Por Germán Ayala Osorio
En el ocaso de su atormentada
vida pública, el expresidente Álvaro Uribe pasó de ser un hombre poderoso, a un
mendigo. Y no porque haya perdido su fortuna calculada en 12.351’981.000 pesos,
sino porque terminó, literalmente, mendigando el apoyo y el voto ciudadano para
su causa política, a todas luces ilegítima por las 6402 víctimas que dejó la
aplicación de la política de seguridad democrática, la parapolítica y los escándalos
de corrupción que rodearon a sus más cercanos colaboradores.
No hay lugar en Colombia en el
que no chiflen al expresidente y expresidiario: le gritan “fuera, asesino” y el
estribillo “Uribe, paraco, el pueblo está berraco”. Sus últimas luchas políticas
se explican en gran medida por el terror que le produce perder el control
político en territorios en los que fue por décadas el mandamás. Los delitos que
le endilgan al expresidente y que no prescriben judicialmente, lo obligan a
mendigar votos y apoyo electoral.
Uribe pudo llevar la vida relativamente
tranquila de expresidentes como Juan Manuel Santos, Belisario Betancur, Iván Duque
y el propio Andrés Pastrana: prefirió el camino de la disputa y la reyerta
política e ideológica no tanto por ser un “político combativo” como se
autodefine, sino por insistir en defender una honorabilidad cuestionada desde su
paso por la Aeronáutica Civil.
Uribe Vélez está terminando su azarosa
vida política como un mendicante y menesteroso electoral en una sociedad
que creyó que él era el Mesías salvador de la Patria. Después de 20 años de uribismo,
sectores de esa misma sociedad lo ven con lástima al verlo suplicando el apoyo
ciudadano para su candidata presidencial, Paloma Valencia Laserna.
Aunque se da por descontado que
su “muñeca” Paloma Valencia Laserna ganará la consulta de la derecha, la nieta
de Guillermo León Valencia cargará por siempre la mácula de ser la ungida de
Uribe. Una eventual presidencia de la senadora caucana hará recordar a Iván
Duque Márquez, quien se graduó con honores como el primer títere del
expresidente antioqueño. Valencia Laserna podría ser la
primera mujer “marioneta” que llegue a la Casa de Nariño, sede de gobierno convertida entonces en un
tenebroso, oscuro y maloliente teatrino.
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