol periodístico para priorizar la condición de actor
político con todo y los riesgos que aparecerán al momento de criticar las
decisiones que Abelardo de la Espriella adopte en su calidad de presidente de
la República.
Eso sí, ese respaldo tiene unas implicaciones
ético-políticas que, para el caso, terminarán por afectar la credibilidad de un
medio que decide apoyar a un candidato presidencial que interpuso más de 109 demandas
contra periodistas por haber confrontado sus actividades de abogado defensor de
bandidos y recientemente por sus relaciones con Alex Saab, ficha clave del sucio régimen venezolano, hoy en manos de la justicia gringa. De la Espriella demandó
a la columnista Cecilia Orozco Tascón por llamarlo “filipichín”. Ese es el talante del abogado.
Con su decisión, El Heraldo
minimiza el acoso judicial que De la Espriella viene implementando en contra de
colegas, al tiempo que legitima las acciones judiciales del candidato
presidencial. En lugar de solidarizarse con los periodistas demandados por hacer
uso del derecho a la libre expresión y en ejercicio de la libertad de prensa,
El Heraldo se pone del lado de quien podría convertirse en presidente de la
República. Grave. Inconcebible. Con su respaldo al candidato de la ultraderecha
neoliberal, rentista, precapitalista y violenta, El Heraldo aseguraría que el
abogado “picapleitos” no demandará a los periodistas que decidan criticar sus
decisiones como jefe del Estado.
A El Heraldo “le valió mondá”
el vergonzoso episodio en el que el candidato presidencial intimidó y acosó “al
aire” a una periodista para que examinara una fotografía en la que, según el propio
abogado, se le “veía grande el paquete” (léase, la verga o mondá). Y si a Usted
le parece vulgar el uso de aquellos vocablos, permítame decirle que así de obscena,
sicalíptica y hedionda es la decisión editorial del medio de acompañar
electoral, periodística y políticamente al perfumado abogado que considera que “la
ética nada tiene que ver con el derecho”.
Lo curioso y contradictorio es que la directora de El Heraldo, Erike Fontalvo, hasta hace poco más de una semana despotricaba de Abelardo de la Espriella. En su cuenta de X, la periodista espetó: "Discursos estigmatizantes, machistas o misóginos contra la prensa enrarecen el ambiente- ya hostil- de la campaña. El candidato De la Espriella equivoca su proceder y asegura munición política a sus adversarios, degradando el debate. En la recta final, cada acto tiene efectos".
Al parecer, a Fontalvo le dieron la orden desde el clan Char de cambiar de parecer y aceptar a regañadientes el apoyo editorial (político) al abogado "mata gatos". ¿El apoyo a De la Espriella de parte de El Heraldo es uno de los efectos de los que habló en su trino la editora? ¿Saldrá en los próximos días del cargo, a pesar de la evidente incoherencia ético-política en la que incurrió?
Aunque El Heraldo asegura
en su comunicado que no renunciará a cuestionar y exigirle cuentas a De la
Espriella, su condición de mensajero resulta problemática para un país en el
que las grandes empresas mediáticas llevan cuatro años tratando de deslegitimar
al gobierno Petro, a través de mentiras, tergiversaciones y tratamientos periodísticos
sesgados.
El Heraldo anunció públicamente
que será el mensajero, mandadero y estafeta del candidato presidencial y eventualmente
del próximo jefe del Estado. Eso sí, no hay mucha diferencia entre el anuncio
público del periódico barranquillero y los taimados apoyos que otros medios
vienen ofreciendo al aspirante presidencial de la ultraderecha. Al final, todos
juegan a la política para recibir millonarias sumas de dinero en pauta oficial.
Lo más probable es que desde la sala de redacción de El Heraldo se empiece
a escuchar el grito “Firme por la Patria”; o en su defecto, “Firmes por la
Pauta...oficial”.
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