domingo, 19 de abril de 2026

¿ES EL PERIODISMO UNA GRAN MENTIRA?

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Hay periodistas a los que les encanta codearse con agentes de poder político y económico. Entonces, los saludan de beso y abrazos, y aceptan regalos e invitaciones a parrandas y almuerzos a restaurantes costosos. Aquí no se habla de acoso sexual o de tocamientos no consensuados, muy a propósito de los casos que ocurrieron al interior del noticiero Caracol.   

Justo en ese tipo de relaciones perniciosas la independencia, la autonomía y la manida objetividad periodística quedan engrilladas. El oficio pierde un periodista, el Establecimiento gana un estafeta-mandadero y las audiencias seguirán siendo engañadas por aquellos que después del “guayabo” siguen pontificando sobre la importancia de la independencia y la toma de distancia con las fuentes, mientras afinan las estrategias de autocensura al momento de tener que informar o criticar las actuaciones de aquellos politicastros y/o empresarios a los que les vendieron el alma. También escriben publirreportajes y los hacen pasar por "informes" periodísticos. 

Los periodistas que actúan de esa manera suelen mirar con desprecio a los colegas que saben ponerle límites a las relaciones con quienes les sirven de fuentes o que representan a instancias de poder económico y político que, de acuerdo con la deontología del oficio, deben ser vigiladas de cerca por aquellos que están detrás de un micrófono.

Esas relaciones perniciosas suceden en ambos espectros ideológicos. Esos tipos amancebamientos ocurren en la derecha y en la izquierda, siendo por supuesto más en evidente y común en las mesnadas uribistas que gobernaron por 20 años en un país cuya sociedad deviene moralmente confundida. Por supuesto que, si nos vamos más atrás, esas prácticas en las que la credibilidad periodística y la independencia se desvanecen en largas noches de parranda o en veladas en finos restaurantes siempre fueron de común ocurrencia.

Por ese tipo de situaciones es que el periodismo y en particular los periodistas entran a hacer parte de lo que se conoce como la “farsándula” criolla, en la que la hipocresía, los secretos a voces, la corrupción público-privada y los chismes de alcobas afianzan el imaginario negativo que existe alrededor del poder político.

En las últimas horas se volvió viral un video en el que aparece la periodista de Caracol, Vannesa de la Torre enrumbada con Alicia Arango, exsecretaria privada de Uribe, exministra de Iván Duque y jefe de debate de la campaña presidencial de Paloma Valencia. Justamente esa cercanía de la periodista con agentes del uribismo le hacen perder credibilidad y seriedad. Como diría el expresidente Uribe, “hay compañeros que no cuidan las comunicaciones”. Arango publicó el video y expuso a De la Torre al escarnio público por su cercanía con las huestes uribistas a las que está obligada a cuestionar y vigilar. Por ese tipo de videos es que es doloroso concluir que el periodismo es una gran mentira y que el ejercicio del poder político es el teatrino en el que se falsea la realidad de un país moralmente confundido, además de clasista y racista. 

Los y las periodistas que se ríen maliciosamente con las fuentes y comparten espacios privados le hacen un enorme daño al oficio. Eso sí, una vez entrados en esos “gastos de credibilidad e independencia” no hay forma de salirse o tomar distancia. Sin exagerar, se parece mucho cuando se entra al mundo de las mafias: es fácil entrar, pero difícil de salir.

Así que, estimado estudiante de periodismo o recién egresado, si realmente ama su oficio y sobre todo se respeta así mismo no acepte invitaciones y mucho menos salga a bailar con las fuentes. Es posible que suba de estrato, pero perderá lo más preciado: credibilidad y autonomía para vigilar y cuestionar a los que ostentan alguna forma de poder.




Imagen tomada de VIDEO DE VANESSA DE LA TORRE DE RUMBA CON ALICIA ARANGO - Búsqueda Imágenes

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