Por Germán Ayala Osorio
Para enfrentar el “paro armado”
decretado por las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN), De la
Espriella madrugó, con pistola al cinto, radio y chaleco antibalas expuesto, a
tratar de poner orden en Santa Marta, ciudad atormentada por las acciones de
ese grupo mafioso. Por varias horas, con desmanes incluidos, los
delincuentes PARAlizaron la vida social y económica de la ciudad costera
y turística.
Horas antes, sobre el cielo
samario volaron los destartalados aviones Kfir que de nada sirven para
contrarrestar las acciones delincuenciales protagonizadas y azuzadas por un grupo
armado que busca afanosamente un tratamiento político que no merece por su
propia naturaleza mafiosa. ¿Si estaba claro que el potencial militar de los
Kfir no se iba a usar dentro de la ciudad, para qué los sacaron? ¿A quién
pensaban disuadir? En ese escenario urbano, asusta más una cucaracha voladora
que los vetustos aviones de combate. Un gasto innecesario de combustible en el gobierno
de la “austeridad”. Primera escena.
Que el presidente de la República
bananera de Colombia patrulle la sitiada ciudad de Santa Marta, a la madrugada,
previo control del grupo que compone la avanzada presidencial hace parte del reality
en el que parece vivir el jefe del Estado. Desde la campaña, De la Espriella venía
abandonando su condición civil para construir el relato de ser un “macho
valiente, un berraco, un hombre de armas tomar; el soñado comandante en jefe de
las fuerzas armadas; un policía, un militar más”. Bueno, en el pasado el
país vio al subpresidente Iván Duque disfrazado de patrullero de la Policía.
Con su grito patriótico y el ridículo
saludo militar conquistó los corazones de millones de colombianos que anhelaban
ver en la Casa de Nariño a un presidente-combatiente, con todo y lo que ello
significa en un país incivilizado y violento como Colombia. Hasta los bots que
lo votaron, llegaron a sentir simpatía por este “rambo criollo”. Ni el pésimo
actor y presidente gringo, Ronald Reagan se atrevió a tanto. Claro, eran los años 80.
Ahora, con redes sociales y el sumiso cubrimiento de la prensa hegemónica es
muy fácil convertirse en protagonista de esa Colombia cuya historia, cultura y
presente están atadas a las características de la novela negra, incluida la ambigüedad
moral de sus protagonistas.
La prensa- hoy abelardista, ayer uribista-
entró en el cuadro para consolidar el relato que indica que a Colombia la
gobierna un “macho armado”, “un combatiente”, o un depredador (por aquello de
que el presidente cree que es un tigre). Con ese cubrimiento mediático, la película
de terror que se graba en tiempo real y todos los días en el país le sirve al gobierno para distraer
realidades que parece que empiezan a hacerse visibles: disminución del
turismo internacional y nacional; crisis económica en Cúcuta y una lenta
reconstrucción de las ciudades afectadas por el terremoto del 10 de agosto; la
falta de criterio para enfrentar los incendios en zonas biodiversas y la llegada
de un devastador fenómeno del Niño. A lo que se suma la censura a la prensa, el control
político e ideológico sobre el DANE y el ICBF, así como el veto al presidente
de la Andi, que votó orgulloso y confiado por De la Espriella.
La FM, para poner solo un ejemplo
del dócil acompañamiento mediático a la transformación del presidente en
combatiente, señaló en su cuenta de X que “el presidente Abelardo De
La Espriella amaneció patrullando Santa Marta y envió contundente
mensaje a los grupos criminales”.
Quizás toda esta puesta en escena
y despliegue egocéntrico termine en una declaratoria de emergencia sistémica
que claramente pasará los ya invisibles controles de las altas cortes. La
arremetida de Abelardo Gabriel contra la JEP asustó a los
magistrados que no han dicho nada frente a la amenaza presidencial de cerrar el
alto tribunal de paz.
Gracias a los casi 13 millones que
votaron por el tigre, por cuatro años veremos a Abelardo Gabriel de la
Espriella Otero cumpliendo los roles de presidente-actor, presidente-pastor,
presidente-therian y presidente-combatiente. En el 2030 todos podremos evaluar cuál
de esos papeles protagónicos merecen ser reelegidos o por lo menos recordados
para la segunda temporada 2030-2034. El espectáculo
apenas empieza, así que sírvanse las gaseosas y las crispetas para ver los
desarrollos de esa novela negra llamada Colombia.
Adenda: para aquellos que no conocen mucho de la novela negra les dejo este párrafo: “Una de las características que aleja a la novela negra de la novela policíaca es su protagonista. En estas historias no seguimos los pasos de detectives y policías justicieros, con una capacidad insólita para resolver misterios; en su lugar conocemos a detectives privados, policías, jueces, periodistas, políticos corruptos, gángsters, etc., que tienen en común su ambigüedad moral. Los personajes principales están repletos de luces y sombras, por lo que su retrato psicológico pasa a ocupar el interés central del relato frente a la resolución del crimen. Se trata de personas toscas, cínicas, muy proclives a los vicios y que utilizan métodos poco ortodoxos para conseguir sus propósitos”.
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