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domingo, 19 de abril de 2026

¿ES EL PERIODISMO UNA GRAN MENTIRA?

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Hay periodistas a los que les encanta codearse con agentes de poder político y económico. Entonces, los saludan de beso y abrazos, y aceptan regalos e invitaciones a parrandas y almuerzos a restaurantes costosos. Aquí no se habla de acoso sexual o de tocamientos no consensuados, muy a propósito de los casos que ocurrieron al interior del noticiero Caracol.   

Justo en ese tipo de relaciones perniciosas la independencia, la autonomía y la manida objetividad periodística quedan engrilladas. El oficio pierde un periodista, el Establecimiento gana un estafeta-mandadero y las audiencias seguirán siendo engañadas por aquellos que después del “guayabo” siguen pontificando sobre la importancia de la independencia y la toma de distancia con las fuentes, mientras afinan las estrategias de autocensura al momento de tener que informar o criticar las actuaciones de aquellos politicastros y/o empresarios a los que les vendieron el alma. También escriben publirreportajes y los hacen pasar por "informes" periodísticos. 

Los periodistas que actúan de esa manera suelen mirar con desprecio a los colegas que saben ponerle límites a las relaciones con quienes les sirven de fuentes o que representan a instancias de poder económico y político que, de acuerdo con la deontología del oficio, deben ser vigiladas de cerca por aquellos que están detrás de un micrófono.

Esas relaciones perniciosas suceden en ambos espectros ideológicos. Esos tipos amancebamientos ocurren en la derecha y en la izquierda, siendo por supuesto más en evidente y común en las mesnadas uribistas que gobernaron por 20 años en un país cuya sociedad deviene moralmente confundida. Por supuesto que, si nos vamos más atrás, esas prácticas en las que la credibilidad periodística y la independencia se desvanecen en largas noches de parranda o en veladas en finos restaurantes siempre fueron de común ocurrencia.

Por ese tipo de situaciones es que el periodismo y en particular los periodistas entran a hacer parte de lo que se conoce como la “farsándula” criolla, en la que la hipocresía, los secretos a voces, la corrupción público-privada y los chismes de alcobas afianzan el imaginario negativo que existe alrededor del poder político.

En las últimas horas se volvió viral un video en el que aparece la periodista de Caracol, Vannesa de la Torre enrumbada con Alicia Arango, exsecretaria privada de Uribe, exministra de Iván Duque y jefe de debate de la campaña presidencial de Vicky Dávila. Justamente esa cercanía de la periodista con agentes del uribismo le hacen perder credibilidad y seriedad. Como diría el expresidente Uribe, “hay compañeros que no cuidan las comunicaciones”. Arango publicó el video y expuso a De la Torre al escarnio público por su cercanía con las huestes uribistas a las que está obligada a cuestionar y vigilar. Por ese tipo de videos es que es doloroso concluir que el periodismo es una gran mentira y que el ejercicio del poder político es el teatrino en el que se falsea la realidad de un país moralmente confundido, además de clasista y racista. 

Los y las periodistas que se ríen maliciosamente con las fuentes y comparten espacios privados le hacen un enorme daño al oficio. Eso sí, una vez entrados en esos “gastos de credibilidad e independencia” no hay forma de salirse o tomar distancia. Sin exagerar, se parece mucho cuando se entra al mundo de las mafias: es fácil entrar, pero difícil de salir.

Así que, estimado estudiante de periodismo o recién egresado, si realmente ama su oficio y sobre todo se respeta así mismo no acepte invitaciones y mucho menos salga a bailar con las fuentes. Es posible que suba de estrato, pero perderá lo más preciado: credibilidad y autonomía para vigilar y cuestionar a los que ostentan alguna forma de poder.




Imagen tomada de VIDEO DE VANESSA DE LA TORRE DE RUMBA CON ALICIA ARANGO - Búsqueda Imágenes

sábado, 28 de septiembre de 2024

LOS BANQUEROS QUE DESPRECIAN EL PERIODISMO

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Cuando un banquero compra un medio de comunicación con un prestigioso pasado periodístico para convertirlo en una plataforma ideologizada desde las que se crean narrativas mentirosas, engañosas o catastróficas, expone con claridad el desprecio que siente por el oficio y los periodistas; además, reduce la política y su ejercicio público a sus mezquinos intereses económicos. De esa manera se convierte en un agente de poder enemigo de la democracia, de la competencia empresarial y de todo lo que conlleva vivir bajo los imperativos morales adscritos a un Estado Social de Derecho y a una sociedad cuyos ciudadanos pretenden y le apuestan a ctúar bajo estándares propios de la Modernidad.

Los casos de El Tiempo y revista Semana resultan ejemplos claros de la anterior sentencia. Sarmiento Angulo compró el diario bogotano para convertirlo en una fábrica de narrativas catastróficas, mentirosas y engañosas con las que a diario buscan deslegitimar al gobierno de Gustavo Petro. A través de titulares tendenciosos y noticias falsas, El Tiempo se consolida como un actor político al servicio de una poderosa familia que maneja asuntos estratégicos como la construcción de vías y la venta de gas, entre otros negocios que convierten a Sarmiento Angulo en un gran mecenas electoral de aquellos candidatos de la derecha que estén dispuestos a mantener los niveles de privatización de la operación del Estado a través de concesiones.

Por estos días, varios medios de comunicación privados, incluidos El Tiempo y Semana vienen insistiendo en la narrativa que señala que, por culpa del actual gobierno, “el país deberá importar gas”. La respuesta del presidente de la República no se hizo esperar: “Están diciendo en la prensa que vamos a importar gas, es carreta, nosotros estamos importando gas desde hace años, lo que pasa es que el importador del gas es el dueño del medio que lo dice y los confunde”. Si no fuera por la activa presencia de Petro en la red X, millones de colombianos que consumen a diario lo que dicen cadenas radiales y de televisión, que replican lo que dicen El Tiempo y Semana, la narrativa engañosa se impondría como verdad absoluta. Medios alternativos han recogido las controversias entre el jefe del Estado y el periódico bogotano: “Petro desmiente a El Tiempo por nota sobre el carbón: ‘noticias desinformadoras’”

Lo mismo sucede con la revista Semana, comprada hace poco por la familia Gilinski. El pasado periodístico de la publicación hebdomadaria habla de una revista de investigación y opinión, ejemplo de periodismo. Hoy, por el contrario, Semana, dirigida por Victoria Eugenia Dávila es una plataforma ideologizada que usa la millonaria familia para deslegitimar y desprestigiar al gobierno Petro. Es más, los propietarios de la revista Semana están tratando de madurar a la fuerza la candidatura presidencial de la señora Dávila. Por ese camino, las instalaciones de Semana terminaron siendo un laboratorio del marketing político en donde se “lavan y se ensucian imágenes” de políticos, de acuerdo con los intereses políticos y electorales de los propietarios de la señalada publicación.

En el día de ayer, durante el Congreso de Fenalco, la directora de Semana intervino para insistir en su narrativa catastrofista. Ella misma, que funge como periodista y candidata presidencial, usa la plataforma digital de Semana para alojar en esta su discurso lleno de lugares comunes. El titular da cuenta del sentido de su diatriba contra el presidente de la República: “Petro es una “amenaza” y “unidos” debemos cuidar elecciones del 26”. Finalmente, el 7 de agosto de 2026 tengo fe que va a terminar esta horrible noche, Colombia tiene que volver a progresar, Colombia tiene que volver a cumplir sus sueños, no solamente soñar, hoy hasta de pronto los sueños se los han matado a los colombianos. No solo hay que soñar, hay que acostumbrarse a cumplir los sueños. Y lo vamos a lograr”.

En su cuenta de X, la estafeta de los Gilinski agradeció a Fenalco la invitación. “Dios les pague a Fenalco y a todos los comerciantes de Colombia…En tiempos turbulentos y difíciles sus abrazos y sus aplausos me llenan el alma. Tenemos que resistir. De esta salimos… Dios nos cuide”.

Entre Petro y Dávila hay un enfrentamiento ideológico, personal y político. La confrontación entre la candidata-periodista y el jefe del Estado la registró así un medio digital: “A esta señora la financia un grupo económico. Su tarea permanente es calumniarme. ¿Para qué? Para hacer política de extrema derecha. Sabe que la ideología extremista que difunde se basa en dos pilares: la mentira y el miedo. Sabe que la táctica comunicacional de la mentira la enseñó Goebbels. Sin embargo, el presidente no puede defenderse porque si no es él el que ataca. La víctima cambia de lugar”.

En ambos casos, el periodismo murió para darle paso a la propaganda gris y a otras formas discursivas usadas para engañar a las audiencias. Semana y El Tiempo dejaron de informar para hacer ideología. Y lo hacen, haciéndole creer a sus audiencias que solo existe una ideología, esto es, la de Petro, con la que, según ellos, toma decisiones de carácter económico que están afectando a los empresarios.

En la historia del periodismo jamás había sido tan evidente el desprecio que por el oficio periodístico profesan los señalados banqueros. La compra de las empresas mediáticas, claramente, no se dio para potenciarlas y consolidarlas como ejemplos de un periodismo serio, riguroso, “objetivo” y defensor de la democracia. Las circunstancias bajo las cuales hoy operan esos dos medios terminaron por erosionar todo lo que concierne a la ética. Ello se refleja en los tendenciosos y peligrosos tratamientos periodísticos dados a los hechos convertidos en noticia por El Tiempo y Semana. 

Adenda: sobre el asunto de la construcción de vías por concesión y los elevados costos de los peajes, dejo esta cita tomada de una presentación de Por Gonzalo Duque-Escobar*Manizales, 23 de marzo de 2020 (Aju. 2021)

“El Estado colombiano debiera de considerar que, si bien las APP se requieren para impulsar nueva infraestructura, el costo de privatizar los beneficios de la reducción en costos de transporte a través de peajes es enorme: por cada reducción porcentual del costo del transporte, la exportación e importación crecerían porcentualmente en promedio cinco veces– esto de conformidad con lo que señala el BID en su estudio “Destrabando las arterias… (2010)”.




jueves, 18 de enero de 2024

PERIODISMO INCISIVO SOLO CON EL GOBIERNO DE IZQUIERDA

 

Aunque se advierte un descenso considerable en el consumo de los hechos noticiosos creados por los medios masivos, en especial en la gente más joven, los efectos psico sociales de las empresas mediáticas sigue siendo alto en quienes aún consumen la información sin mayor capacidad crítica.

También es cierto que las redes sociales le hacen un fuerte contrapeso a la información noticiosa, en particular cuando esta deviene contaminada por los sempiternos intereses de los propietarios de los medios, sus editores y los de los anunciantes que pautan a diario.

Con la llegada del primer presidente de izquierda, la gran prensa capitalina, de la mano de los medios regionales, asumió la tarea de deslegitimar al gobierno de Gustavo Petro, como nunca se intentó hacer con gobiernos anteriores. Reconocidas empresas mediáticas como RCN, Caracol, Semana, El Colombiano, El País, Blu Radio, La W y La FM asumieron dicha tarea creando una agenda política compartida que tiene como objetivo debilitar al gobierno de Gustavo Petro e incluso, si posible, desestabilizarlo a través de fake news y tratamientos periodísticos-noticiosos amañados ideológicamente.

Los efectos psicosociales generados por las intrigas, análisis sesgados y las maliciosas interpretaciones de hechos y decisiones de gobierno, que a diario hacen los periodistas de esas casas periodísticas, serían mayores de no contar con las respuestas que el presidente Petro a diario hace de las notas que publican sobre sus actos de gobierno. De ahí la molestia de los comunicadores, que nunca encontraron en un presidente de la República que confrontara sus versiones e interpretaciones a través de la red X.

Lo cierto es que no hay día en el que dichas empresas informativas ataquen al gobierno, con o sin razón. Confrontar y molestar al poder es, sin duda alguna, una tarea clave e irrenunciable en el ejercicio periodístico. El problema radica cuando en el cumplimiento de esa tarea, se apela a la mentira y a sesgadas interpretaciones de los hechos que llaman la atención de la prensa. Ese comportamiento confrontacional de la prensa bogotana no se dio jamás con anteriores gobiernos, lo que permite concluir que efectivamente esas empresas mediáticas comparten un mismo objetivo: deslegitimar al gobierno de Petro y si es posible, desestabilizarlo.

Asistimos, entonces, a un ejercicio periodístico violento. Generar una opinión pública negativa y adversa constituye una forma de violencia discursiva que bien podría matizarse haciendo un ejercicio periodístico equilibrado, sensato y evitando las fake news.

Esos medios y periodistas que hoy hurgan en los gastos del gobierno en sus traslados y promociones de Colombia como el “país de la belleza”, guardaron silencio y aún mantienen el mutismo frente a casos de corrupción política en los que estuvieron comprometidos los nombres de varios políticos y banqueros. Por ejemplo,  el entonces presidente-títere Iván Duque y su señora madre, conocida en algunos medios como “la madrina”, en referencia a un caso de corrupción con los bienes de la SAE. Así mismo, con la escandalosa fortuna alcanzada por los hijos de Uribe en tan poco tiempo y las propias andanzas del expresidente y expresidiario antioqueño, con el que se cuidaron de confrontarlo directamente por asuntos como los falsos positivos, la apropiación irregular de un baldío, el mismo que devolvió no presiones de la prensa bogotana, sino por las del senador Wilson Arias Castillo; también, por el recibo de una millonaria suma de dinero de la política  Agro Ingreso Seguro; de igual manera, esas empresas mediáticas guardaron silencio frente a la corrupción del grupo AVAL, reconocida ante las autoridades americanas. Fue evidente la intención de los periodistas de esas empresas mediáticas de evitar el escándalo que supone debe darse ante el pago de coimas en la construcción de la Ruta del Sol 2 que se pagaron con la aprobación de directivos de ese grupo financiero y empresarial.  

Por estos días, varios medios radiales se dedicaron al tema de los costos del alquiler de la “casa Colombia” en Davos, Suiza y a la conmemoración del robo de la espada de Bolívar por parte del M-19.  En los tratamientos periodísticos de ambos casos, cayeron en exageraciones y lecturas amañadas. Periodistas como Néstor Morales, de Blu radio, cuñado del expresidente Iván Duque Márquez, todos los días deja ver su animadversión hacia todo lo que le huele a izquierda y progresismo. En la mesa de trabajo de Blu radio varios de sus compañeros hacen ingentes esfuerzos por generar un mal ambiente social y político en sus oyentes. Es decir, generar una opinión pública no solo adversa al gobierno de Petro, sino una que provoque desazón, rabia e incertidumbre en las audiencias.

No es posible que logremos en Colombia la reconciliación que se exige desde los micrófonos de Blu radio. En este punto, en la mesa de trabajo de Blu radio plantearon la necesidad de que el presidente Petro pidiera perdón por haberse levantado en armas en los años 70, en el marco del conflicto armado interno. De igual manera, por los hechos del Palacio de Justicia, toma de la que no participó el actual mandatario y el robo de la espada de Bolívar.  Morales, por ejemplo, solo ve los problemas en la izquierda. De manera maliciosa oculta la operación de la derecha como orilla ideológica y los daños culturales que dejaron en el país quienes militan en ese espectro ideológico: neoliberales como César Gaviria, Santos, Duque y Uribe Vélez. En particular, sobre la incontrastable corrupción política en los gobiernos de Uribe y Duque, la gran prensa bogotana y periodistas como Morales fueron cautelosos y nada incisivos.

La violencia discursiva en la que incurren a diario los señalados medios y periodistas es el mayor obstáculo para construir un mejor país y la anhelada reconciliación. La prensa afecta a los intereses del “viejo” régimen de poder en Colombia en buena medida es responsable de los niveles de violencia discursiva que se registran a diario en el país.

No se trata de que oculten lo que este gobierno viene haciendo mal y mucho menos, evitar exponer los casos de corrupción de los funcionarios. Lo que se les pide es rigor y sobre todo que la acción de confrontar a los poderosos se haga con todos, incluyendo a los Cacaos y propietarios de las empresas mediáticas. Comprar empresas mediáticas para poner a sus periodistas a taparles la corrupción y los pérfidos intereses de sus propietarios recrea el escenario propicio para que en Colombia opere la auto censura mediática y se logre así el empobrecimiento de la opinión pública y el ejercicio amañado- corporativo- del periodismo.



Imagen tomada de Semana.com

jueves, 20 de agosto de 2026

MAÑANAS BLU, EL DULCE SABOR DEL CHISME



Por Germán Ayala Osorio

 

Blu radio y en particular Mañanas Blu son reconocidos espacios oficialistas y agentes del Establecimiento. Su lema  institucional, “el periodismo no es amigo del poder; lo vigila”, no es más que una frase de cajón y por supuesto una mentira institucional y utopía para quienes aún creen que es posible vigilar al poder cuando las empresas mediáticas pertenecen a los actores económicos más poderosos del país. Aún deben existir escuelas de periodismo y profesores que creen en la objetividad periodística y la búsqueda desinteresada de la verdad. 

Durante los cuatro años del gobierno Petro sus micrófonos fueron usados en gran medida para atacar sin cortapisas éticas a la persona investida de jefe del Estado y por supuesto para generar miedos e incertidumbres porque había llegado el “comunismo”. No hubo día en el que no denigraran y desinformaran alrededor de hechos relacionados con el ejercicio del poder presidencial.

Al mando de ese programa radial están dos periodistas-estafetas del uribismo y de la derecha neoliberal y militarista. Ahora son abelardistas. Se trata de Néstor Morales y Felipe Zuleta Lleras. En medio de semejante tragedia generada por el terremoto en varias regiones del país, estos dos personajes dedicaron varios minutos al aire para exponer detalles de la vida privada del expresidente Gustavo Petro. Morales y Lleras fungieron como un par de viejos chismosos interesados en divulgar detalles íntimos de los “cachos” que le habría montado, según la versión de “estas dos Barbaritas”, la novia de Petro el mismo día que entregó el poder. Se dieron un festín estos dos viejos faranduleros. 

Zuleta y Morales gozaron de lo lindo: se rieron de la situación sentimental y dejaron salir su verdadera esencia y lo que es peor, compitieron como verdaderos profesionales con sus compañeros de El Lavadero, la Red, Y dicen, con la Negra Candela, Desnúdate con Eva Rey y Lo sé todo, Sweet, el dulce sabor del chisme. El tuitero Juan Esteban Jaramillo en su cuenta de X reaccionó así al chismorreo: “Y justo hoy salen con esto. Una completa desfachatez que un medio como @BluRadioCo permita la difusión de chismes que comprometen la vida privada del Presidente @petrogustavo. Lo peor, que @zuletalleras y @NestorMoralesC presenten esto riéndose y burlándose. Nos merecemos medios de comunicación serios y rigurosos con la información que presentan, respetuosos de la honra y la intimidad de cualquier persona, que entreguen noticias e información veraz”.

El chisme hace parte sustantiva de la condición humana. Es tan antiguo como la prostitución. El sistema patriarcal y la cultura machista derivada consolidaron el relato que dice que el chisme es exclusivo de las mujeres. Por supuesto que se trata de una mentira pues el gusto y la atracción por saber de la vida de los demás, bien para despotricar, comentar, controlar, difamar o dañar la reputación de las personas comprometidas en las habladurías callejeras es compartido por todos los seres humanos. Diría que los hombres son igual o más chismosos que las mujeres. Bueno, Morales y Lleras son nuestros más aventajados representantes. 

En el libro De animales a dioses, Yuval Noah Harari hace referencia al chismorreo como una características del homo sapiens. Al respecto, dice que el "chismorreo se suele centrar en fechorías. Los chismosos son el cuarto poder original, periodistas que informan a la sociedad y de esta manera la protegen de tramposos y gorrones". Lo complejo del asunto es que los periodistas chismosos contemporáneos en estos tiempos protegen a los tramposos y gorrones para afectar y someter a la sociedad a los designios de esos agentes de poder protegidos por la prensa, por el cuarto poder moderno o postmoderno. Lo cierto es que ser chismoso hace parte sustantiva del ser humano y de los periodistas de Blu radio. 

El chisme es tan importante para los seres humanos que llega a espacios como Mañanas Blu convertido, por la gracia de Morales y Lleras, en información relevante para el país, cuando realmente es basura y una evidente degradación del ejercicio periodístico. Por eso hay espacios para el chisme como los referidos líneas atrás. 

Después de saber que a estos dos periodistas faranduleros les encantan los asuntos sexuales y la intimidad del señor expresidente y de otros personajes públicos no sería de extrañar que ellos mismos propongan ya no llamar Mañanas Blu, sino El Mañanero Blu. Quizás así mejoren el rating y los dos tramiten de una mejor forma la transición de (des) informadores a chismosos profesionales igualando y superando a la Negra Candela, a Eva Rey y a los colegas dedicados a esculcar y ventilar las cuitas de la gente pública. 

 

jueves, 5 de marzo de 2026

SE VA PETRO: HORA DE HACER UN BALANCE

 

Por Germán Ayala Osorio

 

A pocos meses de entregar la presidencia Gustavo Petro, es preciso hacer un balance de su paso por la Casa de Nariño. Propongo las siguientes variables para cumplir con ese propósito: 1. La Política. 2. La Identidad y 3. La Mediática.

1.       La Política: cualquier intento de evaluar la gestión presidencial debe pasar por reconocer las realidades que confluyen en la frase lanzada por Petro: “Somos gobierno, pero no tenemos el poder”. Sin duda alguna, una sentencia que describe muy bien el carácter privado con el que venía operando el Estado colombiano gracias a los presidentes neoliberales que sentados en el Solio de Bolívar le entregaron a banqueros, latifundistas, clase política y empresarios el manejo de la salud, la producción agrícola basada en el modelo de la gran plantación, en particular la siembra de monocultivos en desmedro de los cultivos de pan coger; las finanzas públicas, la seguridad y los servicios públicos.

Bajo esas circunstancias el balance del gobierno Petro es positivo a pesar de que la prensa hegemónica, de la mano de varios candidatos al Congreso y a la presidencia, insistan en decir “que el país va mal”, de ahí la necesidad de “salvarlo” o de “recuperar el rumbo”.

Eslóganes que son expresiones claras del desespero por haber perdido el control de las instituciones estatales. La agricultura fue un pilar macroeconómico clave, junto a la entrega de cientos de miles de hectáreas de tierra a los campesinos para que aporten a la soberanía y autonomía alimentarias.

De la apuesta presidencial por el turismo se burló la prensa tradicional. El crecimiento en la llegada de extranjeros al país sirve de “tapabocas” para aquellos que se mofaron del presidente. Quedan, además, procesos de transición energética caminando de buena manera.

Hasta último momento, la prensa y los aspirantes presidenciales insistirán en la narrativa que indica que la crisis de la salud es culpa de Petro, cuando el sistema de aseguramiento en salud viene desde 2014 con graves problemas de sostenibilidad financiera por culpa de la naturalización del ethos mafioso con el que las juntas directivas de las EPS manejaron los billonarios recursos de la salud girados por el Estado.

Dentro de la política como categoría aparece el factor político que compromete lo discursivo. El discurso confrontador de Petro contra lo que él mismo llamó la “oligarquía blanca, clasista, racista y mezquina” marca un antes y un después en las maneras como los jefes del Estado asumieron en el pasado ese rol y el que en adelante asumirán quienes logren llegar a la Casa de Nariño investidos de presidentes de la República. La lucha de clases está planteada de tiempo atrás. Lo que hizo Petro fue verbalizarla y enrostrársela a quienes siempre miraron con desdén a los más vulnerables.

2.       La Identidad: en términos identitarios, Petro, como líder popular, le apostó al empoderamiento de las comunidades de base golpeadas históricamente por la clase política, empresarial y por la prensa tradicional que los estigmatizó. El presidente deja andando procesos de reivindicación étnica en los territorios. Los resultados de la jornada electoral del 8 de marzo podrán medir qué tanto comprendieron las comunidades campesinas, indígenas y afros y los colectivos urbanos el lugar y la visión de pueblo que Petro les dejó en cuatro años de presidencia.

Aunque persisten actitudes segregacionistas, clasistas y racistas, hay una toma de conciencia colectiva que el progresismo y la izquierda democrática deberán consolidar en lo consecutivo a través de la formación de cuadros con los cuales asegurar la llegada al Estado de nuevos funcionarios con claridades ideológicas y una probada conciencia de clase.

3.       La Mediática: no creo que haya en la historia reciente un caso de persecución, confrontación desmesurada y deslegitimación mediática del gobierno y de la figura presidencial como la se vivió en estos cuatro años. La prensa pro-establecimiento atacó a Petro como persona, hombre, esposo y padre. Periodistas, opinadores, empresarios y columnistas no lo bajaron de “borracho, homosexual, degenerado y vicioso”.  

 Los continuos rifirrafes entre Petro y los periodistas en la red social X son un hito político-mediático que expuso- desnudó- los intereses económicos, políticos y las agendas particulares de unas empresas mediáticas que fungieron como “bodegas” y varios de sus periodistas como activistas interesados más en desinformar, generar caos e incertidumbres, que en informar de manera veraz y oportuna. La crisis de credibilidad y legitimidad de la prensa colombiana es, desde ya, una huella indeleble que representa con claridad que aquello de la objetividad periodística es la más grande mentira que se enseña en las facultades de periodismo y se repite en las salas de redacción de medios escritos, radiales y televisivos. 

Por supuesto que no todo es perfecto. Hubo corrupción, equívocos y los sempiternos problemas alrededor de la eterna búsqueda de la paz, pero por encima de la visión catastrofista de periodistas, políticos y voceros empresariales, Colombia no se “convirtió en Venezuela o Cuba”. Y lo más importante: no hubo expropiaciones a la propiedad privada, no escaseó la comida, no se instaló el “castrochavismo” y el papel higiénico no faltó.




miércoles, 23 de octubre de 2024

PEGASUS, AUTOCENSURA Y CRITERIOS DE NOTICIA

 

Por Germán Ayala Osorio

 

El caso Pegasus sirve académica, periodística y políticamente para confirmar tres hechos irrefutables: el primero, que los criterios de noticia no son universales; el segundo, que la autocensura es quizás uno de las peores prácticas de los periodistas y las empresas mediáticas; y el tercero, que el Estado, bajo la administración de Iván Duque Márquez, usó el malicioso software para espiar a la campaña de Petro y a quienes desde sectores sociales y políticos legitimaron las movilizaciones y las protestas en el contexto del estallido social.

Sobre el primer hecho hay que decir que aquello de que los criterios de noticia son universales y que por lo tanto, todos los medios y periodistas están obligados a elevar al estatus de noticia a los hechos noticiables, es falso. Esa elección obedece a intereses corporativos y a decisiones ideologizadas. Es claro que a las empresas mediáticas que hoy le hacen oposición política al gobierno Petro no les interesaba convertir en noticia y mucho menos en un fenómeno noticioso y político la compra ya confirmada del instrumento informático por parte del Gobierno de Duque. Las referencias que han hecho magazines como La FM y Blu Radio sobre el espinoso asunto se explican por una razón natural: es el presidente de la República quien impuso el tema en la agenda noticiosa, circunstancia que los obligó aludir al tema con dos propósitos. El primero, para negar la transacción y por esa vía ridiculizar al jefe del Estado. Lo hicieron mientras el presidente Petro no expusiera un documento que así lo confirmara. Una vez la empresa privada NSO Group confirmó la compra y venta del software y la Revista Raya divulgara los vuelos que dejaron el instrumento informático y recogieron en efectivo la millonaria suma de dinero que costó, esos mismos medios se dieron a la tarea de desmentir los usos que según Petro le habrían dado en el gobierno Duque al software: chuzar a su campaña y a los jóvenes líderes de la Primera Línea. Al socarrón tratamiento se suma que a los periodistas de La FM y Blu radio, de Néstor Morales, poco o no nada les llama la atención que la compra legal de Pegasus se haya pagado en efectivo, dinero que fue fletado en aviones israelíes.

En lo que respecta al segundo hecho, la autocensura se configuró desde el primer momento en el que el jefe del Estado en su alocución le advirtió al país y al mundo lo que había hecho el gobierno Duque con la oposición: chuzarlos, espiarlos. El tratamiento periodístico que La FM y Blu Radio, entre otros medios, le dieron al hecho resulta emblemático porque confirma que la autocensura es tan real como la compra de Pegasus. En un primer momento, la inefable “periodista” Darcy Quinn, de La FM, en su sección de bochinches, dijo que Pegasus no existía. Una vez Petro demostró lo contrario, entonces el director de La FM, el ultra uribista Juan Lozano salió a reconocer que efectivamente la compra del malicioso software fue real, sin cuestionar que se usó para espiar a la campaña de Petro y mucho menos para afectar a los líderes de la Primera Línea.  Le cabe razón a la gran periodista Cecilia Orozco, cuando dice que “hay una norma infalible en periodismo de investigación: las tácticas de engaño siempre son derrotadas por los hechos. Y estos, añado por mi parte, conducen a la verdad sin importar el tamaño del operativo de distracción que se active. La adquisición oscura del espía Pegasus (que roba los datos íntimos de cualquiera sin que nadie se dé cuenta), y el fracaso del intento por ocultar su existencia y uso en Colombia, constituyen una prueba de que, pese al escepticismo generalizado, la realidad termina imponiéndose sobre la mentira”.

Eso sí, si se descubriera que el gobierno Petro chuza a sus opositores, los medios que hoy minimizan la importancia y la gravedad de lo ocurrido con Pegasus lo habrían convertido en un colosal escándalo superior al Proceso 8.000. Pero como se trata de agentes de la derecha, empresas mediáticas como La FM y Blu Radio, esta última dirigida por Néstor Morales, cuñado de Iván Duque están obligadas editorial, económica y políticamente a bajarle el tono al hecho noticioso que quisieron ocultar. 

Y en lo concerniente al tercer y último hecho fáctico, se espera que lo divulgado hasta el momento por la presidencia de la República alcance una dimensión penal y política que esos mismos medios uribizados intentarán bajarle el perfil noticioso. Quizás hagan lo contrario, cuando sea la propia fiscalía general de la Nación la que emita noticia criminal contra aquellos funcionarios aforados o no que participaron de la compra del software malicioso.

El caso Pegasus nos regresa a los tiempos de las chuzadas del DAS, perpetradas durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez. De confirmarse el uso criminal de Pegasus y una vez la fiscalía abra las investigaciones y requiera a exministros y exdirectores de la Policía del gobierno de Duque, podremos hacer el comparativo entre los seguimientos y los procesos de estigmatización, persecución y muertes acaecidas durante la operación criminal del antiguo DAS y las acciones adelantadas con el malicioso software. De igual manera servirá para ratificar que Duque Márquez fue el títere de Uribe Vélez, el padre de la temida política de seguridad democrática.





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¿QUÉ PASÓ CON LA CATEGORÍA POSCONFLICTO?

Por Germán Ayala Osorio   Han pasado por lo menos 26 años desde que el país académico y político empezó a reconocer y usar con fines dia...