domingo, 4 de octubre de 2026

NO HAY ACUÑA QUE MÁS APRIETE…

 



Foto: Colprensa. 


Por Germán Ayala Osorio

 

Las constantes y cinematográficas apariciones del presidente De la Espriella dejan ver a un mandatario que confunde poder con autoridad, legitimidad social y política con exposición mediática y aplausos de sus áulicos; que irrespeta la separación de poderes; esos mismos registros audiovisuales exponen la contradicción del presidente de la República que dice respetar las instituciones y las institucionalidades derivadas, pero que presionó la salida de Bruce Mac Master de la ANDI y sacó al director del DANE porque no encontró que el gobierno Petro hubiese manipulado cifras; a todo lo anterior se suma el saludo militar, el oufit castrense y el porte de un arma al cinto que lo aleja cada vez más de su condición civil para acercarlo a la de presidente-combatiente.

Son ya varios los videos en los que, como un presidente-actor, ordena y toma decisiones en asuntos menores si se comparan con los problemas complejos que arrastra de tiempo el país y que le exigen su atención en lugar de estar exhibiendo autoridad y poder como si fueran sinónimos.  Por ejemplo, en Santa Marta apareció a la madrugada armado y “patrullando” mientras la ciudad sufría un “paro armado” ordenado por un grupo paramilitar y mafioso; en Cali, aparece en una escena en la que le da la “bienvenida a la patria milagro” a un vendedor de estupefacientes de la olla de El Calvario en pleno centro de la ciudad; o en un hangar haciendo lo mismo, pero al criminal alias Araña, momentos antes de irse extraditado hacia los Estados Unidos.

En otro video que circula en las redes sociales aparece el presidente-actor llamando la atención al público: “Aplaudan, por qué no aplauden”. La exigencia presidencial la hizo con el objetivo de mostrar que su lucha contra la corrupción va en serio. La frase, por supuesto, se volvió meme en las implacables redes sociales. Pues en ese mismo escenario e insistiendo en el tema de la corrupción pública el propio Abelardo Gabriel de la Espriella Otero subió videos en los que aparece fustigando y descalificando al alcalde de Sincelejo, Jair Acuña.  

La embestida presidencial contra el alcalde Acuña se dio en el marco de un consejo de seguridad. “Todo Sincelejo lo sabe, todo Sucre lo sabe, lo que usted ha hecho con la plata del pueblo sincelejano. Usted cree que yo soy la clase de presidente que le va a permitir las prácticas ha hecho aquí en Sincelejo. Usted cree que yo voy a permitir que siga haciendo lo que sabe hacer que es politiquería… cómo confiar en una persona que tiene 13 procesos por corrupción…”. Sin duda alguna, De la Espriella convirtió al alcalde de Sincelejo en su “chivo expiatorio”. Al final, en la retina de las audiencias quedó claro que Acuña es corrupto, previa condena del presidente de la República. Solo le faltó mandarlo a detener, aunque el acalde aún no ha sido vencido en juicio.

Periodistas y políticos esperaban que el alcalde saliera a dar alguna declaración en respuesta a semejante embestida del jefe del Estado. Horas después, Acuña usó el mismo canal, las redes sociales, para confrontar al “juez” que lo condenó frente a las cámaras. Esto dijo el vapuleado mandatario local: “Señor Presidente, por favor, ese video está editado y manipulado digitalmente. Le pido que muestre el video completo donde se puede cómo se violentan los códigos disciplinarios y penales en Colombia… donde se puede ver como un alcalde es intimidado con fusiles, en cabeza de civiles, como se le coloca a un alcalde una persona con arma larga permanente con el único objetivo de intimidarlo; se me quita el legítimo derecho a la réplica, sopena de ser expulsado…”.

Si lo que dice Acuña en su video es cierto, lo sucedido en ese consejo de seguridad que se desarrolló en Coveñas, amerita no solo explicaciones del jefe del Estado, sino la intervención de la Procuraduría General de la Nación en la medida en que, de acuerdo con lo expresado por el alcalde de Sincelejo, se le violaron varios derechos, entre ellos a la presunción de inocencia, al debido proceso de la mano de un presidente-juez que lo condenó; a controvertir, a expresarse de manera libre. Que el presidente le haya permitido “quedarse, pero en silencio” en el evento resulta a todas luces oprobioso con una autoridad local elegida a través del voto.

Jair Acuña usó el concepto y derecho a la presunción de inocencia para jugar el mismo juego moral en el que lo metió el presidente de la República: “yo no le voy a quitar a Usted la presunción de inocencia porque Usted tenga expedientes…tampoco le voy a quitar la presunción de inocencia ni la buena fe de recaudos en cabeza de personas jurídicas no gubernamentales que hoy recaudaron recursos y que la gente no sabe dónde están, pero le doy la buena fe”.

Acuña le recordó a De la Espriella el lío de una chatarra de Bucaramanga en el que está involucrado su ministro de Vivienda; hizo lo propio con la viceministra de Defensa llamada a juicio… Y terminó su reacción con la exposición de unos audios en los que se escucha al entonces candidato presidencial, Abelardo de la Espriella Otero reconociendo la gestión en seguridad de Jair Acuña.

Le alcanzó al señor Alcalde para ventilar intimidades y cercanías con amigos en común. Es tal la familiaridad que Acuña le reconoció lo rico que cocina la señora madre de Abelardo Gabriel, una “santa”, dijo Acuña. Una especie de “sacada de cueritos al sol” muy propia de amigos de parranda y de actividades electorales.

La pulla final del funcionario local le recordó al país la lúgubre y macabra escena en la que aparece el presidente-sheriff caminando entre una veintena de cadáveres: “no me perfile…me rehuso a creer, señor presidente, que me quieran volver un falso positivo; que me quieran meter en una bolsa… Dios lo bendiga y chao, pescao”. Y como estamos hablando de cine y de actuaciones, este capítulo debe titularse No hay (A) cuña que más apriete que la del mismo palo.




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